jueves, 21 de febrero de 2013

Wild

Este pequeño relato lo escribí hace ya tiempo, a finales de 2011 a juzgar por donde lo he encontrado. No está terminado, como algunas cosas de aquel año... pero hay un punto en el que se puede cortar sin que quede nada mal. La verdad es que para ser de ese año y escrito de forma espontánea, me gusta cómo me quedó. Espero poder terminarlo...

Under the waking Sun by AnnMY



Salvaje.
Esa era la palabra exacta que venía a su cabeza. Cuando miraba su figura así, iluminada tenue pero perfectamente por la luna llena que se derramaba por la superficie negra de aquella nada que era el mar. Por su piel, que brillaba también por la humedad. Y por su pelo, que parecía estar teñido de plata.

Si alguna diosa había decidido bajar esa noche al mundo terrenal debía de haberse encarnado en ella, dotándole de una belleza única. En un instante que temía que se rompiese en cualquier momento.

El viento sopló una vez más erizándole la piel. Hacía muchísimo frío pero no le había impedido meterse casi desnuda en el agua y bañarse. Ella y sus locuras. Incluso le había invitado a compartir el momento, mientras se despojaba de su camiseta y de su sujetador pero se negó, quedándose a observarla desde la orilla. Suficiente para terminar de poner a prueba su paciencia.

¿Había explicación para aquello? ¿Merecía tan siquiera la pena pararse a pensarlo cuando por más que lo hiciera, sus instintos seguían contrariandole? ¿Volvía a desearla o es que nunca había dejado de hacerlo? Bueno ¿importaba la respuesta? Por más ganas que tuviera de meterse con ella en el agua y no dejarla de salir por el resto de la noche...no podía. No, más bien no debía.
Respiró hondo y se sentó sobre la arena, que empezaba a transmitir frío también. Sabía que la calentura por suerte, se le pasaría... el deseo lo seguiría teniendo en la boca del estómago.

-¡Ya pensaba que tendría que salir a buscaros!
-¡Perdón, ha sido culpa mía!Se me apetecía tomarme un baño
-¿A estas horas?
Pasó junto a su amigo Kike, dándole un codazo disimulado en el brazo para que dejara de mirar la camiseta de Silvia, que daba testimonio de lo que decía. Dejó las bolsas con la comida y la bebida en la cocina y empezó a sacarla, mientras ambos seguían hablando. Oyó a Anabel unirse a la conversación desde el salón.
-Vamos chicos, que no vamos a poder ver ni una sola película.
-Venga cielo, tenemos toda la noche para ver una, dos y las que hagan falta ¿verdad?

Al fin y al cabo se quedaban a dormir. Una especie de fiesta de pijama en el piso que Kike y Anabel habían comprado para compartir. Una nueva fase de la vida en pareja que llevaban años construyendo. La idea era ver alguna que otra película, beber y comer mucho. Más de lo primero que de lo segundo, pese a que no le gustaba. Pero las ocasiones especiales, eran las ocasiones especiales. Más si pasaba por una situación difícil y también necesitaba no recordar. No pensar. Y sobretodo, no sentir.

Sólo que el efecto logrado era siempre contrario a lo deseado...¿u ocurría lo que verdaderamente deseaba?

-Tampoco puedes dormir ¿eh?
Las cinco de la mañana, sale de la cama para tomar agua y ella también está en la cocina. Eso es llamar a la puerta de la tentación. Una vestida sólo con otra camiseta, aún más grande que la que llevó durante toda la velada. Piernas desnudas y una ropa interior que no llegaba al grado del tanga pero casi.
-Echo de menos mi almohada.
-Claro, siempre se echa de menos la cama...
Estaba de espaldas, con lo cual veía su trasero en todo su esplendor. Recordó además la estampa en la playa. Decidió apoyarse en la mesa que tenía cerca suya.
-¿Y tú? ¿por qué no puedes dormir?
-Ya empiezo a notar la resaca y venía a por un vaso de leche. Caliente esta vez-y le enseñó el cazo donde la iba a hervir. Volvió a darle la espalda y pensó que era mejor sentarse. Su cuerpo estaba fuera de su control. Soltó aire poco a poco, intentando controlar su respiración. Calmarse. Él no tenía resaca... ¿la bebida le estaba haciendo efecto? ¿o sólo era que teniéndola tan cerca estaba perdiendo el control por momentos?
-¿Qué tal Noelia?
Ya no necesitaba ningún baño en la playa, algo que se le estaba apeteciendo. O una ducha fría. Esas tres palabras bastaban para enfriarle el ánimo.
-Llevo un mes casi sin saber de ella. Sé que estaba de exámenes, pero...
Silvia puso una taza sobre la mesa y vertió la leche en ella. Después, se sentó a su lado. Le dedicó una mirada muy intensa durante un buen rato, como esperando que dijera algo más. Pero no le apetecía tratar el tema. Y de hecho la chica terminó en un completo silencio, cada uno absorto en sus pensamientos. Solo volvieron a dirigirse la palabra cuando ella dejaba la taza en el fregadero y al volverse resbala. Hubiera caido al suelo si no llega a ser porque él la sujetó al vuelo.
-Creo que había agua...
De nuevo le vuelve a fallar la respiración, la voz. Demasiado cerca, tanto que no quería moverse. Si la rozaba tan siquiera un poquito no respondería de sus actos. Tenía sus preciosos ojos verdes sobre él. Se le dibujó una sonrisa, parecía adivinar qué pensaba. O qué pasaba. Pasó sus brazos por su cuello y acercó sus labios a su oído, para susurrarle
-Si lo deseas ¿por qué no lo haces?
-No debería-la voz volvió a ahogarse en su garganta. El nudo de su estómago había subido hasta ahí cuando sus pechos le rozaron. Poco, muy suavemente. Suficiente.
-¿Por qué no dejas de tener memoria en este mismo momento? No pienses... no sientas.
La última palabra fue susurrada en su boca que se lanzó a devorar la suya. Empujado por todo el deseo contenido. Y por su mano, que acarició su sexo un instante. Duro desde hacía rato y clavado en el pantalón corto de su pijama.

Salvaje. Y callada. Así recordaría siempre esa noche en su conjunto. Mágica tal vez. Eso tenía en su cabeza, después de desconectar por completo y ser como un animal. Guiado por sus instintos sexuales, concentrado en lo que estaba haciendo. Saciarse de Silvia, disfrutar de sus grandes pechos, que había deseado morder y lamer cuando estaba en la playa, no dejar de acariciar todo su cuerpo, sentirse dentro de él. Oír su nombre susurrado en sus labios, una y otra vez, con sus piernas aprisionadas en su cintura. Y dormir con ella pegada a su cuerpo hasta el amanecer. Que lo despierte y le diga que la playa es un buen lugar para volver a repetir. Y poder gritar todo lo que no habían podido sacar por no molestar a sus amigos.

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