sábado, 2 de julio de 2011

Entrelazando destinos







Cerró la puerta y posó sus manos sobre ella, como si quisiera asegurarse que nada ni nadie la abriría de nuevo. Aquello empezaba a ser muy estresante. A sobrepasarle. Y no le gustaba.
Cinco minutos después se alejó de la puerta y se fue a su diminuto salón, a dejarse caer sobre el sofá. Por ella, se quedaba allí durmiendo toda la noche... y todo la mañana siguiente, si hacía falta. Pero sabía que no podía.
Sonó el teléfono y se levantó gruñendo. Debería haberlo colgado antes de intentar descansar, como había hecho con su móvil una hora antes.
-¡Hola Pequitas!
-Víctor, eres tú...
-¿Quién iba a ser si no?
-Cualquiera, en estos días me puede llamar cualquiera.-suspiró
-¿Quieres que vaya a verte? ¿has cenado?
-No, acabo de llegar a mi casa ahora mismo.
-De acuerdo, ahora mismo voy para allá... ¿Un chino?
-Prefiero japonés, si no te importa.
-Para nada, ya sabes que me quedo con los dos. En veinte minutos estoy allí.
Se despidió de él y fue a ponerse más cómoda. Encendió la tele, descolgó el teléfono y volvió a acomodarse en el sofá. Estaba tan cansada que estuvo a punto de quedarse dormida, si no llega a ser porque Víctor dejó clavado el dedo en el timbre. Abrió la puerta y pasó a su lado rápidamente, directo a la cocina, porque llegaba cargado de bolsas con la comida. Se dio cuenta de que traía más cosas que no eran del wok que estaba debajo de su casa. Empezó de hecho, a sacar un par de paninis y una pizza.
-¿Y eso?
-Las cosas de mi madre, que he coincidido con ella en la puerta de casa, le he dicho que venía a verte y me dice que no compre en el wok y ha sacado de sus bolsas de la compra todo esto-añadió además una botella de Coca cola.
-Lo guardaré en el congelador. Ya tengo comida para mañana.
-Me alegra ver que no has perdido la sonrisa, Pequitas.-Victor la miraba con ternura
-¡Deja de llamarme así, hombre!-le dijo pegándole un puñetazo en el brazo mientras sacaba lo que sí se iban a comer esa noche.
-Si en el fondo te gusta, ¿no llamas así también a la protagonista de tu libro?
-Es que ella sí es pelirroja y tiene muchas pecas, me pareció un buen mote-dijo refunfuñando.
-Tú también tienes pecas querida Luna, aunque no seas pelirroja-le dio otro puñetazo y fue a buscar la bandeja para colocar toda la cena.
Preparó después la mesa, quitando todo lo que había sobre ella en esos momentos, que eran todos los papeles relacionados con lo que ocurría en su vida últimamente y algunos manuscritos que seguía escribiendo, a pesar de todo. Se encontró además, entre ellos, un ejemplar de su libro. Víctor la encontró con él en la mano.
-Hasta tú misma tienes uno... aunque es lo lógico ¿no?
-Pertenece a la primera tirada y me lo dieron para que comprobara cómo iba a quedar. Es muy bonito, sinceramente...
-La portada va perfecta con la historia y la encuadernación es sencilla pero muy bonita y atrayente.
-Sabes que no ha sido eso lo que ha hecho que se empezara... a vender tanto.
-Sí bueno, el argumento de la historia...
No añadió nada más y se sentó en la mesa a la espera de que Luna trajera la bandeja con el sushi, el arroz, tallarines, algas (el plato favorito de Víctor) y rollitos de primavera. También se trajo la Coca cola y las salsas, la de soja y la agridulce. Cuando llevaban un rato comiendo le preguntó, queriendo cambiar de tema.
-¿Qué tal vas con tu chico?-su amigo se puso tenso y fijó la vista en lo que quedaba de los tallarines.
-Digamos que... no va.
-Se os veía muy felices-Víctor compuso una sonrisa muy amarga y dejó el tenedor sobre su plato.
-Esas eran las apariencias pero al final los celos acabaron con todo lo bonito y feliz que teníamos.
-¿Celos? ¿de quién?
-De una chica-a Luna se le cayó un tallarín de vuelta a su plato-no me mires así Pequitas, ya sabes que me han gustado las mujeres tanto como los hombres.
-¿Me tengo que sentir culpable?-movió la cabeza enérgicamente.
-No, para nada, no has sido tú la causante, no te preocupes.
-O sea, que te has enamorado de alguien más.
-Estas cosas pasan... y tú lo sabes mejor de lo que siempre he creído.
En su boca estaba esa sonrisa que pocas veces le veía, acompañada siempre de sus brillantes ojos verdes, lo que lo convertían en un chico irresistible para otras chicas. Luego dirigió un elocuente vistazo a su libro, que descansaba sobre el resto de cosas que había puesto sobre sillas o en el suelo. Exhaló un largo suspiro. Sabía que no tenía más remedio que afrontarlo. Era la única manera de ir adaptándose poco a poco a los cambios.
Con un gesto, le pidió que se lo diera y ella obedeció. Le dejó hojeándolo unos minutos mientras ella terminaba de despachar la cena y recogía todo para traer el helado del postre. Al volver, lo tenía frente a él, cerrado, sobre la mesa.
-Siempre te dije que eres una genial escritora y aquí-dijo señalándolo-tenemos la prueba de todo lo que he visto en ti durante estos años-Luna se fue sonrojando cada vez más.
-N-no es para tanto...
-No me hagas recordarte cuántos ejemplares llevas vendidos ya tanto en papel como en ebook.
-No hace falta... lo sé-contestó cabizbaja y Víctor le acarició la cabeza.
-Está siendo muy duro ¿verdad?
-Muchísimo, no esperaba nada de todo esto cuando decidí publicar la historia.
-¿No esperabas que gustases tanto?
-El editor me dijo que la historia era muy original y muy buena así que imaginé que tendría cierto tirón... pero no tantísimo. Estoy... muy agobiada-Víctor vio a su amiga apagarse con cada palabra que pronunciaba-de repente todo el mundo me conoce, todo el mundo quiere que le firme el libro o le dedique un autógrafo, o entrevistarme. No tengo tiempo para mí.
Víctor la dejó acabar y luego le cogió una de sus manos, para que se tranquilizara y se sintiera arropada por alguien como él, su mejor amigo.
-Me temo mi Pequitas que tendrás que acostumbrarte a ello porque vas camino de convertirte en un best-seller con tu primer libro. Y de eso no tenemos mucho en esta ciudad.

  "Tienes que tener en cuenta además que estamos en un periodo convulso para el mundo editorial. Es un momento de profundos cambios con la llegada del libro electrónico, con unas editoriales que no pretenden cambiar de momento el modelo de negocio y con una gran cantidad de libros en la calle, con precio abusivos, que no venden... y de los cuales la gran mayoría no tienen ni la mitad de calidad que el tuyo. Ni de originalidad. Tratas temas que no estaban de moda y que ya verás como en breve, saldrán publicados muchos similares al tuyo."


-Luego está, todo el contenido del libro-un escalofrío hizo a Luna encogerse en su silla. Ya hacía rato que había terminado su helado mientras que el de Víctor empezaba a derretirse-que, obviamente, sólo unos pocos afortunados podemos imaginar lo que hay detrás. ¿Me equivoco?
-No... y decirte lo contrario, sería mentirte.
Víctor sonrío e hizo un gesto de victoria para seguir comiendo en silencio su helado, mientras Luna seguía con sus cavilaciones sobre su libro.
Siempre le había gustado escribir desde que tenía consciencia de ello, porque siempre le había encantado inventar historias sobre todo lo que le rodeaba. Pero nunca se había armado de valor para escribir algo serio, largo y estructurado como era un libro. Empezó a hacerlo cuando sintió como necesidad imperiosa, el escribir, sobre lo que pensaba y dar forma a lo que sentía por muchas cosas que habían ocurrido en su vida en los últimos años. Con un toque de fantasía había nacido entonces aquel libro, que por ahora le estaba dando muchos quebraderos de cabeza. Más de los que le había aliviado.
-¿Quieres que me quede esta noche a dormir en tu casa?-el chico la sacó de sus cavilaciones.
-No hace falta. Además desapareceré muy temprano, en cuanto empiece con mis obligaciones.

No quedó muy convencido porque sabía que necesitaba mucho apoyo, pero también que cuando era tan retraída no había manera de tratarla. Y sabía que en esos instantes lo era; porque no debía de estar siendo fácil enfrentarse una y otra vez a aquello de lo intentaba liberarse. La intención al escribirla era esa precisamente. Para siempre quedaría grabado en su memoria el día que la terminó. No leyó nada hasta que salió el libro publicado pero Luna apareció en su casa a las dos de la mañana con una sonrisa que casi no recordaba y le dijo "Vic, me he quitado un enorme peso de encima. Y me siento muy feliz".
Todo estaba en ese libro, todo lo vivido, llorado y añorado. Esa era la clave de su éxito, la que ahora todos buscaban y sobre la que le preguntaban en cada una de las entrevistas que le hacían a Luna. Como aquella publicada en la revista que había visto en el suelo, junto al resto de sus cosas. Jamás lo sabrían y jamás sería hecho público. Al menos nunca de boca de su mejor amiga. Expondría demasiada intimidad.

Precisamente a una entrevista radiofónica era a lo que ella acudía de buena mañana. A esas alturas se había acostumbrado pues el proceso era siempre el mismo: una breve biografía, lectura de algunos extractos de su libro, presentación al público y entrevista entre adulaciones. Desde la editorial le apoyaban mucho y su agente iba a todas partes con ella, quien le tenía preparado siempre un guión para saber qué decir y cómo. Le ayudaba a recordar lo que siempre decía a unos y otros. Además, a su editor le convenía no revelar nada importante y dejarlo a la imaginación de sus lectores. Ella estaba encantada con esa decisión porque no estaba comprometida (ni obligada) a contar nada que no quisiese. A pesar de todo era agotador estar contando una y otra vez lo mismo.
-¿Victor? Sí, ya he terminado... ¿me ha oído tu madre?.............jajajajajajaja dale las gracias de mi parte.............. sí, te llamaba para eso precisamente.......estoy agotada y necesito desconectar........... ¿donde siempre?...............¿no?..................¿me quieres presentar... a tu amiga?............¡ah! Que me conoce.....................¡huy!, perdone-caminaba por el pasillo de la emisora buscando el ascensor para salir de allí seguida de lejos por su agente (que también hablaba por teléfono) cuando chocó contra alguien. Al dirigir su mirada hacia esa persona se quedó paralizada.
-¿Luna?-oyó que Víctor también la estaba llamando por teléfono y fue así como reaccionó por fin.
-No pasa nada... te llamo luego para confirmar hora ¿ok? Chao-se aseguró de colgar bien el móvil y se lo guardó en el bolsillo del vaquero.
-Sabía que vendrías hoy por aquí pero pensaba que ya te habrías ido.
Luna seguía en estado de shock, no había tardado en reconocerla... y estaba claro que Ángela tampoco. ¿Cuánto hacía que no la veía?
-He terminado hace media hora y mi agente estaba resolviendo algunos asuntos mientras buscábamos la salida.-seguía a varios metros de distancia, de hecho estaba segura de que incluso había dejado de caminar. Consultaba ahora algo en su carpeta.
Miró un instante sus ojos marrones, de color chocolate y volvió a desviar la mirada. Ella en cambio la examinaba detenidamente.
-Me alegra saberlo... Tenía ganas de verte.
Tuvo que mirarla de nuevo a los ojos, sorprendida de aquellas palabras, pudiendo ver así todo el arrepentimiento que había en aquella mirada... y en su triste sonrisa. Darse cuenta de lo mucho que tenían que hablar .

Lo arregló con su agente para tener el resto del día completamente libre, e incomunicada del mundo editorial. No estaba para nadie más que para ella misma. Ángela le dijo que estaba trabajando de becaria pero que acababa de finalizar su jornada, así que decidieron irse juntas a comer. A un lugar que les era muy familiar y les traía muchos recuerdos. Muy apropiado.
-Está todo igual-Luna asintió porque sabía que a ella no le importaba lo más mínimo lo estético (algo que sí había cambiado en esos años), sí quienes iban y venían, o trabajaban allí, que sí seguían siendo los mismos.
-Es lo que te gusta, que nada cambie a tu alrededor-una amarga carcajada brotó de ella... Así sonaba la sonrisa que había lucido en todo momento.
-Una cosa es lo que me guste... y otra la realidad. Con el tiempo me he dado cuenta de que es una mentalidad con la que se reciben palos de más-la miró ahora de forma intensa-. Sin hablar de que nunca fui fiel a mis principios... y deseaba profundamente que los vientos cambiasen de dirección-el camarero llegó oportunamente para tomarles nota y Luna aprovechó la coyuntura para cambiar de tema... o al menos prolongar un poquito más lo más importante de aquella conversación.
Le preguntó por sus estudios y así, hasta la llegada de la comida, hablaron de temas triviales, como si realmente fueran dos amigas que llevaban tiempo sin verse y se estaban poniendo al día. Después de unos minutos de silencio, mientras probaban lo que tenían delante, Ángela decidió tomar a la rosa por las espinas. De una vez.
-¿Sabes? Estoy muy sorprendida... hace tantísimo tiempo que no te veo, que ni siquiera sabía nada de ti. Y la primera noticia que tengo, después de estos años, es que te estás convirtiendo en la escritora revelación del país. Desde luego una forma muy curiosa de reencontrarnos-Luna admitió que tenía razón y se percató además de que no sería la única que habría vivido esa misma experiencia. Darse a conocer y reconocer. El corazón le dio un vuelco y la sensación que le había embargado al ver a Ángela, volvía de nuevo a la carga. Aquello...
-Ha sido muy repentino, no esperaba llegar tan rápido a tantas personas... y menos a algunas en concreto.
-Probablemente ciertas personas te dirán que ni se han molestado en leerte pero, como profesional, te puedo garantizar que todo el mundo ha leído al menos todo el material que está saliendo sobre el libro-le guiñó un ojo-y es suficiente para animarles a comprarlo.
-Eso podría explicar muchas cosas-dijo Luna riendo. Ángela también esbozó una sonrisa más dulce.
-Yo confieso que lo he leído, y me estaba preguntando... si la ficción es tan cercana a la realidad como me lo ha parecido-Luna la miró detenidamente en silencio, sin saber muy bien qué decir.
-¿De verdad quieres saberlo?-Ángela movió la cabeza enérgicamente, asintiendo-¿puedo confiar en que n...?
-Te lo estoy preguntando como Ángela. Como tu ex amiga... como persona, no como periodista. No soy tan cruel como para ir a contarlo a cualquiera-le interrumpió con brusquedad. Luna fue bajando lentamente la cabeza para dejar su ensalada como lo único presente en su campo de visión mientras volvía a hablar.
-Sí... hay mucho de mí en esa historia.
Ángela fue abriendo muchos los ojos para luego desviarlos hacia la ventana que tenían junto a su mesa. Dejó los cubiertos sobre el plato, manteniendo las manos sobre la mesa. Calibrando lo que le acababa de decir y las repercusiones que eso traería en su vida. Ya se las imaginaba, porque intuía que podía ser así, pero ahora que volvía a chocar con la realidad... su realidad.
Quiso reírse de las paradojas de la vida pero también deseaba llorar por lo que sólo una mueca llegó a su boca.
-Francamente... no sé si pedir perdón... si exigirte disculpas a ti... si llorar... si alegrarme porque Víctor consiguiera por fin abrir tu mente... que los vientos realmente cambiasen un poco-Luna reprimió las ganas de reír -al recordar la confesión de su amigo la noche anterior- al ver tan hundida a Ángela. Si tú supieras...
-Si quieres llorar, llora... pero no creo que haga falta pedir perdón, ni perdonar nada. Escribir este libro fue un bálsamo para mí y me sirvió para canalizar las cosas... y poner distancia de ellas.
-¿No sigues sintiendo lo mismo?-respiró hondo y calló unos momentos para buscar las palabras más adecuadas. Se le ocurrían cientos de respuestas a esa pregunta, y de la que diera, dependería lo que ocurriría en un futuro. Suspiró antes de darla.
-A mí no me han gustado nunca las mujeres, eso lo sabes bien. Pero tú diste vida a unos sentimientos que no he vuelto a tener con nadie. De eso me di cuenta cuando estuvimos juntas aquella noche. Sin embargo estaba muy confundida. Éramos aún muy niñas... y tú no tuviste paciencia.
-Lo siento...-susurró con lágrimas en los ojos.
-Me fallaste como amiga y me hiciste mucha falta cuando más te necesité. Y no lo pude soportar.
-Lo siento-Ángela finalmente fue vencida por el llanto y a Luna le dieron ganas de llorar también pero hizo todo lo posible por mantener la compostura. Decidió coger una de sus manos entre las suyas para tranquilizarla. Quiso consolarla pero inesperadamente ella volvió a hablar.
-No tienes razón cuando dices que no hay que pedir perdón porque sí debo pedirte perdón, por no estar ahí en los momentos más duros de tu vida. Fui muy egoísta por no ser capaz de comprenderte y sólo mirar por mi dolor, el que sentía pensando que jamás me corresponderías. Sin creer en el cambio, aunque lo deseaba con toda mi alma.
Lo que quedaba del almuerzo se enfriaba en la mesa, mientras Ángela intentaba tranquilizarse. A Luna se le iba formando un nudo en la garganta cada vez más doloroso. Si ella seguía así, no tardaría en unirse a su tristeza. Apretó sus manos.
-Igual que tú no creías en los cambios, yo no creo en el futuro. Así que no sé que puede ocurrir pero... podríamos volver a recuperar nuestra amistad. Pero debes saber que nada será igual, que todo habrá cambiado-la insistencia en su defecto hizo reír a Ángela porque lo hacía desde el cariño que seguía albergando hacia ella.
-Claro que lo sé, boba-se pasó la mano libre por su rostro para limpiar sus lágrimas-y creo que merecerá la pena esta segunda oportunidad. Eso sí sé aprovecharlo-añadió sacándole la lengua.
Se miraron con ternura, retomaron la comida y sin más, volvieron a otros temas de menor relevancia. Al cabo de una media hora se despidieron en la puerta, después de intercambiarse sus números de móvil y correos electrónicos. Ángela se marchaba a resolver algunos asuntos y Luna iba a encontrarse con Víctor y su amiga en una tetería que quedaba a dos manzanas de allí.
Caminaba con paso tranquilo y se sentía muy ligera a pesar de todo lo que habían comido. Pero es que la sensación que la había embargado al ver a Ángela era muy parecida a la que tuvo al terminar de escribir Scriptora: el de haberse quitado un peso de encima. Con el añadido de que además... se sentía muy realizada. Porque había descubierto la magia que le había aportado su propio libro. Y eso hizo que se le dibujara una amplia sonrisa en la cara.
*
*
*
*
*
*
*

Lo prometido es deuda. Y es sólo el comienzo ;)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios serán moderados a partir de ahora, sean pacientes si no lo ven publicados de inmediato.Rogaría no hacer demasiado spam en los mensajes, ni insultos, ni groserías, etc, etc. Por lo demás, todos los comentarios serán bienvenidos y muy agradecidos por servidora :D