miércoles, 11 de noviembre de 2009

Soldado y caballero

Tu lugar de trabajo es ahora un campo de batalla.Y aunque te ha costado sudor y lágrimas, esto no ha hecho más que empezar. Sólo eres un peón, un soldado, en medio del tablero de ajedrez. Eres la pieza prescindible pero útil, de capacidad limitada, la más despreciada y peor pagada. El arma arrojadiza que sirve para atacar al otro bando. Porque aunque todos sonrían como buenos amigos, nadie se fía ni de su sombra.

La ineficacia, estupidez e ineptitud que has vidido directa o indirectamente antes de llegar a donde estás, la sientes en tu carne de cañón. A fin de cuentas, ese es en realidad tu trabajo.La cruda realidad. La de recibir los golpes por los errores de los demás, la de pringarte de la mierda que no es tuya y no poder más que callar. La de aguantar lo que te caiga si quieres tener un futuro mejor o conseguir lo que deseas.

Eres el último en llegar y todos están por encima de tí, menos aquellos que están recorriendo el camino que tú ya has hecho. A aquellos a los que te gustaría enseñarles cómo aguantar lo que  tú estás sufriendo... o sencillamente decirles que se dediquen a otra cosa. O si lo desean y pueden, que se busquen un lugar mejor para empezar a trabajar. De seguro que cualquier cosa es mejor.

Nadie (a veces ni uno mismo) se da cuenta del valor que tiene un peón en el tablero, pues es algo más que un kamikaze que se sacrifica por el bien de todos o tras el que se escudan los cobardes. Un buen estratega sabe que si juega bien sus peones puede llevarse la victoria.Que un peon en terreno enemigo, puede ayudar a dar jaque mate... o convertirse en la dama que puede dar la vuelta al juego.

Porque a veces siendo un simple soldado raso, se puede tener más valor, más coraje, ser más trabajador y más luchador que muchos de lo que están por encima de tí. La única diferencia puede ser la inexperencia, lo único por lo que no puedas ser todo un caballero.

Caballeros que siguen aguantando en pie, con su paso lento, por sí mismos, por lo que aman y por todos aquellos que vienen detrás a seguir los mismos pasos. Para que el oficio no se pierda o se gane la guerra. De que ese campo de batalla deje de sembrar cadáveres año tras año.

O porque simplemente desean escapar cuanto antes y darlo por imposible

Siendo testigo de tales cruces de espada, no me extraña ver a más de uno huyendo lejos, muy lejos de tanto veneno. A nadie le gusta que sus huesos sirvan de adorno.

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Y es que puedo jurar, que a veces la ficción puede superar a la realidad.

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