lunes, 29 de octubre de 2012

Princesa V

The Nth Apostle by moyan

-¿Mi opinión?-Raine soltó una carcajada-¿de verdad me lo estás preguntando?
-Raine, estoy hablando en serio, yo sé perfectamente lo que vimos todos. Ese chico...
-Mikko, lo siento-la chica seguía riéndose con ganas, desde hacía mucho tiempo-pero me parece muy divertido todo. ¿Magia?

Era mediodía y a pesar de que el sol calentaba muchísimo, las calles de Lillya estaban atestadas. Caminaban además por la plaza céntrica con lo que apenas podían caminar con comodidad, entre toda aquella gente que estaba parada ante cada uno de los puestos que la llenaban. Era día de mercadillo, de llegada de nuevos productos y materiales y la ciudad se echaba a la calle. Se llenaba de gritos de comerciantes pregonando sus productos, de decenas de voces que preguntaba por precios, negociaba o regateaba, compraba, vendía o conversaciones que se entrecruzaban; mujeres que iban acompañadas de otras mujeres y de sus hijos-a los que llevaban de la mano o cargados en brazos- niños que correteaban jugando de un lado a otro, hombres que se interesaban en las armas, en las bebidas o en el paso coqueto de alguna jovencita...

Lillya tenía un ambiente vivaz que había enamorado a Carisa la primera vez que estuvo allí, siendo más niña, acompañada de sus padres, la corte y por supuesto los caballeros, entre los que se encontraba Raine. Le encantaba el bullicio y observar a las personas que desarrollaban su vida tras las grandes y viejas murallas de piedra maciza que los protegía de los peligros del exterior. Era uno de los pocos vestigios que quedaban de lo que antaño fue la fortaleza de Bão, lugar que sirvió de refugio a quién habitaba entonces el palacio y como cuartel general de la caballería y de los guardias. Por eso tradicionalmente se conoce a Lillya en la actualidad como la Ciudad-Guardián, ya que cuenta con la mejor academia de toda Amaranta para formar a todo tipo de militares, desde simple milicia hasta a aspirantes a caballeros. Raine de hecho, procuraba elegir a éstos antes que a cualquier otro proveniente de otra ciudad.

Pasaron justamente frente a la academia cuando se dirigían a la taberna favorita de Raine, donde últimamente hacía las comidas. En la puerta se encontraban algunos chicos, cuyas edades debían de oscilar entre los doce y los dieciocho años y hablaban con excitación de alguna actividad que habían llevado a cabo momentos antes.

-Ya sé que nunca has creído en la magia pero existe...
-No es eso Mikko... sé que existe-dijo ya más seria y más entera-pero me hace gracia porque creo que lo sabes ¿no? Si alguien en Amaranta te descubre usándola te condenarán a muerte si te denuncia antes las autoridades. Desde el desastre de los Tiempos Oscuros, está prohibido el uso de cualquier tipo de magia. Había concesiones. Excepciones que al final se fueron perdiendo con el paso del tiempo. Ya no hay quién la use por eso dudo que quede personas que la enseñen...
-¿Los elfos?-Raine movió la cabeza.
-Si no llega a ser porque se les ve muy de vez en cuando, casi diría que no existen, tan metidos en su mundo como están. No, no creo que los elfos se dediquen a ir enseñando magia a los humanos. Mucho menos a alguien como el duque de Bonaventura o su secuaz. Además, no son tan estúpidos de ir usándola a la buena de dios, corriendo el riesgo de quedarse sin cabeza.

Se sentaron en una mesa alejada de la puerta, cerca de una pared y esperaron a que los atendieran. Mikko dejó el laúd a sus pies y Raine hojeaba la hoja del menú.
Ella tenía razón, era una posibilidad demasiado remota y absurda para alguien como el duque, que aspiraba además a ser el prometido de la hija del rey de Amaranta. Pero lo que aterraba a Mikko era que la magia le daba sentido a todo. Y Raine en cambio se mostraba muy tranquila...demasiado tal vez. ¿Apariencia? Sí seguramente.

Joseph y Paulo habían logrado tener una audiencia con Carisa que al final acabó hablando íntimamente con ellos. Les contó toda la discusión con Raine y lo que le había dicho. Joseph se permitió regañarla porque era lo último que debió salir de su boca y Carisa lo sabía. Había herido profundamente a Raine, era mucho peor que todo lo que le dijo antes. La princesa estaba muy arrepentida pero todos sabían, empezando por ella misma, que no iba a ser fácil recuperar al Caballero Guardián.
Gracias a dios, Carisa accedió a que los caballeros siguieran trabajando para ella como antes. También y sobretodo porque en una semana tenían que celebrar la fiesta de despedida del duque de Bonaventura. Quisiera o no, Carisa necesitaba de los caballeros para garantizar la seguridad de los asistentes. Paulo, con ayuda de Joseph, podían encargarse de organizar todo. Mas deseaban que Raine se pusiera al frente.

Por eso estaban allí, ellos confiaban en Mikko y en la amistad que tenía con la chica. En principio habían evitado hablar directamente del tema pero iba llegando el momento. Ella lo debía de saber porque él había dirigido la conversación hacia ese punto. Y conforme se acercaba, Raine se iba encerrando más en sí misma. Lo entendía, la herida era reciente y dolorosa. No sólo eso, sabía que pensaba que sus pasiones la habían llevado a esa situación y haría todo lo posible por no mostrarlas más. Actuar como caballero cuando no ejercía como tal. O lo que ella creía que debía ser un caballero.
Iba a ser muy complicado pero no quedaba tiempo para rodeos, ni delicadezas. Debía ir al grano y eso fue lo que hizo: informarle de lo que quedaba mientras esperaban a que les sirviesen lo que habían pedido y trasladarle la petición (que casi había sido más un ruego) que sus compañeros habían hecho.

Raine se mantuvo impasible mientras él hablaba y hasta que no les dejaron los platos en la mesa, no mostró todo el dolor que llevaba días lacerándola. Dio un trago a su bebida antes de responder mirándole a los ojos, lo que significaba que no iba a esconderse.
-¿Ha sido orden de Carisa?
-No...
-Entonces no voy a hacer nada
-Raine te lo están...
-¿Quién es mi superior, Mikko?
-Carisa
-No hay nada más que hablar...no voy a hacer nada
Mikko gruñó de rabia, no quería discutir con ella-que atacaba su guiso con el ceño fruncido-sólo quería hablar e intentar convencerla de que lo hiciera.
-Raine...la vida de Carisa podría estar en peligro. El duque o su secuaz podrían aprovechar tu ausencia para herirla y formar un caos-hizo una pausa para mirarla;parecía no oírle-es tu deber protegerla...
-Te lo repito Mikko, por si se te ha olvidado: ya no soy su caballero guardián, por lo tanto no es mi deber. Hay muchos otros caballeros en palacio mejor y más preparados que yo para hacer esa labor.
La frialdad con la que lo dijo, sorprendió al mayordomo que, por otro lado, empezaba a comprender. ¡La muy tonta se había tomado en serio las palabras de Carisa!
-Tú eres la mejor para hacerlo, por eso fuiste ascendida a Caballero Guardián siendo tan joven. No sólo eres la mejor caballero, eres la mejor amiga de Carisa. La conoces desde que erais niñas... Has estado siempre a su lado. No la abandones ahora
La chica había dejado de comer lentamente y lentamente, fue levantando la mirada hacia él, que esperaba alguna reacción por su parte. Vio en sus ojos vidriosos que su perorata le había llegado, pero...
-No haré nada, no pienso desobedecer-Mikko respiró hondo. Paciencia.
-No tienes alternativa ¿qué importa más? ¿obedecer una orden? ¿o la vida de tu protegida?-la miró con desafío y Raine respondió con una sonrisa socarrona y amarga
-Ya no es mi protegida
Mikko exhaló aire de nuevo y lo soltó de golpe. Era un hueso duro de roer. No le quedaba otra. Se levantó.
-Tienes razón, no vales ni como simple caballero. Uno de verdad daría su vida por su protegido...aunque tuviera que romper todas las leyes existentes y dar con sus huesos en un calabozo.

Y antes de que Raine pudiera responder, se marchó, sin haber tocado su comida. Ella lo vio marchar bastante anonadada. Solían picarse o incluso reñirse pero jamás se habían enfadado hasta ese punto. Y eso le dolió, poniendo otra espina a la herida de su maltrecho corazón.


                                                                              *****




-¿Cómo te llamas?
-Yo me llamo Raine ¿y tú?
-Yo soy la princesa Carisa ¡y tú serás mi caballero!

Jamás olvidaría ese día gracias a la sonrisa que vistió al pronunciar aquellas palabras. Menos ahora que no dejaba de soñar con esos días cuando tenían... ¿qué edad tenían? ¿cinco años?
Era su juego favorito, Caballeros y Princesas. Ambas conocían vagamente la historia pero ignoraban por entonces su profundo significado. El vínculo que existía entre esas dos personas y al que estaban destinadas a compartir.

Un vínculo que ahora estaba roto. Y no veía manera de reponerlo.

Era más difícil de lo que Mikko se pensaba. Claro que su deber era proteger a Carisa por encima de las normas, las leyes y e incluso de su propia vida. Era lo más importante y a lo que había decidido dedicar su vida. Conocía muy bien el código de la orden y había casos excepcionales en las que podía desobedecer las órdenes de Carisa para protegerla, para que a ella le ocurriera nada. De todos modos no le importaba.

A pesar de todo... no se trataba realmente de un conflicto profesional... o al menos, no era el conflicto que le había hecho creer a Mikko.

Se sentía demasiado dolida con Carisa. Demasiado. Sus palabras se repetían una y otra vez en su cabeza, taladrándosela, lo mismo que su corazón. Esa palabra. Sus dudas. Su rabia. Todo la paralizaba de tal modo que agradecía no seguir ejerciendo de caballero... porque se veía incapaz de hacer nada. No sólo por estar trastornada... si no porque la idea de estar a las órdenes de Carisa después de todo lo que había pasado... le producía ansiedad.

Cargando con el laúd de Mikko al hombro que, con las prisas, se lo había dejado en la taberna, Raine se internó en el pinar en busca del río a cuyas orillas se sentaba últimamente. No creía que el chico fuera a rescatar su querido instrumento.


-Entonces, lo mejor es desistir
Se encontraban una vez más en la sala de reuniones secreta: Mikko, que acababa de llegar de la cocina-donde había picado algo antes de ir hasta allí-, Joseph, Paulo, Leon y dos de las doncellas personales de Carisa. En ausencia de Raine, debían de contar con ellas (y su silencio) para organizar y preparar la fiesta de despedida del duque de Bonaventura.
-Es muy cabezotas
-Hay que darle tiempo y espacio Mikko-repuso Joseph despacio-no ha sido un trago fácil y no debe de gustarle la idea de trabajar para Carisa en esta situación... mucho menos para complacer al duque. Ojalá al final acuda a la fiesta pero ahora nuestro deber es que ésta salga a la perfección sin ella.

Las doncellas pusieron sobre la mesa la lista de invitados -nobles que vivían en Lillya o cerca de Lillya, familias de artesanos y otras familias de nivel económico alto-la lista de lo que quería que se preparase para la cena de aquella noche, los disfraces que pondría a disposición de los invitados-con aviso inmediato en caso de que no hubiera suficiente para solicitarlos al sastre de Lillya-y de los guardias y caballeros-simplemente les recalcó que fueran disfrazados y disimulados-,y un sinfín de detalles más.

El primer asunto a tratar fue, por supuesto, el dispositivo de seguridad. Cuánta gente debía de estar presente en la fiesta y cuántos serían caballeros y cuántos, deberían ser guardias. Leon sugirió que sólo los caballeros estuvieran infiltrados en la fiesta; él dispondría sólo dos guardias en las puertas del salón del baile y el resto, seguiría haciendo el tabajo por todo palacio.
Estaban invitadas a la fiesta unas cien personas, de las cuales sabían que alguno no acudiría o rechazaría la invitación. Otros incluso sólo acudirían al baile y no a la cena. Como bien le dijo Carisa al duque, no era la primera fiesta que se organizaba y ya se conocían a todos, con lo que sabían qué se encontraría esa noche. Así que en base a su experiencia, decidieron asignar tres caballeros más de lo habitual a este trabajo. Paulo se incluía entre esos tres caballeros y Joseph estaría en los cuarteles, preparado para cualquier incidencia. 

Como Mikko estaría tocando con su quinteto para amenizar la fiesta, tendrían que recurrir a otro criado como mensajero para informar en todo momento del desarrollo de la fiesta y de cualquier cosa que pasase.

A él le tocaba acelerar el proceso de recuperación del jardín y en caso de no poder conseguirlo, cerrar el paso hacia esos lugares dañados, en caso de que algún invitado quisiera pasear. Eso era primordial.
También sería quién organizase a los criados en los preparativos de la cena y de los disfraces. No creían que hicieran falta pedir nada más pues Carisa contaba con una sala entera en su ala privada llena de disfraces y algunos vestidos. Era conveniente de todos modos que revisaran cada uno de los disfraces que usarían (la propia Carisa había hecho sugerencias en su lista para algunas personas en concreto, como la Belladona) por si estuvieran manchados o rotos. Sí que tendrían que ir a Lillya a por lo que faltase para preparar la cena...
-Esperaré a que las doncellas estén seguras del estado de los disfraces que se pondrán a disposición de los invitados y así enviaré a los criados a hacerlo todo a la vez: la compra de los ingredientes para la cena y los disfraces nuevos en caso de ser necesario.
-Muy bien-Paulo guardó silencio pensativo-hay algo de lo que debéis de tener cuidado...
-De las criadas del duque ¿verdad?-Paulo asintió
-El duque las pondrá a nuestra disposición para que nos ayuden en todo lo que sea necesario. No os fieis de ellas, pueden ser sus ojos y sus oídos-expuso Joseph
-¿No se supone que aquí son las... víctimas?-Mikko estaba extrañado con aquella advertencia
-Nadie ha dicho lo contrario-dijo Paulo con tranquilidad-pero que hayan sido acosadas y forzadas... no quita el hecho de que sigan siendo criadas del duque y le seguirán obedeciendo para bien... o para mal. Por eso quiero que nadie las pierda de vista y cuidad mucho de qué habláis en presencia de ellas.
-Hmmm... las pondré a trabajar siempre con alguna de nuestras doncellas.
Los caballeros parecían satisfechos con la idea de Mikko, ultimaron los detalles y por supuesto, la coordinación con las doncellas. No sólo por la fiesta... si no por Carisa. Igual que Mikko había sido incapaz de convencer a Raine para que volviera a ejercer de Caballero Guardián... Paulo había sido incapaz de que Carisa aceptara sus servicios provisionales como relevo de Raine siendo Caballero Guardián. Sabía que no era lo adecuado pero no se les ocurrió una idea mejor. Pero Carisa se había negado, no había dado motivos... pero se imaginaban que no quería a nadie que no fuera Raine. 

Eso era un problema porque en muchas ocasiones no sabían con quién estaba, ni dónde aunque tenían ojos en muchos lugares de palacio y los alrededores. Por fortuna, seguía sin salir demasiado más allá de los terrenos o incluso de su habitación con lo que no tenían que lamentar nada... por el momento.

Una vez terminada la reunión, se pusieron en marcha, sabiendo que les esperaba días muy ajetreados.



De madrugada, Raine cruzaba las puertas principales de palacio, haciendo lo imposible por que no se notara el mareo que llevaba encima. Venía maldiciendo al trovador con el que se había cruzado por el camino y que la había invitado a beber, admirado por el instrumento que llevaba encima. Una cosa había llevado a la otra y se vio cenando y bebiendo todavía más hasta esas horas, que fue capaz de zafarse de él. El laúd había sobrevivido a su acoso... ahora debía sobrevivir a su borrachera.

Los guardias la saludaron indiferentes cuando pasó junto a ellos. Estaban muy adormilados para darse cuenta de cómo venía y de lo que hizo después. Se plantó ante la escalera sin saber muy bien qué hacer. ¿Irse a su habitación y quedarse con el laúd hasta que su dueño estuviera en pie? ¿ir a su habitación a buscarlo y dárselo en mano? El alcohol le nublaba el pensamiento pero decidió dejarlo en la cocina.

Conforme se iba acercando oyó risas y Raine se puso en alerta. ¿Quién estaría despierto a esas horas? ¿sería...?
Caminó sigilosa, todo lo que su precario equilibrio le permitía, apoyándose en las paredes de los pasillos. Se contuvo de soltar una carcajada cuando pudo ver por fin el acceso a la cocina y bloqueando el mismo, a Joseph y a Enriqueta, una doncella regordeta que solía trabajar en la cocina, jugueteando. Se dio la vuelta, dispuesta a no interrumpirlos y a cambiar de plan cuando su ex maestro la vió.
-¡Raine! ¡cómo me alegro de verte!-el hombre no tardó en plantarse junto a ella y ponerle las manos sobre los hombros-¿qué haces aquí?-vio el laúd de Mikko; también torció la nariz porque le llegó el olor a vino, cerveza y fritanga-vaya, al final lo tenías tú, el pobre lleva todo el día buscándolo.
-Se lo dejo en la taberna... venía a dejárselo aquí, en la cocina pero...-miró de soslayo a Enriqueta.
-¡No tiene importancia! Ven conmigo
-No, yo...
-Ven conmigo-insistió
Lo dijo amablemente pero sabía que era casi como una orden. Después de tantos días prácticamente desaparecida, querría saber de ella. Cómo estaba, cómo se sentía y casi con seguridad, plantearle sin intermediarios la situación.

Para su sorpresa, Joseph tomó el laúd, la obligó a sentarse en una de las dos mesas de madera (llenas de harina, restos de vegatales, migas de pan y marcas de agua) que Enriqueta limpió para después ponerle un vaso de leche y algo de pan con queso. Sólo cuando le quedaba un cuarto de leche en el vaso, Joseph le dirigió la palabra. Para entonces, el alcohol había bajado bastante.
-Debería haberme comportado como un caballero y haber sido más franco contigo-Raine tardó en darse cuenta de que se refería a la última vez que hablaron-se supone que soy el más veterano de este palacio y me he comportado como un crío.
-¿De qué demonios estás hablando?-Joseph tenía una expresión de profunda culpabilidad en el rostro que le acentuaba las arrugas. Raine pensó entonces que había hablado con Carisa y sabía todo.
-Mi deber debió ser advertirte de lo que estabas haciendo... no sé, a lo mejor habría evit...
-¡No seas idiota! ¡no ha sido culpa tuya!
La silla se cayó al levantarse y debido a que eran, con seguridad, los únicos habitantes despiertos del palacio-además de los guardias-hizo un ruido ensordecedor que sobresaltó a Enriqueta, que hacía como que limpiaba los cubiertos.
-No ha sido culpa tuya-repitió Raine poniéndose la mano en el pecho-he sido yo quién ha metido la pata con Carisa. La que se ha dejado llevar por sus sentimientos, mezclando lo que no debía de mezclar. Tú eres el más veterano pero yo era el Caballero Guardián. La comandante del escuadrón y la que debía haber dado mejor ejemplo que nadie. Y no lo he hecho-puso bien la silla, se sentó en ella y se bebió lo que le quedaba de leche.-Yo sé que estáis muy preocupado por mí pero...estoy todo lo mejor que puedo-se abstuvo de mentir porque después de verla con más alcohol de la cuenta en el cuerpo, no la iba a creer-no está resultando fácil... pero me vienen bien estas vacaciones.

La tristeza de Raine era evidente y eso removió aún más a Joseph ya que no podía hacer nada por ella. No era como cuando, de pequeña, se lastimaba entrenando con los palos de madera, o se caía mientras corría o cuando peleaba con otros compañeros. Fue duro pero siempre pudo apoyarla, curarla y consolarla. Ya no era una niña y lo que la hería... no se curaba con ungüentos, ni hierbas. Un abrazo podría aliviarle el dolor pero sabía que no dejaría. Desde que era Caballero Guardián y comandante... llevaba una gran carga encima que ahora... le pesaba.

No todo iba a ser tan bonito en lo de ser tan íntima de la princesa de Amaranta ¿verdad?

-No creo que haga falta que te diga que si necesitas algo... puedes contar conmigo... y con los demás-Raine tragó saliva acordándose de Mikko
-No hace falta... lo sé
-Bien... no te voy a pedir nada-dijo al fin-sé que no va a cambiar tu opinión si soy yo el que te pida que vuelvas
-No, ahora mismo... no me siento capaz de cumplir-Raine fijó la vista en el laúd de Mikko, que había quedado sobre la otra mesa-sé que me necesitáis pero tal y como me siento, no os sería de utilidad, de todos modos.

Joseph no dijo nada y quedaron en silencio. Enriqueta había salido al pasillo, escoba en mano. Raine se sintió de repente muy cansada y se levantó despacio, con la intención de marcharse.  Su ex maestro la miró y movió la cabeza a modo de despedida pero antes de que cruzara la puerta le dijo la hora y el lugar donde se celebraría la fiesta.
-Por si quieres venir... ya sabes que estás igualmente invitada ¿verdad?
La chica se limitó a sonreír antes de darle las buenas noches a él y de Enriqueta.

El camino hasta su habitación se hizo muy largo y pesado. Tenía una mano sobre el pomo cuando tuvo un deja vu: el gemido de un llanto suave la dejó paralizada por completo. Todo el cansancio que sentía desapareció de golpe, al sustuirse por la adrenalina. El primer impulso fue acercarse a la puerta de la habitación de Carisa, rezando a todos los dioses por que no fuera ella. Antes de que tan siquiera se plantease la opción de derribar la puerta a patadas, oyó un grito ahogado que para alivio suyo, provenía de otro lugar. Siguió el sonido rápidamente hasta el final del pasillo, justo en la misma dirección donde se encontraba la sala de entrenamientos y cuando estuvo a punto de dar la vuelta a la esquina, decidió que era mejor esconderse.
-¡Escúchame muy bien! ¡cómo se te ocurra decirle algo a ese pelele de mayordomo...TE MATO! ¿te ha quedado claro?-Raine se quedó helada. La persona a la que se dirigía-tenía claro que era una chica-contestó de forma tan baja e ininteligible que no supo qué dijo pero provocó lo que era un golpe que hizo que se le fuera el color de la cara y le doliera hasta ella. La chica lloró de forma ruidosa.
-¡¡CALLA!!
El duque de Bonaventura bramó de tal manera que Raine creyó que despertaría todo el palacio... o por lo menos a todos los que dormían en esa planta. Sintió rabia al echar mano de una daga que ya no llevaba encima. Decidió que de todos modos debía salir a detenerlo y cuando iba a hacerlo, oyó unos pasos detrás suya. Era Carisa,que se acercaba soñolienta. Fue corriendo hasta ella para interceptarla
-¿Pasa algo, Raine?-se frotaba un ojo con la mano-creo que he oído un grito
-Sí, yo también, pero no hay nada-la giró mientras le hablaba, con las manos sobre sus hombros y la alejaba lo más rápida y disimuladamente posible.
-Pues vaya ¿ahora tenemos fantasmas en palacio?-preguntó no sin cierta burla
-Quién sabe, es lo único que nos faltaba para tener un palacio de verdad ¿no?-Carisa la miró son sorna y muy poco convencida. Raine, mientras tanto, estaba pendiente de que no se oyera nada antes de que Carisa volviera a la cama. También evitó hablar mucho más con ella...
-Oye, espera...
-Mejor será que descanses, te esperan los días más agotadores de los que has tenido hasta ahora-la abrió la puerta de su habitación y Carisa entró a regañadientes
-Raine, yo...
-Buenas noches, princesa-Carisa, comprendiendo que no la iba a escuchar, agachó la cabeza y se despidió, desanimada.
-Buenas noches Raine
Cerró la puerta con una sonrisa y se quedó allí plantada. Cuando se aseguró que Carisa ya estaba camino de la cama, corrió de nuevo hacia el lugar donde debían de seguir el duque y la chica, que no sabía si era otra de sus criadas... o una de las doncellas de Carisa. Dio una golpe a la pared, de rabia, cuando vio que no seguían allí. 

Volvió a su habitación y se sentó sobre su cama, con el corazón palpitándole todavía en la sien. Conforme se fue tranquilizando, el estómago se le revolvía cada vez más. De repente, sus dudas y su dolor... fueron enterrados por algo mucho peor: el pánico.

Era el duque quién estaba abusando de las criadas... ¡había sido él todo este tiempo! Y la simple idea de que le hiciera lo mismo a Carisa le provocaba naúseas... pero también una ira que la empezó a quemar cada vez más. Comprendía ahora muchas cosas y la cabeza porque estaba relacionando unas cosas con otras y a su vez, se le iban ocurriendo un millón de ideas para solucionar el problema. Una de ellos, evidentemente, matarlo...

Tenía que hacer algo pero la cuestión era ¿qué? Y lo más importante ¿cómo lo hacía para atraparlo sin que se escabullera?

Aunque desde luego lo más importante era que se había olvidado por completo de su ansiedad y volvía a sentirse como un caballero.



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Como comentaba la otra noche en twitter, estoy casi en las 40 páginas, que viene a ser cinco más de lo que tenía escrito de la primera versión del relato. La fiesta es ya el desenlace del relato, cuyo fin ya os imagináis por lo que he ido publicando en Novelando, pero le calculo unas quince o veinte páginas más. Es lo que tiene que conforme voy corrigiendo/reescribiendo vaya añadiendo más cositas, además de lo que he ido hilando desde el principio, ha ido aumentando el espacio que ocupaba la historia.
Lo que haré es terminar el relato y así sabré si para el blog, quedan una o dos partes a publicar. Una vez termine de publicar aquí, volveré a corregir el relato (porque el otro día descubrí algún que otro error garrafal), editaré cada una de las entradas, y editaré un pdf y un ebook que publicaré a través de Literatura Nova y otras plataformas.

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