sábado, 22 de octubre de 2016

Las nieblas de Avalón (libros III y IV)

Las nieblas de Avalón, libro III, Marion Zimmer Bradley  Las nieblas de Avalón, libro IV, Marion Zimmer Bradley


Entre una y otra dejé a medias el borrador de este artículo que finalmente he decidido sintetizar un poco. Estaba centrándome en cierto elemento de la historia que comentaré más brevemente y si me apetece o encuentro más referencias, dedicarle un artículo aparte a ese recurso literario que se ha acabado convirtiendo en un tropo más.

Si queréis leer el comentario de Maestra de magia, sólo tenéis que ir aquí. He añadido algo de información de la autora al final del mismo, además de aclarar un detalle sobre toda la sada

Como comenté en el último artículo sobre estos libros, La Gran Reina, la tercera novela me llevó poquísimo tiempo de terminar y el cuarto no mucho tiempo más. Ese es otro motivo por el que no publiqué antes ya que quise esperar a finalizar la saga antes.


A grandes rasgos, sigo recomendando esta saga como una manera original y diferente de conocer la leyenda del Rey Arturo, desde un punto de vista femenino. Sigue manteniendo un estilo sencillo y ameno que hace de la lectura algo rápido y agradable. Sin embargo, a partir del tercer libro la narrativa se va resintiendo, empeorando poco a poco y dando como resultado final una historia no tan bien construida como hubiera esperado. O no tan redonda.

El motivo es una deducción mía porque en una búsqueda rápida en Google no he encontrado nada, pero a lo largo de la lectura he tenido a menudo la sensación de que la autora es una escritora de tipo brújula o que no planificó las historias tanto como debió. O no tuvo a nadie (lector cero, corrector...) que le señalase los fallos que he encontrado e incluso la repetición de éstos.

Hablo de pequeños errores de coherencia, repetición de frases o coletillas, conversaciones o descripciones similares o repetitivas en diferentes partes de la trama o en el mismo libro, o una repetición o abuso de algunos recursos narrativos. A continuación comentaré alguno de ellos pero es algo recurrente que provoca que en determinados (cortos) momentos la lectura sí se haga un poco más pesada o aburrida. Pese a todo, Marion es capaz de finalizar la historia, no como lo que alguien que conoce la leyenda espera, si no con la mayor coherencia posible a lo que ella misma ha planteado en sus novelas.

Como siempre, para comentar necesito revelar partes de la trama, sin embargo, procuraré que lo más importante aparezca con un aviso rojo (S) y la letra más clara para que debáis pasar el cursor para poder leeerlo.


Un recurso bien usado: las visiones y profecías.


Es aquí dónde me estaba extendiendo más de la cuenta y como digo, tal vez comente en un artículo aparte puesto que es un recurso muy manido y además mal usado en la literatura. Al menos la que he leído.

Lo mencionaba aquí porque curiosamente no es el punto más débil de las novelas de Marion, si no todo lo contrario lo hace muy bien y en cuanto a coherencia narrativa, no es donde falla.

Todo lo contrario, es un buen ejemplo de cómo usar las profecías o visiones de futuro o incluso de pasado de la forma más correcta posible. Para ello, describe el evento de tal manera que cuando sucede lo que vaticina no incurre ni a error, ni a engaño. Para que me entendáis, copio una de estas visiones que corresponde al primer libro -no digo dónde- y que describe una serie de hechos que acabarán por ocurrir en los siguientes libros:

Por un momento sólo vio el ondular del agua; apretó los puños, como si con ello pudiera forzar la videncia. Luego, lentamente, empezaron a formarse algunas imágenes. Vio a Merlín recorriendo la tierra por sus caminos ocultos, ya como druida y bardo, ya como anciano mendigo o vendedor ambulante, ya como simple arpista. El rostro se movió, cambiante; vio entonces a Kevin, el bardo, con las vestiduras blancas del Mensajero de Avalón, a veces con ropajes de noble, enfrentándose a los sacerdotes cristianos... y había una sombra detrás de su cabeza, estaba rodeado de sombras: la de un robledal, la de la cruz; lo vio con el tazón sagrado de la regalía druídica... Vio al joven Arturo, con la frente aún manchada con la sangre del ciervo vencido, y a Morgana riendo, coronada de flores, con la cara marcada con sangre... No quería verlo y deseó ferozmente apartar los ojos, pero no osó quebrar el flujo de las visiones. Vio una villa romana y a Arturo entre dos muchachos; uno era Lanzarote, su hijo menor; el mayor debía de ser Cay, su hermano de leche, el hijo de Héctor... Vio a Morgause rodeada de sus hijos varones; uno a uno se arrodillaban a los pies de Arturo. Luego vio la barca de Avalón, envuelta en negros paños de luto, y a Morgana en la proa; sólo que Morgana era mayor... y lloraba.

Si solo tuviera en cuenta el cómo juega con este recurso, no diría que no planifica bien sus historias porque para poder aplicarlo bien...necesita si no de una buena planificación, al menos de haber trabajado esas partes de la historia

Sin embargo hay otro recurso que utiliza también a menudo y es éste el que hace que se resienta toda la historia, en su coherencia narrativa y en el desarrollo de los personajes puesto que lo usa demasiado... Y mal.


Un recurso mal usado: la elipsis


Es comprensible que si la idea es contar la vida completa de una serie de personajes o digamos, la leyenda completa del Rey Arturo, deba recurrir tarde o temprano a este recurso para poder acelerar la trama. Ya en La Gran Reina empieza a usarlos pero es a partir de El rey ciervo que empiezan a ser recurrentes y aunque en un principio ayude a que la historia avance todo lo que no ha avanzado en Gran Reina y sucedan todos los hechos importantes que no se dan en el segundo libro, al final se acaba volviendo en contra de la autora.

Esto se debe a que a diferencia de las profecías, trabaja mal todos los elementos pertinentes que hay que tener en cuenta cuando haces un salto temporal. ¿A qué me refiero? Normalmente una elipsis se suele hacer por diferentes motivos, como es evitar la repetición narrativa que pueda suponer un evento que se celebre todo los años (unas fiestas por ejemplo); evitar entretenerte en otros que seguramente no interese describir, como pueda ser la preparación a una guerra; o simplemente hacer pasar el tiempo cuando durante el mismo, no tienes pensado hacer que ocurra nada relevante. Haciendo el salto temporal no tienes porque describir todos los pormenores si no contarlo después más brevemente y poner en antecedentes al lector.

Sin embargo, en estas novelas el transcurso del tiempo parece servir simple y llanamente para eso, para hacer pasar el tiempo, casi siempre unos cuantos de años, ya que luego comete los errores que se supone que la elipsis debe ayudarte a evitar.

Para no entretenerme, un ejemplo del mal uso de este recurso es que no te sirve para evitar la repetición de escenas, más bien parece que hace todo lo contrario. Y es que utiliza los saltos para que cuando quiera hablarnos de Ginebra y Arturo, siempre lo hará durante la misma época, el famoso banquete de Pentecostés que Arturo celebra año tras año para poder reunir a familiares y amigos, entre los que se encuentran sus caballeros de la mesa redonda...o lo que viene a ser lo mismo, Lanzarote, que es sobre el que se suele concentrar la atención, claro.

Cuando lo haces una vez, dos o incluso tres veces, puede estar bien. Especialmente si te sirve de excusa -más allá del Lanzarote-Ginebra- para reunir a Morgana y Arturo también o cuando Mordret aparece en escena y lo vemos en acción en un torneo que organiza Arturo en los años de paz por esas fechas. Sin embargo, Marion acaba por concentrar todo los eventos de relevancia de las novelas en estas fechas y no en ninguna otra. A estas alturas de la historia puedes entender por qué, evidentemente, pero pienso que no todos debían ocurrir necesariamente entonces. Claro que esto es cuando ocurre algo realmente importante para la trama, porque también hay momentos en los que sencillamente, no ocurre nada interesante. A menudo Marion centra su atención en personajes que puede estar bien conocer pero que realmente no aportan nada a la historia y quedan casi como un mero cotilleo. Es lo que ocurre por ejemplo con Tristán e Isolda: entiendo por qué se les menciona mas si no aportan a la trama de tu versión de la historia ¿por qué dedicarles tanto espacio? Son además el perfecto ejemplo de lo repetitiva que puede llegar a ser la autora. En un mismo capítulo, el 11 de El rey ciervo y uno de los muchos dedicados a Pentecostés, le llegan a decir a Morgana hasta tres veces que Tristán es buen arpista. Dos de ellas la misma persona, Lanzarote:

Era improbable que Elaine se alegrara de verla, pero eso quedaría entre las dos. Lanzarote miró hacia el estrado, donde la reina charlaba con Isolda de Cornualles, y Arturo con el duque Marco y su sobrino.
—¿Conocéis a Tristán? Es buen arpista, aunque no como Kevin, desde luego.
Morgana negó con la cabeza.
—¿Kevin no va a tocar en estas festividades?
—No lo he visto —contestó—.

—Sigue acudiendo a la carrera en cuanto ella alarga la mano.
—¿Y qué esperabas, hermano? —inquirió Gawaine, despreocupado—. Además, ésa es la moda actual. ¿No has oído lo que se cuenta de la reina irlandesa, la esposa del anciano Marco? Tristán la sigue a todas partes y le compone canciones. Dicen que es tan buen arpista como Kevin. ¿Lo habéis oído tocar, Morgana?

—. ¿Queréis tocar para nosotros, Morgana?
—Dejé mi arpa en Gales —respondió—. En otro momento, si alguien puede prestarme una... Con el salón tan concurrido y ruidoso, la música se perdería. Y Lanzarote es tan buen músico como yo.
Él negó con la cabeza.
—Oh, no, prima; no tengo vuestro don ni el de Tristán. ¿Lo habéis oído tocar?
Ella hizo un gesto negativo. Isolda dijo:
—Le pediré que venga a tocar.
Y envió a un paje.

Además de no evitar la ralentización -la sensación de que realmente no ha pasado el tiempo aunque diga que han sido años- otro efecto negativo que provoca es en el desarrollo de los personajes. Sé que suena paradójico teniendo en cuenta que durante La Gran Reina desarrolla estupendamente a Ginebra para conocerla bien y que la odiemos bastante, pero parece que eso sólo le ha servido para que no ocurra así con otros personajes.

Forzando el desarrollo de los personajes

A lo largo de los dos últimos libros sobretodo podemos encontrar momentos de todo tipo de errores: personajes que no parecen cambiar nunca, como es el caso de Lanzarote cuya descripción de “sigue siendo tan apuesto/gallardo/ponga-el-sinónimo-que-le-parezca-aquí como recordaba” la suelta Ginebra cada vez que lo ve (y una o dos veces vale, a la de tres cansa) o en ciertos momentos Morgana, o personajes que sufren cambios tan repentinos y bruscos que hacen que no sean creíbles, como ocurre con Mordret y con Kevin, que son los casos más sangrantes.

Hasta cierto punto puedo llegar a comprender el por qué estos personajes, masculinos en su mayoría, no estén más desarrollados o mejor tratados. Las nieblas de Avalón están centradas en la historia de sus personajes femeninos y no tanto en los personajes masculinos. Se puede estar más o menos de acuerdo pero encuentro su lógica: los personajes masculinos están ya muy trabajados en otras novelas.

Sin embargo, no se trata tanto de un escaso desarrollo como de un mal crecimiento o evolución de personajes que en algunos casos, son muy relevantes en la historia, especialmente en el final. Y lo que ocurre con ellos es justamente lo que le ocurre a un escritor que no sabe manejar bien el recurso de la profecía: Marion sabía cual iba a ser el papel que cumpliese dichos personajes pero no ha sabido llevarlos hasta el momento culminante de una forma más coherente.

Sí, aquí ha jugado en su contra tanto el hecho de que sean personajes más secundarios de la trama, como el haber abusado de las elipsis.

En el caso de Kevin tenemos a un personaje que da un giro de 180º en un espacio de tiempo verdaderamente corto y sin ninguna explicación creíble. Pasa de ser el futuro Merlín -o el Merlín- a un hombre más cercano a los sacerdotes cristianos que a los druidas que le enseñaron y cuidaron. Quien dice querer acabar con el conflicto entre cristianos y paganos pero que cuando debe mediar, se muestra más cercano a los primeros, aún si con eso perjudica enormemente a Morgana y lo que ella representa. Estaba claro que la idea de la autora era convertirlo tarde o temprano en un traidor de Avalón, sin embargo el proceso que lleva a cabo es brusco, intermitente y poco creíble pues no terminas de ver ni la motivación por la que lo hace, ni el por qué en ocasiones ayuda a Morgana en su camino de crecimiento. No es suficiente con el vínculo que dice tener con Avalón pues no hace caso de él la mayor parte del tiempo.

Como tampoco vemos qué es del personaje la mayor parte del tiempo, puesto que la atención no se suele poner en él y Bradley no suele tener en cuenta que debe de revelar la información importante de esos vacíos, aunque sea de forma breve, es casi imposible intentar sacar nuestras conclusiones o deducir algo...

Ocurre algo parecido con Mordret, que considerando el papel que cumple al final de la historia también, su caso es más sangrante que el de Kevin. Igualmente, Marion sabe lo que hace el personaje pero tampoco sabe cómo llevarlo hasta ese punto pues pierde el personaje en matices que no sabe controlar.

Desde que conocemos al Mordret niño en El rey ciervo, sabemos de qué palo va. Ha sido criado por Morgause en sus primeros años de vida, en principio desconoce quién es su padre hasta que cierto día recibe la visita de Taliesin y la vieja Viviana, quienes le revelan quién es y cual es su papel en el futuro. El motivo es que quieren llevarlo a Avalón para ser formado y preparado para ese día. Esto ocurre al principio del tercer libro, poco después de saberse de la traición de Arturo.

Por lo que se va contando de él a lo largo de este libro -de lo que hace y lo que dice- entendemos que no se parece a sus padres, si no que es un personaje de intenciones dudosas e incluso cruel. La autora juega con sus sombras pero también con sus luces puesto que luego lo vemos actuando de una manera amable y generosa, como cuando tiene en consideración la vida de los demás. Parece que no quiere que el personaje caiga con facilidad en el tópico de malvado. Hay de hecho una escena con su tía Morgause muy relevante, que muestra parte de esos grises de su personalidad. Dejo parte de la conversación (en spoiler eso sí)

—¿Tanto la odias, Gwydion?—No sé lo que siento. —El joven la miró con los ojos oscuros y luctuosos de Lanzarote—. Ojalá me hubiera criado en la corte, como hijo de mi padre y fiel seguidor suyo, no como su más enconado enemigo. —Apoyó la cabeza entre los brazos—. Estoy fatigado, madre. Estoy harto de luchar. No me gusta pensar que este gran rey es mi enemigo, que por el bien de Avalón tengo que llevarlo a la muerte o al deshonor. Preferiría amarlo, como todos los hombres. Preferiría que la señora Morgana fuera mi madre, no la gran sacerdotisa a quien he jurado obedecer. Y que Niniana, cuando yace en mis brazos, no fuera la Diosa, sino sólo mi gran amor. Estoy harto de dioses y diosas, y tan cansado de mi destino...Durante un largo instante guardó silencio, con la cara escondida y los hombros temblorosos. Morgause le acarició el pelo, vacilante. Por fin levantó la cabeza para decir, con una sonrisa amarga:—Voy a beber otra taza del fuerte licor que destiláis en estas colinas, esta vez sin agua ni miel.Y cuando se lo llevaron lo bebió hasta apurarlo, sin mirar siquiera las gachas humeantes y las tortas que la muchacha le había llevado.—Como decía el antiguo romano de los viejos libros de Lot: «No consideres feliz a nadie hasta que haya muerto.» Mi tarea es, pues, dar a mi padre la mayor felicidad. ¿Para qué rebelarme contra ese destino?Pidió por señas más licor; al ver que Morgause vacilaba, cogió la botella para llenarse la taza él mismo.—Vas a emborracharte, querido. ¿Por qué no cenas primero?—Me emborracharé, sea —replicó con amargura—. Brindo por la muerte y el deshonor..., ¡el de Arturo y el mío! —Vació nuevamente la taza y la arrojó a un rincón, donde rebotó con un sonido metálico—. Que sea tal como los hados han decretado: el Macho rey imperará en el bosque hasta el día que la Dama señale... «pues todas las bestias nacieron y se unieron con otras de su especie, para vivir y hacer la voluntad de las fuerzas vitales, y por fin entregaron sus espíritus nuevamente a la custodia de la Dama...».Pronunció las palabras con un extraño énfasis. Morgause se estremeció, comprendiendo que eran frases rituales.Gwydion aspiró hondo.—Pero esta noche voy a dormir en casa de mi madre y me olvidaré de Avalón, de los reyes, los ciervos y el destino. ¿Verdad, verdad?Finalmente vencido por el fuerte licor, cayó hacia delante, en los brazos de Morgause. Ella lo retuvo allí, acariciándole el pelo oscuro, tan parecido al de Morgana. Pero incluso en sus sueños se retorcía y murmuraba, como si tuviera pesadillas. Y Morgause comprendió que no era sólo por el dolor de su reciente herida.

¿Qué pasa? Pues prácticamente lo mismo que con Kevin. Es alguien del que sabemos un poquito más pero no lo suficiente y por tanto, la sensación que tenemos es que a Marion se le va de las manos ese intento de enriquecer al personaje y lo ves haciendo cosas sin venir a cuento o tomando decisiones que no terminas de encajar bien. Se intenta que hacia el final de la historia el personaje vire hacia su lado oscuro, pero lo hace de una manera brusca, absurda y poco creíble. (S) Es un intento, supongo, de excusar o explicar el por qué finalmente decide matar a su padre, sin embargo, cuando esto sucede es en el momento menos adecuado y queda tan forzado que yo al menos me acabé preguntando ¿y esto por qué? Ojo, sé que Arturo moría a manos de Mordret y es evidente que Bradley lo tenía presente pero con el desarrollo que había hecho de los acontecimientos no habría sido una mala opción decidirse por otra manera de resolver el conflicto. Por ejemplo, una vez hecho heredero del trono, a la muerte del hijo de Lanzarote, sólo tenía que haber esperado el transcurso de los acontecimientos. O cuando Arturo se queda solo, cuando los caballeros parten en busca del grial, él podría haber aprovechado el momento para atacar y no hacerlo cuando algunos vuelven. (S).

Decía al principio que Morgana también sufría de estos mismos males a lo largo de la novela y ciertamente, sí, hay ocasiones en las que toma una serie de decisiones o provoca acontecimientos que no terminas de entender del todo. Sin embargo, la autora le dedica un largo epílogo que sirve para enmendar errores e incluso comprender el personaje, haciendo que todo lo que ha pasado con ella, sea más coherente de lo que ha pasado con los otros personajes.


Conclusión final y una recomendación de lectura más


Pese a todo ello, la lectura de las novelas se sigue disfrutando aunque no sea de la misma manera en cada uno de los libros. Por el estilo tan ameno y por la capacidad de la autora de mantener el interés que tienes en la historia hasta el final.

Si os interesa algo más ha salido publicado recientemente el primer libro de Britannia, Excalibur, de Ana Alonso y Javier Pelegrín. La muestra de Amazón me gustó y si queréis saber algo más, tenéis la reseña de Utopia de Casiopea.

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