martes, 7 de agosto de 2012

Princesa II

Sé que no es mucho lo que he escrito, en comparación a lo que publiqué la última vez y lo que aún queda por publicar pero iba siendo hora de poner algo, aunque sea menos de lo que tengo pensado. Ha habido una parte en la que me atasqué y me retrasó un montón. Al final, encontraréis un enlace relativo a algo que aparece ahora

Belsay Castle



 -¡¡CUIDADO!!
Varias ramas volvieron a caer al suelo con un ruido ensordecedor y no les golpeó de milagro. Raine se colocó delante de los demás don determinación, con su espada en alto y por delante de ella . El animal, una serpiente gigantesca, rugió pero no hizo ningún movimiento. Se habían dado cuenta de que estaba atrapada de alguna forma entre toda la vegetación y no se podía mover de donde estaba. Sólo podía mover la parte superior de su cuerpo y golpeaba con su cabeza a lo que había a su alrededor, por eso Raine obligó a los guardias a que fueran retrasando su posición paulatinamente, porque tenía una boca lo suficientemente grande para comérselos de una sola vez.

No sabían muy bien cómo había acabado allí pero los jardineros se la habían encontrado al amanecer cuando salieron a regar. Dieron el aviso a los guardias, que intentaron sin éxito llegar hasta ella. Estaba muy nerviosa y violenta. Después fueron a llamar a Raine, que ordenó que avisaran con urgencia a Carisa para que no salieran de palacio hasta nueva orden.
-Comandante...
-No se preocupen por mí, sigan detrás de mí
La serpiente mantenía la vista fija en ella, que se desplazaba despacio y con precaución, siempre con el arma en alto. Si hacía algún movimiento extraño, podía contrarrestar cortándole la cabeza de un tajo.

No buscaba matarla, no al menos si lo podían evitar. Era desde luego lo más fácil y ellos estaban entrenados para enfrentarse a todo tipo de peligros. Pero Carisa se oponía a todo lo que supusiera hacer daño a los animales. Aunque supusieran un peligro para su vida y la de los demás.

Siendo objetiva, la mayoría de los animales que formaban parte del hábitat de Lillyan, no atacaban a los seres humanos a menos que tuvieran un buen motivo. Y en el caso de aquella serpiente, algo la tenía muy nerviosa y, probablemente, asustada. Por eso estaba siendo tan violenta con ellos.

Ese era el otro motivo por el que había alejado cada vez más a los demás, ya que al cabo de diez minutos, consiguió lo que se proponía. La serpiente se fue tranquilizando poco a poco y dejó de prestarles atención. Raine bajó su arma también y se acercó despacio a ella. Así, pudo ver cómo lo que debía de ser el tronco de un árbol, la había aplastado y atrapado allí. Envainó su espada y se volvió hacia los guardias.
-Oídme muy bien...



Mikko se asustó cuando Raine entró a la biblioteca como un obús y se dirigió hacia él. No se había recuperado del sobresalto cuando se fijó en su aspecto: tenía la ropa desgarrada, algunas hojas sueltas en su pelo y cubierta de tierra y ramas.
-¿Se puede saber que ha pasado?
-Necesito que vengas conmigo-parecía casi una orden
-¿Eh? Tenemos que terminar de lim...-detrás de él aparecieron dos doncellas, una con una escoba y otra con un trapo en una mano y unos libros en otra. Sin embargo, Raine no parecía que fuera a cambiar de idea y sabía que no podía rechistar-...de acuerdo.

Tal y como había entrado, salió, seguida de Mikko que tuvo que correr para poder seguir su ritmo.
-¿Me puedes explicar qué pasa y por qué no te puedes encargar tú con tus chicos?-preguntó fastidiado.
-Porque es algo que no deben de saber ellos si no queremos crear demasiada alarma en todo el palacio y si me apuras, en toda la ciudad-cogió aire-además, ya me han ayudado bastante con otra tarea más desagradable y peligrosa...
-¿Qué ha...?
-Una serpiente come-huevos en el jardín-el mayordomo se paró repentinamente, lívido
-¿Cómo?-Raine se volvió a mirarlo, a un metro de distancia.
-Sí, lo que has oído
-¿Y qué demonios hacía una de esas serpientes en nuestro jardín?-preguntó pero entonces comprendió la urgencia de la petición de Raine.
-Eso es lo que pretendo descubrir ahora, pero por el tamaño que tenía, te garantizo que no la hemos criado nosotros.

Tal y cómo estaba construido el palacio y donde estaba situado el jardín, había un lado del mismo que estaba inevitablemente expuesto al exterior por no estar protegido por el muro que rodeaba todo lo demás. Era la parte que ascendía hacia una zona demasiado pedregosa para construir nada, por lo que era la zona más salvaje y algo descuidada de todo el jardín, con su propia protección natural de altos setos y árboles. No evitaba de todos modos, que acudieran todo tipo de animalillos que intentaban colarse dentro. Así que, desde que levantaron el jardín, además de cuidarlo, mantenían un control de la fauna y flora para evitar la presencia de seres no bienvenidos y que podían echar a perder todo. La limpieza de cada inicio de estación.

Las crías de aves Roc, que aterrizaban allí o muy cerca después de sus primeros fallidos vuelos, eran la más peligrosas de las visitas. La montaña donde eran criadas estaban a kilómetros de allí pero todas las primaveras, Raine tenía que sacar fuera a dos o tres que se quedaban dando vueltas por el jardín. Solían ser un poco más grandes o más pequeños que un águila. Suficiente para hacer destrozos considerables. Y solían ser difíciles de atrapar.

La mañana que conocieron la llegada del duque de Bonaventura, encontraron algunas de ellas en el jardín sólo que a diferencia de otras veces, tenían un tamaño más grande del habitual. Les sorprendió pero temiendo la llegada de su madre, las sacaron de inmediato y un soldado a caballo, las llevó lo más cerca posible de la montaña.

Las serpientes come-huevos, por otra parte, no eran peligrosas a pesar de su tamaño. Solían estar por los alrededores y nunca habían entrado al jardín... mucho menos, llegar tan lejos.
Entonces Raine, una vez habían resuelto el problema, comenzó a cavilar y a atar cabos. ¿La serpiente iba buscando las crías de ave Roc que ellos habían encontrados días atrás?... ¿o la serpiente había llegado allí movida por otra cosa...?

Eso fue lo que le contó a Mikko en el trayecto porque era el motivo por el que había ido a buscarle a él precisamente. Le preocupaba la posibilidad de que la serpiente no hubiera llegado de forma natural al jardín y si así era, lo que le alarmaba era ¿a quién pretendían herir? ¿a la princesa? ¿o al duque?

-¿No has pensado en que sea él mismo el culpable?-le preguntó su amigo, cuando entraban al fin al jardín. Raine se volvió un momento a mirarle, con el ceño ligeramente fruncido.
-Claro que lo he pensado-siguió caminando, ahora más despacio y mirando detenidamente por todos lados; quería registrar el jardín de cabo a rabo en busca de pistas-para mí va a ser siempre el primer sospechoso... pero eso sería olvidar quién soy... y soy un Caballero y lo más justo para él, sería el beneficio de la duda.
-También lo haces por Carisa ¿no?-Raine sintió un sobresalto en el estómago, recordando la noche que había pasado. Soltó una carcajada nerviosa.
-Es mi deber al fin y al cabo...
-¿Acaso ella...?
Mikko fue incapaz de continuar la frase porque antes la dejó abierta, dejando a su vez de caminar hasta quedarse petrificado ante lo que estaba viendo.
-Imposible...
-Ya te dije que era adulta.
Habían llegado hasta donde Raine había visto la serpiente, donde se había quedado atrapada y desde luego, la parte que más había sufrido del jardín, hasta el punto de quedar un claro bastante considerable lleno de tierra removida, ramas y árboles partidos, hojas y flores aplastadas.
Mikko estaba horrorizado y no quería ni pensar en cómo se lo tomaría Carisa si lo veía, después de todo el esfuerzo que habían invertido para que fuera uno de los jardines más hermosos de Amaranta. Aún peor, intuía que podía ser tan sólo una pequeña parte de mayores destrozos, si la serpiente había pasado mucho tiempo en el jardín campando a sus anchas.

Mientras él se echaba las manos a la cabeza, Raine iba de aquí para allá, inspeccionando todo, apartando ramas y troncos partidos a su paso y procurando no provocar más daños de los que había. Tardó unos quince minutos en encontrar lo que buscaba: el camino que había llevado a la serpiente hasta allí, uno de los senderos principales del jardín que, casualmente, pasaba muy cerca de la pérgola. A Raine se le hizo un nudo en la garganta pero tomó esa dirección con paso firme, intentando no pensar en nada más. Mikko la siguió medio minuto después.

La chica se paraba cuando encontraba algo fuera de lo normal porque sorprendentemente todo permanecía casi intacto, a excepción de las setas y dientes de león que rodeaban el camino, por lo que se notaba cuándo la serpiente había hecho un alto y había estado mirando a su alrededor porque o no había ni rastro de hierbas o estaban aplastadas.
Encontraron, además de lo daños a la flora del jardín, algunas fuentes con piedras sueltas o esculturas caídas y rotas. Había una en concreto que estaba ligeramente inclinada hacia un lado y otra, de menor tamaño, echa añicos, que quedaban cerca de la pérgola, así que aumentó el nerviosismo tanto de Raine como de Mikko, que seguía tan blanco como al principio de la búsqueda.

Sin embargo, no tuvieron oportunidad de llegar pues el sendero estaba obstruido más adelante por el tronco de un árbol. Y no uno cualquiera, si no uno de los más antiguos y grandes que se pueden encontrar tanto en ese jardín como probablemente en todo el reino. Un roble de hojas verdes, azules y moradas.
Se quedaron frente a él, mudos de la impresión y la cabeza de Raine empezó a funcionar como una máquina antes de tan siquiera reaccionar, escalar el tronco y subirse sobre él, ante la exclamación de Mikko.

Le resultaba imposible que la serpiente hubiera logrado derribar ese árbol, mucho menos haberlo partido en dos tan limpiamente. Sí, era enorme y seguramente con una fuerza descomunal. Pero dudaba que hasta ese punto y menos que lo hiciera por accidente mientras se desplazaba. Más que nada porque se salía de la ruta que había seguido.
Podía sacar la conclusión de que la serpiente no se había salido del sendero en ningún momento y que lo había recorrido sin más hasta quedarse atrapada. De vez en cuando, había husmeado por algún rincón del jardín, a escasos metros del camino. Allí vivían también muchos animales, la mayoría habrían huido al verla u oírla pero de seguro que alguno habría permanecido cerca y la serpiente habría notado su presencia. Pero en ningún momento parecía haberse desviado y haber tomado otro camino así que, si realmente ella había derribado ese árbol... lo había hecho por un muy buen motivo. Por eso, en vez de ir hacia la raíz del árbol, fue en dirección contraria, hasta su copa.

El mayordomo se quedó donde estaba, siguiendo a Raine con la mirada todo lo que la frondosidad le permitió. Él había llegado a la misma conclusión que ella pero no se veía capaz de subirse al igual que ella hasta ahí arriba y mucho menos caminar sin tambalearse.
No tardó más de diez minutos en volver a aparecer en su campo de visión pero a él le pareció más tiempo. Volvía más despacio eso sí, porque llevaba las manos ocupadas y aún así, bajó de un solo salto, sin ningún problema. No necesitó que le enseñara lo que traía
-Son restos de huevos y por el tamaño diría que son de Ave Roc ¿verdad?
-Sí Mikko, lo son... la pregunta ahora es ¿qué hacían ahí?-Mikko tragó saliva y miró a los huevos y a la Caballero alternativamente. Cuando ambos abrieron la boca para romper el silencio, el ruido de unos pasos los puso en alerta. Apareció Sebastián.
-Comandante, ya hemos hecho lo que nos ordenó-el mayordomo miró interrogante a Raine porque pensaba que de aquello se encargaban solo ellos; luego cayó en la cuenta de que alguien se tendría que haber encargado de la serpiente...
-Bien, entonces id a descansar...
-Hay algo que debería de saber, comandante-le interrumpió el chico y Raine frunció el ceño. Más problemas no.
-¿Qué pasa?
-No hemos encontrado señales de que alguien haya entrado al jardín...vamos, ni siquiera parece que la serpiente haya estado por la zona... todo está intacto.
Mikko abrió mucho los ojos, incrédulo por lo que oía y Raine apretó los dientes, sintiendo un sudor frío.
-¿Cómo es posible?
-Voy a ir a ver...-Mikko hizo amago de acompañarla pero Raine negó con la cabeza-quiero que los dos convoquéis un gabinete de emergencia. Acudiré en cuánto pueda.

Se marchó corriendo, dejando a Mikko y al joven caballero solos. El mayordomo suspiró y alentó a Sebastián a cumplir las órdenes de Raine.

Sólo unos pocos (y casi todos pertenecían a la orden) conocían cierta escalera secreta que había en la biblioteca, que conducía a una habitación que adaptaron como sala de reuniones privada para los altos cargos de la orden y de la guardia. Antiguamente, según Joseph (el único que había llegado a conocerla en los tiempos anteriores al abandono del palacio) era una sala de lectura privada, aunque algunos contaban que antaño se le daba el uso de picadero.
Cuando lo descubrieron, una vez tomara Carisa el palacio, había un par de estanterías resquebrajadas, una mesita redonda llena de polvo y telarañas, y numerosas velas consumidas para una lámpara de tres brazos, del que conservaba sólo uno. Pero también se notaba sobre el piso, las marcas de que allí hubo una cama alguna vez...

Se aprovechó todo lo que se pudo y lo habilitaron para el uso que le daban actualmente. Tomaban allí las decisiones más importantes relacionadas principalmente con la seguridad de Carisa, las más delicadas y las que nadie más, salvo ellos, debían conocer.

Por primera vez y por desgracia, hacían un gabinete como el que había convocado Raine.

Cuando la chica llegó, ya estaban todos sentados alrededor de la mesa, esperándola. Ella llegaba asfixiada pues una vez comprobó lo que le había contado Sebastián, pasó por su habitación a asearse y a cambiarse de ropa antes de llegar hasta allí.

Les puso al corriente de lo que había sucedido a lo largo de la mañana, de lo que había descubierto ella y lo que habían confirmado los guardias y algunos caballeros que habían transportado hasta fuera del jardín a la serpiente come-huevos. También, la cena desarrollada la noche antes con el duque. Joseph y Paulo la escucharon en silencio. Mikko también estaba presente, aparentemente más entero de lo que se había mostrado en el jardín.
-Creo que todos estamos de acuerdo en que esa serpiente no ha llegado hasta aquí de casualidad. También que nos quedan las dudas de ¿cómo ha llegado o quién la ha hecho llegar? Y ¿con qué intención?-enumeró Paulo levantando un dedo cada vez.
-Yo no puedo evitar ser subjetivo y sospechar de ese duque. No me gusta y anoche estuvo en el jardín ¿no?
-Sí, pero yo le estuve acompañando en todo momento hasta que llegaron Raine y la princesa, así que no tuvo tiempo de hacer nada. Si ha sido él, tuvo que enviar a alguien a hacerlo...
-Mikko tiene razón, Joseph, yo me aseguré de que fuera así-alzó una mano para que el hombre la dejara de acabar-como os he dicho, a mí tampoco me gusta, aún tratando más con él. Pero como le dije esta mañana a Mikko, debemos ser justos. No sabemos nada de él y cabe la posibilidad también de que el ataque fuera dirigido al duque y no a la princesa. O incluso a los dos.
Paulo movió la cabeza afirmativamente. Joseph hizo igual pero a regañadientes, porque en el fondo tenía razón.
-Pero lo justo no quita que sigamos siendo precavidos o incluso más-miro los papeles que tenía frente así y los fue revisando, apartando del montón sólo dos hojas-tendremos que redoblar la vigilancia... ¿y Leon?-se dio cuenta de que el jefe de la guardia no estaba presente.
-No ha podido venir, estaba ocupado-explicó Mikko simplemente
-Esta bien, luego hablaré con él... doblaremos la vigilancia, tanto en palacio como en el jardín. Uno o dos caballeros acompañarán a los guardias en los puntos más críticos y otros dos, se encargaran cada día de vigilar al duque, sin que este se percate de nada...
- No seria mas adecuado que lo supiera?-Joseph la miró con suspicacia y se mordió el labio inferior-al menos que lo sepa la princesa y así se crea la menor alarma posible entre nuestro invitado y sus súbditos-añadió al ver su apuro y Raine asintió con aprobación.
-Yo me encargaré de ello-carraspeó-bien, como os iba diciendo, también deberíamos...
Continuaron proponiendo y debatiendo ideas y medidas de seguridad para evitar más incidentes similares durante una hora. Principalmente, salvo a dos de los caballeros que seguirían o irían a realizar trabajos, el resto tenía que estar en palacio, dispuestos a actuar de inmediato en caso de necesidad o cumpliendo con lo que ellos habían planificado. Esperaban que eso garantizase la paz durante la estancia del duque en palacio o por lo menos, estar mejor preparados para reducir daños.
Por otra parte, montaron un dispositivo especial que coordinarían con los que trabajarían en la recuperación del jardín. De eso se encargaría Mikko. Y por último, también debían de organizarse en caso de posibles salidas a Lillya o cualquier otro lugar fuera de palacio. Era algo más improvisado y dependía exclusivamente de Carisa y de lo que el duque desease. Raine se encargaría de informar de inmediato en el momento en que supiera qué iban a hacer.
Por lo pronto, debía reunirse a solas con Carisa y hablar de todo lo que había ocurrido durante el día. Mientras, Mikko se llevaría al duque a que conociera la biblioteca...

-¡Raine!-Carisa la recibió con un abrazo nada más pisar el salón comedor. Estaban solas así que Raine le devolvió el abrazo, mientras el olor de su almuerzo hacía que el estómago le rugiera aún más. Carisa río.
La princesa ya había comido con el duque, como era de esperar, pero no le importó sentarse frente a ella y escucharla mientras le contaba todo entre bocado y bocado.
-¿Huevos de ave Roc?
-¿Recuerdas que sacamos unos polluelos más grandes de los que normalmente se sacan todo los años?
-Sí, hace unos días... ¿me estás queriendo decir que los restos de huevos que has encontrado hoy son de ellos?-Raine asintió
-Sí, con casi total seguridad son de ellos los huevos y sea lo que ha atraído a la serpiente hasta allí, aunque eso no es todo...-Raine le terminó de contar el resto y le informó de las decisiones que habían tomado respecto a su protección y seguridad.
-¿Y no sabéis quién puso los huevos allí o quién trajo la serpiente hasta el jardín? ¿por qué motivo?
Raine, sin saber muy bien si a consciencia o no, había intentado por todos los medios que Carisa no supiera que sospechaban del duque de Bonaventura y que se trataban de medidas de vigilancia más que de protección...
-Pensaba que era obvio que era para haceros daño a ti y al duque de Bonaventura...-la sonrisa le bailó en el último momento, traicionándola. A Carisa no se le escapó nada.
-¿Quién?-el rostro de Carisa empezaba a ensombrecerse y Raine decidió bajar la mirada a los platos que iban quedando vacíos.
-Con certeza, no sabemos todavía quién está detrás... pero sospechamos del duque...
-¡Raine! Mírame...-su tono imperativo hizo que tragara saliva y no se demorase en hacer lo que le pedía
-¿Por qué de él?
-Por la coincidencia de su llegada con lo que ha pasado hasta ahora-y porque no me gusta nada.
-En eso tienes razón pero sé que también has pensado en que esa coincidencia pueda deberse a que los ataques vayan dirigidos a él o no sólo a mí ¿cierto?-los ojos de Raine la delataron-¿por qué entonces vais a vigilarle?
Aumentó la tensión entre ellas porque Raine decidió guardar silencio y no contestarle lo que estaba pasando por su cabeza, que no sólo era la verdad... si no también, posiblemente, una impertinencia que sólo empeoraría las cosas.
Carisa esperó pacientemente durante unos minutos, dejó que Raine terminara de comer y después de exhalar un largo suspiro, dijo
-Lo siento Raine, pero si no tenéis motivos de peso para vigilarle, aunque se trate de mi protección... no puedo permitiros que lo hagáis. Quiero que esté lo más cómodo posible y así...
-No sabría que lo estamos...
-Raine-el tono que uso esta vez no era tan amable-es una orden. Quiero que lo dejéis tranquilo ¿está claro?
-Sí, señora
Fue una frase llena de tristeza por el nudo que se le había hecho a Raine en la garganta y Carisa prefirió ignorarlo, sabiendo que no era ninguna broma como otras que ella hacía. Aquel encontronazo, hizo que Raine apurase su bebida en el más absoluto y tenso de los silencios.

Pese a todo, Carisa le pidió que volviera a hacer sus labores como Caballero Guardián y la acompañó hasta la biblioteca, donde encontraron al duque de Bonaventura enfrascado en un gran y viejo volumen, uno de tantos que las doncellas habían encontrado y desempolvado precisamente para que él los disfrutara y estuviera distraído. Libros que contaban con pocas copias en toda Amaranta y que lo fascinaron lo suficiente para que se olvidara de la princesa... y de que lo que ocurría a su alrededor por él.
Mikko, notando la tensión que había entre las chicas, puso todo su empeño en distendirlo, hablando con ellas o contando alguna historia, haciendo así que las chicas se fueran relajando e incluso se burlaran de él. El ambiente se normalizó y las chicas volvieron a tratarse como siempre. Como si no hubiera ocurrido nada.

La tarde transcurrió allí al completo, cenaron dentro de palacio y después, cada uno marchó a sus aposentos temprano, ya que tenían pensado hacer una salida a caballo hasta Lillya por la mañana temprano. Raine mandó mensajeros para ordenar que se preparase el dispositivo para el paseo y se marchó hasta el patio del pozo.

Mikko la encontró tumbada boca arriba mirando al cielo estrellada, en mangas de camisa y descalza, con el resto del equipamiento de caballero disperso aquí y allá. A esas horas, prácticamente nadie cruzaba el patio.
-¿Qué haces aquí?-se sentó a su lado.
-Descansar
-¿Descansar? ¿por qué no vas a dormir a tu habitación?
-No creo que pudiera dormir
Raine tenía la misma mirada que cuando ella y Carisa habían aparecido en la biblioteca. Sus sospechas quedaron así confirmadas, algo había pasado entre ellas y la tenía muy preocupada. Sin embargo, también intuía que pasaba algo más...
-¿Y tú? ¿qué haces aquí?
-Vengo del jardín, querida-Raine se fijó en su botas y vio que estaban llenas de tierra, lo mismo que buena parte de unos viejos pantalones que se había puesto para trabajar.
-¿Ya habéis empezado?
-He querido hacerlo cuánto antes, hay mucho trabajo por delante. También lo hacía por ella, para que no se lo tomara tan mal...
-No, se lo ha tomado con mucha tranquilidad...-la sonrisa que había aparecido al oírle volvió a desaparecer. Mikko calló mientras se tumbaba a su lado en el espacio que le quedaba. Así no tendrían necesidad de mirarse el uno al otro y sabía que así a Raine le resultaría más fácil hablar. Y de hecho, cuando le preguntó, no se lo pensó mucho para contarle lo que había pasado en su almuerzo.
-Ya veo...

El mayordomo entendía ahora por qué Raine estaba así. No era porque ambas habían tenido sus diferencias si no porque esas asperezas, iban a influirles negativamente a todos. El problema radicaba en la naturaleza de la orden de Caballeros y en especial, la del Caballero Guardián

Los Caballeros eran formados y entrenados desde muy jóvenes para entregarse en cuerpo y alma a la protección de toda la familia real. Un grupo de soldados considerados la élite de todo el reino y cuyos servicios eran a veces solicitados por otros nobles para algunos trabajos puntuales con los que daban dinero a la orden, para financiarla, y a la familia real. Siempre con el consentimiento del rey Jacob o en su defecto, de la persona con la que estuvieran trabajando. Porque además de entrega y fidelidad, los Caballeros les deben obediencia.

Por lo general y desde hacía muchos años, no era un problema real. Al contrario, los Caballeros contaban con mucha libertad e independencia. De ahí la existencia de una jerarquía militar dentro de la orden y la figura de un comandante. Pero la última orden siempre estará en boca de aquel al que sirven

En el caso de ellos, de Carisa.

Si Carisa no quería que ellos no dejaran al duque con plena libertad de movimientos, para protegerla... podía obligarlos a que no lo hicieran.

Justo como había hecho, aunque supusiera ponerse a sí misma en peligro.

Raine sabía perfectamente y mejor que nadie todo eso pero Mikko sabía que era mucho más lo que le torturaba. Rara vez habían tenido problemas de ese tipo con Carisa y si había tomado esa decisión, era porque evidentemente el duque de Bonaventura había conseguido encandilarla. Lo cual sólo daba más peligro a la situación.
Desgraciadamente, también estaba Raine, que tenía una relación personal e íntima con la princesa por ser amigas desde pequeñas. Lo que añadía una serie de sentimientos hacia su protegida más allá de su oficio, provocándole más preocupaciones de las necesarias.

Normalmente se procuraba que entre protegido y Caballero no existieran ese tipo de vínculos pero desde hacía varias generaciones habían descubierto que, si se sabía llevar con profesionalidad, podría ser algo muy favorecedor. Pero también era cierto que hacía demasiado tiempo como para recordar cuándo fue la última vez en que Caballero y protegido compartían tanto...

...o si alguna vez había existido mucho más. Porque Mikko presentía que se trataba de algo mucho mayor. No sabía desde cuándo ocurría, seguramente se hubiera dado cuenta con la llegada de alguien capaz de conquistar a la princesa así. Pero sí sabía que Raine no se lo diría claramente y seguiría sintiéndose muy confundida y preocupada. Ella era así. Aún así, probó suerte...
-No deberíamos preocuparnos por ella, sabe cuidarse muy bien sola y en el momento en que note algo raro te lo dirá de inmediato. No es tonta...-intentó animarla sin éxito y al mirarla vio que tenía los ojos cerrados ¿Se había quedado dormida? Decidió cambiar de estrategia-de todos modos puedes arriesgarte a saltarte las normas y hacer lo que creas que es necesario. Olvidarte de que eres un Caballero y actuar como Raine de Sedna. Así eres libre...
-No puedo hacer eso, Mikko,-le interrumpió con voz ronca-las normas existen por algo y soy la comandante de los Caballeros. Soy la primera que debe cumplirlas para dar ejemplo,-la chica se incorporó-sería una irresponsabilidad por mi parte olvidarme de quién soy, por una cuestión tan personal.
Recogió todas su cosas, una vez puesta en pie y mirándole fugazmente, le dio las buenas noches, marchándose con paso lento. Mikko se había sentado también pero no se levantó, si no que siguió allí, con el cuerpo reclinado hacia atrás y apoyado sobre sus manos. Suspiró largamente y chasqueó la lengua.
-Tus sentimientos no son una simple cuestión personal...¡idiota!
Fue algo que no dijo muy alto porque sabía que de todos modos, Raine no le iba a escuchar desde donde estuviera, que sabía que no era en su habitación.

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Aclaraciones: 

-Mi fuente sobre el ave Roc es este enlace que encontré cuando escribí dicha parte

-En este fragmento de relato, explico un poco más qué son los Caballeros. No hace falta decir que parto de la base de lo que se conoce como caballero medieval. Sin embargo, tengo una idea mucho más compleja para los Caballeros de mi historia y que evidentemente, no está del todo trabajada, sería algo que reservaría para la novela. Así que pido disculpas si en algún momento, provoco confusión.

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