jueves, 30 de agosto de 2012

Princesa III

Creía que no, pero al final me han vuelto a salir una buena cantidad de páginas para esta nueva parte. Justo la más modificada y cambiada del relato original y lo cierto es que me gusta más así, porque está desde luego más completo.


Tranquil by 2wenty



-Vaya, qué interesante...

Raine bajó los brazos y se tensó cuando vio que era el duque de Bonaventura el que la interpelaba. Escudriñó por encima de su hombro y vio en la lejanía del pasillo que se abría tras la puerta abierta, a una pareja de guardias y se tranquilizó un poco saber que no andaba solo. Lo que no le gustaba nada es que estuviera allí en la sala de entrenamientos, un lugar más privado, sin Carisa y tan temprano. Lo observó unos instantes sin decir nada porque cuando sus miradas se cruzaron, le dedicó una sonrisa socarrona para después mirar a su alrededor con curiosidad. Ella se alejó del saco de trigo reforzado que usaban para golpear.
Allí no había nada que le pudiera interesar: armas de madera o sin afilar, armaduras acolchadas o también de madera, varios sacos de trigo como el que ella estaba golpeando, pesas y muñecos de todo tipo y tamaño. Una sala que, por motivos estructurales estaba en la segunda planta en el lado contrario al ala real, una de las zonas dedicadas a invitados, y por tanto lejos de los cuarteles. Años atrás era el lugar más adecuado para cumplir esa función. Ahora, se había quedado pequeño y los entrenamientos se hacían en exteriores, con lo que funcionaba casi más como segundo almacén. Ella solía ir a primera hora de la mañana para mantenerse en forma... o para descargar adrenalina...

-¿Desea algo?-su sonrisa vaciló unos segundos. No le gustaba ni el tono cortante de Raine, ni que fuera tan cortés y no lo tuteara.
-Estaba interesado en el lugar donde preparan a los soldados más poderosos de todo el reino. La verdad es que esperaba algo distinto...algo más-movió las manos buscando un adjetivo más adecuado. Raine adoptó una sonrisa forzada y fría.
-¿Espectacular? ¿diferente? ¿misterioso?
-Sí, algo así-ahora entendía el por qué de su expresión: no lo consideraba gran cosa. Iluso...-esperaba unas grandes instalaciones y lujosas para personas como vosotros, tan preparados y con unos servicios tan caros...
Lo cierto es que las instalaciones del palacio de Glaedwine eran más amplias, pero Raine le dedicó una mirada peligrosa, de rabia contenida que de haber sido vista por sus conocidos habrían temido por Oliver...
-Lo más importante no está en el dinero que recibimos, ni las instalaciones, ni en la preparación. La Caballería va mucho más allá de nuestras espadas y es mucho más complejo de lo que todos ven.
- Vuestras normas y vuestros famosos códigos secretos ¿no?-había cierto matiz de burla y Raine enseñó un poco los dientes.-eso no quita que sea decepcionante, aunque no se puede poner en duda la labor que realizáis, sobretodo aquí. He de admitir que si no fuera por ustedes, Carisa...
Se había dado la vuelta dejando la frase en el aire y se marchó sin más. Antes de que Raine no pudiera oírlo, le dijo
-Que tengas buen día, Caballero Guardián.
Raine se había quedado paralizada en medio de la sala, mirando la puerta. ¿Qué había sido eso? Tenía muy claro que no era una visita de cortesía desinteresada, ni de inocente curiosidad. ¿Qué quería de la orden? ¿su interés estaba en ellos y no en Carisa? ¿o quería conocer sus puntos débiles para saber donde atacar?
Raine lanzó un grito de rabia y golpeó con fuerza el saco, haciendo que la cuerda cediera y cayera al suelo con un golpe sordo. El saco se rompe y derrama parte de su contenido. La chica se sienta en el suelo y resopla varias veces, conteniendo las ganas de golpear también el piso. En su cabeza, no deja de repetirse que debe de controlarse de una vez, no puede perder los nervios delante de los demás caballeros. Es la comandante y el Caballero Guardián. Ni puede, ni debe... pero ya era la segunda noche que pasaba prácticamente en vela y estaba muy agotada. Ni pelear parecía haberla relajado...

Se tumbó en el suelo boca arriba, extendiendo brazos y piernas. Empezó a sentirse mejor. Por la única ventana que había, llegaban los cantos de los pájaros que daban la bienvenida al nuevo día y voces muy lejanas que debían de provenir de la planta de abajo o del jardín. El palacio también empezaba a despertar. Eso significaba que en breve deberían prepararlo todo para la salida a caballo. Lejos de vaciar su mente, la llenaba de más preocupaciones.
Limpió todo y dejó el saco a un lado para que los criados se encargasen de llevárselo de allí. Cerró la puerta tras de sí y cuando daba la vuelta a la esquina, oyó un lamento. Raine se quedó paralizada y miró a su alrededor. No vio nada fuera de lo normal. Se encogió de hombros y antes de dar un paso más, el llanto se hizo más fuerte. Se percató de que una de las habitaciones tenía la puerta entreabierta y se extrañó. Que ella supiese, las habitaciones más cercanas a la sala de entrenamientos estaban vacías. Frunció el ceño y lentamente, abrió la puerta con una mano, lo suficiente para ver parte de una figura femenina. Tragó salida y siguió abriendo hasta poder entrar sin alarmar a la chica, que era una de las doncellas del duque. Estaba de rodillas en el suelo con medio cuerpo apoyado en la cama, que estaba muy desordenada y la cabeza hundida entre los brazos. Cuando Raine se acercó a ella para preguntarle qué le ocurría, se dio cuenta de que su vestido estaba desgarrado o muy roto por toda la parte inferior. Abrió muchos los ojos y la tocó muy suavemente. Como suponía, la reacción fue muy desmesurada y se apartó bruscamente de ella. Al verle la cara, vio que estaba surcada de lágrimas... moratones o coágulos aún enrojecidos. El labio estaba hinchado y diría que la nariz estaba rota. Recordaba además que sus vestidos no eran tan escotados.
-Tranquila, no te voy a hacer nada, quiero ayudarte-dijo con voz suave, aún a sabiendas que la chica estaba todavía en estado de shock. Se acercó a ella y por lo menos, permaneció quieta. Temiendo que estuviera más herida y de más gravedad, la ayudó a levantarse, sirviendo de apoyo pero dejando que se pusiera en pie sola. Estaba preguntándose la edad que tendría hasta que unos hilillos de sangre descendieron por sus piernas hasta el suelo. 



-Disculpad el retraso
Llegó la última a la puerta de palacio donde ya la esperaban Carisa, el duque de Bonaventura, los caballos que montarían y el grupo de guardias y caballeros que los acompañarían. El número era exactamente el mismo que siempre salía a cabalgar con Carisa con la diferencia de que los caballeros eran más que los guardias. De hecho, sólo había dos guardias.
-No te preocupes Raine, sólo llevamos aquí cinco minutos-la princesa sonreía con amabilidad sincera y eso la tranquilizó un poco. Algo que le duró muy poco al ver el perfil del duque. El pinchazo en la sien le recordó que seguía doliéndole la cabeza.

Fue la primera en montar porque encabezaría la marcha junto a Paulo. Llevaban las ropas propias para montar cómodamente, con la excepción de que llevaban ocultas bajo ellas una cota de malla corta y sin mangas, además de llevar con ellos la espada. Raine llevaba la daga a la vista, en su espalda.

No había tenido tiempo de informar a Carisa, ni al duque del episodio que había vivido horas antes y francamente deseaba que no se enterasen hasta volver a palacio. Llevó a la chica hasta su habitación y allí, con ayuda de dos doncellas, la bañaron y curaron sus heridas. Le cambiaron sus ropas y así, la bajaron hasta las dependencias de los criados, donde la pudieron atender mejor. Luego mandó a buscar a Mikko, que apareció de nuevo lleno de tierra hasta arriba y le contó todo. Quería la cabeza del desgraciado que había hecho aquello pero tenía el presentimiento de que, tal y como había ocurrido con la serpiente come-huevos, no encontrarían al culpable. En el fondo, ambos lo sabían porque conocían a todos los varones que vivían en palacio. O al menos, eso creía.
Sus preocupaciones no terminaban ahí porque no dejaba de pensar en cómo no se había dado cuenta de nada y peor aún... cómo no se había dado cuenta de nada el duque de Bonaventura cuando había ido a verla. ¿Tan silencioso y discreto había sido el culpable para que nadie se percatase de lo que ocurría hasta que era tarde? Ella había pasado por delante al despuntar el alba y estaba segura de que la puerta estaba cerrada. Ni tampoco había notado nada raro. Pero ¿y el duque? ¿había pasado por delante en dos ocasiones y no había visto ni oído nada?...¿o lo había ignorado deliberadamente?

De ahí que el dolor de cabeza  hubiera ido aumentando y esa simple idea le provocaba nauseas. Por suerte, poco después de que iniciaran el paseo, fue calmando el remolino de pensamientos y sentimientos. Había algo mucho más importante que atender: la seguridad de Carisa. 

Los dos guardias que trajeron consigo, cubrían la retaguardia a una distancia considerable del grupo e iban armados con arcos cortos. Los caballeros se distribuyeron de forma estratégica, también a distancia para darles espacio a los jóvenes, cubriendo los flancos y también la retaguardia, a una distancia media entre ellos y los guardias. Por delante y más cerca, estaban Paulo y Raine, que apenas se dirigieron la palabra, salvo para señalar algo que les pareciera fuera de lugar. Paulo estaba ojo avizor y Raine también, pero sin dejar de oír lo que Carisa le explicaba alegremente a Oliver.

La idea que Carisa les planteó antes de salir era bajar unos cuantos metros por el sendero principal y después desviarse por el lado derecho de la colina, rodeando así la ciudad hasta bajar del todo por el camino más llano para los caballos, un camino fácil tanto para ir... como para volver en caso de necesitar hacerlo antes de tiempo. Llegarían así a los pies de un pinar de muchos nombres debido a la peculiaridad de sus hojas, que eran naranjas. 

Ella misma había desechado el pasar por Lillya porque además de peligroso, podía ser muy tedioso. Raine por su parte, le recomendó no hacer ningún almuerzo al aire libre, ni visitar el pinar. En otro momento, se podría haber hecho y con más comodidad, como así había pasado en otras ocasiones en las que había salido con invitados o ella sola, pero...

Carisa le contó al duque cosas de Lillya y sus lugareños pero sobretodo del famoso pinar, sus nombres y leyendas. Raine se las conocía muy bien, no por los años viviendo allí o porque fue Mikko el que encontró dichas historias en la biblioteca de Lillya, si no porque solía contarlo a los pretendientes más afortunados. Oliver lo era y como siempre, era un gran oyente aunque parecía más interesado en los cotilleos de Lillya, hasta el punto de proponer algo que sorprendió a Carisa y Raine.

-¿Una fiesta?
-Claro, una de tus fiestas...para mi despedida por ejemplo-añadió ante la extraña expresión que había tomado Carisa, que había aminorado la marcha de su caballo hasta parar. Raine y Paulo también lo hicieron y oían con atención porque aquello les incumbía.
-¿Estás seguro?
-¡Me encantaría! Pondría mis sirvientas a tu disposición si fuera necesario-Carisa lo dudó, porque sabía bien el lío que sería organizar una fiesta de ese tipo. Aún así, deseaba tanto complacer a Oliver en todo, que aceptó.

Raine y Paulo se miraron y asintieron con la cabeza. El duque de todos modos, no fijó una fecha pero deseaban que lo hicieran pronto para poder organizarse con tiempo...





Nada más salir de comer, una doncella la abordó muy apurada pidiendo que se reuniera con Mikko donde siempre. Raine tragó saliva, se disculpó con Carisa y Oliver, que iban al jardín y marchó hasta la sala de reuniones privada confiando a sus chicos la protección de Carisa en su ausencia. Mikko estaba solo, sentado y sudoroso. Le contó lo que ocurría.
-¿Qué?-Raine no daba crédito a lo que le acababa de contar-¡Es imposible, lo habríamos sabido de inmediato! 
-No es tan difícil querida, puesto que el servicio del duque siempre ha dependido de él exclusivamente, nunca les hemos prestado especial atención ¿cierto?
Raine tuvo crecientes deseos de golpear la mesa pero se contuvo. Prefirió sentarse frente a Mikko y ocultar el rostro con las manos
-¿Y cuando dices que vieron a la primera chica con marcas en la cara?
-La primera mañana, pero no le dieron mayor importancia porque pensaban que era por otra cosa pero han visto hasta tres más...

La Caballero Guardián bufó porque la idea de que tuvieran a un violador en palacio le asqueaba sobremanera pero lo peor era que ni las víctimas querían hablar, ni las doncellas y criados habían visto nada raro en los últimos días. Justo lo que esperaban, pero se sentía muy impotente. Mikko sin embargo estaba más tranquilo.
-¿No te parece todo muy raro? Me refiero... si fuera alguno de nuestros chicos, lo habríamos sabido de inmediato.
-Salvo que cometiera los actos fuera de palacio...-Mikko abrió muchos los ojos
-Los caballeros...-la mirada de Raine se endureció hasta tal punto que Mikko se sobrecogió
-Eso explicaría muchas cosas
Mikko tragó saliva. Muy contadas veces un caballero era juzgado y condenado por sus actos porque solían ser intachables, ya que se sometían a exámenes muy duros para acceder a la orden. Pero las historias que se contaban entre los criados, hablaban de torturas largas, crueles y dolorosas. Muy pocas veces eran condenados a muerte, pues se prefería el sufrimiento.

Raine le dijo que mantuvieran los ojos muy abiertos, que ella se encargaría de los suyos. Salieron y separaron sus caminos para seguir con sus tareas, aunque ella se encontraría antes con Joseph para hablar de aquello. Sus problemas iban creciendo por momentos, lo mismo que el peligro que corría Carisa ante lo desconocido. Y la posibilidad de que fuera...
...nada, porque sus pensamientos se esfumaron en el momento en que se cruzó con él. Tardó demasiado en reaccionar y cuando quiso darse cuenta, el chico estaba ya a mucha distancia y Raine no quería montar un escándalo. 

Era un criado del duque de Bonaventura, eso estaba muy claro por el color de las ropas que llevaba, las mismas que la de las doncellas. Era la primera vez que lo veía porque tenía entendido que el duque sólo había traído a chicas... pero estaba ¿equivocada?

Se quedó parada donde estaba sin saber muy bien qué hacer. Ir a buscar a Mikko, encontrar a Joseph o a Paulo, seguir a ese chico que le resultaba vagamente familiar... ¿qué?

Cuando se daba la vuelta casi tropieza con un guardia
-Señorita Raine, la estaba buscando.
-¿Ocurre algo?
-No, nada en particular pero me ha enviado a llamarla porque le urge verla. Está en la pérgola del jardín.
El guardia parecía tranquilo pero con tantos sobresaltos... y le parecía muy raro que mandara un guardia a buscarla y no alguna de sus doncellas.

Al llegar a la pérgola, todo estaba en silencio. Carisa estaba sentada sola en las mesas, con la mirada perdida y muy distraída. Sobre la mesa estaban las tazas y los restos de las pastas que habían tomado ella y el duque. Éste, sin embargo, no lo veía por ninguna parte.
-Cari...
-Oh Rai...
De entre todas las cosas que Raine odiaba, la que más era ver llorar a Carisa y la había visto más veces de la que desearía. Verla en ese momento, tras los acontecimientos de las últimas horas, la hizo quedarse paralizada, sea del pánico en el que estaba entrando, sea porque ese pánico luchaba con sus instintos asesinos, que crecieron a cada segundo que pasaron hasta que la vio también sonreír.
-Siéntate anda... necesito contarte esto.
-¿Qué ha pasado? ¿y el duque?
-Oliver se ha marchado a sus aposentos para descansar y para dejarme a mí pensar en su proposición.
-¿Qué proposición?
-Quiere... que me vaya con él cuando tenga que volver a sus tierras-contestó despacio, mientras se secaba las lágrimas que seguían brotando-ya sabes... para conocerlas, conocer a su familia...
-¿Quiere...presentarte oficialmente como...?
-¡No, no! No ha habido nada de eso... al menos no lo ha mencionado pero... creo que es cuestión de tiempo ¿verdad?
Raine tragó saliva y se esforzó por no mostrar emoción alguna... nada de lo que estaba sintiendo en esos momentos que eran tan importantes para Carisa.
-Bueno... supongo que Jacob se pondrá muy feliz pero ¿y tú? ¿qué sientes tú?
-¿Quieres que te sea sincera? No lo sé...-su sonrisa desapareció-él me gusta mucho, no he conocido hasta ahora ningún hombre... que mereciera la pena y me ha hecho muy feliz pero...
-Sigues sin estar segura-comprendió Raine.
-Sigo sin sentirme preparada para dar este paso en mi vida, Raine. Y temo que él se lo tome a mal-lloró más y Raine por fin, tomó sus manos entre las suyas-así que... no sé qué hacer.
Dentro de Raine seguía una lucha interna... entre la que Raine que debía actuar correctamente y decirle lo que le debía de decir... y la que se negaba a aceptar la realidad y por supuesto, a hacer nada por ellos dos. Raine respiró hondo, acalló ambas voces vaciando su mente y abrió la boca.
-El duque te ha dado tiempo para pensarlo, así que hazlo. Y haz lo que te pida el corazón, no lo que crees que pueda ser correcto por ser quién eres para hacer feliz a tus padres. Si quieres ir con él, pues ve con él, si así te convences de que es para ti. Si no... pues no te cortes en decirle que no. ¡Tampoco es la primera vez que lo hace!-terminó Raine con una sonrisa divertida, contagiando a Carisa.
-Gracias Rai, de verdad... por escucharme y tus consejos. Tienes toda la razón-la abrazó-me hace muy feliz tenerte como amiga. ¡Y que seas mi Caballero Guardián por supuesto!

Se levantó y buscó a alguna de las doncellas que debía de estar por allí para que retiraran todo. 
-¿Vamos Raine? ¡Aún queda mucho día por delante!
Carisa se había animado muchísimo con sus palabras y Raine sabía que era lo que esperaba y quería oír. Ella sin embargo, se había quedado esperando también otras palabras por parte de Carisa. Un hecho que no sabía bien si había pasado por alto (a consciencia o no) o si daba por sentado que era algo que no ocurriría nunca.

Y es que si Carisa terminaba comprometiéndose con el duque de Bonaventura, su protección pasaría a depender de él y no de Carisa o de su padre. Lo que supondría, con casi total seguridad, la separación de ambas. 

Raine recordaba el encuentro que había tenido con el duque esa misma mañana y estaba convencida de cual sería su decisión en caso de que todo fuera a buen puerto.

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