jueves, 7 de febrero de 2013

Nombramiento



El sol ya bañaba el antiguo palacio de Glaedwine en casi su totalidad cuando los caminos empezaron a llenarse de risas, voces y jolgorio. En cuestión de horas se llevaría a cabo uno de los grandes eventos del año...y uno de los más importantes de la familia real. Se notaba el ambiente festivo dentro y fuera de esas paredes que lucían los blasones de la casa Evadne y de la orden de Caballeros.
Todo estaba decorado, desde los jardines hasta las mismas cocinas, pero sólo en el lugar donde se desarrollaría todo, había algo especial y diferente.
El salón del trono no estaba más profusamente decorado que el resto de palacio porque no lo necesitaba: era de por sí, un lugar hermoso pese a ser la estancia más antigua del lugar. Los criados se habían esmerado más que nunca, en mantenerlo limpio y adecentado para la ocasión, colocando los papeles de colores que colgaban del techo y las grandes banderas con los escudos tras el sillón de plata y mármol donde se encontraba sentada, nerviosa e inquieta, la hija de Jacob e Isolda y ocultando el gran fresco que ocupaba toda la superficie.

La forma circular del salón y su privilegiada situación en el centro, facilitaba a Carisa la tarea de echar un vistazo a su alrededor de una sola vez. De seguir a las personas que llegaban, desde que entraban hasta que se colocaban en algún punto desde poder ver el desarrollo de todo sin problemas, si no se entretenía hablando con algún amigo o conocido. Así, fue memorizando la localización de cada una de esas personas ante las que creía que haría el ridículo...
Llevaba meses preparándose para aquello y cuando había llegado el momento, cuando faltaba cada vez menos, sentía que habría necesitado algunos meses más...

Sus padres en cambio, estaban muy relajados: su madre iba del brazo de su padre y juntos, iban de un lado a otro, riendo y conversando con los invitados, ajenos por completo a su estado de creciente inquietud. Y la llegada de Simeón, acompañado de los altos cargos de la orden y vestidos para la ocasión, provocó que se sintiera cerca de la ansiedad. Se levantó enseguida, porque empezaban los preparativos. Los caballeros se pararon frente a ella y la saludaron. Ella devolvió el saludo con una inclinación de cabeza y éstos se colocaron a la izquierda del trono. El silencio fue llegando al salón del trono y sus padres fueron los últimos en posicionarse a la derecha. Cuando se aseguraron que no quedaba ningún rezagado por llegar, el rey Jacob tomó la palabra.
-Quiero daros la bienvenida a todos por acudir a esta cita tan importante para nosotros y sobretodo, para mi única hija, Carisa. La futura reina de Amaranta...
A partir de ahí, Carisa dejó de oír a su padre. Habían ensayado juntos tantas veces que ya se sabía de memoria todo el discurso. No quito que le resultara pesado y eterno. Deseaba que terminase de explicar en qué consistía aquella tradición de tantos años (que los presentes ya conocían de todos modos) y lo que significaba tanto para ella... como Raine.
¿Cómo estaría? Habían estado mucho tiempo casi sin verse y aún cuando había regresado a Glaedwine, habían seguido sin verse con la misma frecuencia que lo hicieron de niñas. Por lo que le contaba ella o su padre, Raine también se había estado preparando para aquel día. Al fin y al cabo, era más protagonista que ella...

Tardó unos segundos de más en darse cuenta de que su padre había terminado y que algunos de los caballeros que habían llegado acompañando a Simeón, se dirigían hacia la puerta, donde se colocaron uno junto a otro y en dos filas paralelas, en posición de firme. Cuando otro dio una voz, desenvainaron sus espadas y las elevaron formando un arco perfecto.
Todos contenían la respiración. Carisa en cambio, respiraba algo agitada. Volvía estar muy nerviosa y se le hicieron eternos los segundos que transcurrieron hasta que Raine apareció por la puerta. Ahora ella también se quedó sin respiración.
Eran muy pocos los caballeros que llevasen en alguna ocasión una armadura completa como la que portaba Raine: eran incómodas y pesadas, más adecuadas para tiempos de guerra. Una de esas ocasiones para portarla sin desarrollarse una batalla, sin embargo, era el día en que un caballero era ascendido... o nombrado Caballero Guardián.
La de Raine además, había sido fabricada expresamente para la ocasión, sólo para lucirla. Un regalo de su padre. Con grabados en oro y plata que refulgían con la luz que entraba por los rosetones, una capa blanca con el escudo de la orden bordado con el mismo material y un yelmo sin visera y con la forma de la cabeza de un fénix que apoyaba en su cadera con su mano derecha. La izquierda sujetaba el pomo de una espada con una guarda de oro llena de pequeñas gemas incrustadas, de distintos colores.
Nada competía, eso sí, con la sonrisa que tenía en la cara. Estaba exultante y al contrario de lo que había pasado hasta ese momento, a Carisa le pareció que había recorrido en un santiamén los metros que separaban la puerta de entrada con el punto donde Raine se puso su casco y se inclinó ante ella hasta poner una rodilla sobre el suelo. Después, habló alto y claro.
-Yo, Raine de Sedna me presento ante su señora, por su propia voluntad y de forma libre, para ofrecerle mi vida y mi espada.
Carisa dio dos pasos al frente mientras a sus espaldas, notaba la actividad de los caballeros que estaban preparando todo lo necesario para llevar a cabo la ceremonia
-Yo, Carisa de Evadne, acepto sus servicios con las condiciones que le voy a exigir siempre y que definen a un Caballero Guardián-Raine levantó la mirada, solemne;era la señal para seguir adelante-¿ha terminado toda su formación como caballero antes de presentarse ante mí.
-Sí, he finalizado mi entrenamiento siendo la mejor de mi promoción
-¿Ha ofrecido sus servicios como caballero antes que a mi o sirves ya a terceras personas?
-No, señora
-¿Se le acusa o puede ser acusada por algún delito grave?-Raine se mordió la lengua disimuladamente para contener una risita. Sabía que eran preguntas protocolarias pero no le quitaba la diversión al asunto...
-No, señora...
-¿Alguien puede atestiguar a tu favor?-dijo elevando la voz y de inmediato, Simeón se situó junto a su hija, haciendo un gesto de respeto.
-Yo, Simeón de Sedna, su padre y su primer mentor-en otras circunstancias, Joseph habría ocupado su lugar como su maestro y examinador pero éste se encontraba inmerso en una misión demasiado importante y delicada como para poder abandonarla.
-¿Corroboras todo lo que Raine acaba de decir?
-Si, mi señora. Raine es la más apropiada para el cargo por estar mejor preparada y con un expediente impecable. Desde que salió de la academia no ha ejercido para nadie, ni nadie ha solicitado sus servicios.
Un minuto de silencio mientras un caballero le ofrecía a Carisa una cajita de madera labrada que ella abrió y sacó una daga con delicadeza. La empuñó, la desenfundó lentamente y colocó la hoja sobre el hombro izquierdo de Raine
-Caballero Raine de Sedna ¿juras ser mi protectora mientras seas capaz de empuñar esta daga?
-Tu vida será más importante que la mía, por eso juro protegerte mientras siga respirando.
-¿Juras fidelidad y obediencia a tu señora?-ahora era Carisa la que tuvo que disimular una mueca; odiaba esa pregunta.
-Juro ser fiel por entero a mi señora y cumplir con todo lo que desee-por suerte, Raine había cambiado ligeramente el juramento habitual, haciendo que se sintiera más cómoda.
-¿Juras lealtad a mi sangre y mi linaje, y solo a mi linaje?
-Juro lealtad a la casa Evadne a la que también serviré con mi vida, igual que a ti
-Ponte en pie
Raine se alegró de cambiar de postura y se esforzó en no perder el equilibrio delante de los presentes pues se le había dormido la pierna. Agradeció que la armadura no fuera tan pesada como una normal porque habría sido catastrófico.
El mismo caballero de antes llevaba ahora en las manos un trozo de tela azul. La reina Isolda se situó a un lado de las chicas y Simeón al otro. Fue el primero en coger un extremo de la tela que situó a algunos centímetros por encima de las manos de Carisa y Raine. La una ofrecía la daga enfundada por la guarda a la otra que la sujetaba por la hoja. Mientras Carisa hablaba despacio, Isolda y Simeón iban uniendo sus manos con cada pasada de la tela.
-Raine de Sedna, te hago entrega de esta daga como obsequio y como símbolo de que te has convertido y eres, a partir de este momento mi Caballero Guardián y mi protectora.
Se suponía que Raine tenía que decir una frase de agradecimiento pero la chica se quedó sonriendo mientras su padre terminaba de enlazar las manos de cada una, dando por finalizada la ceremonia y dando por comenzada la fiesta.




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