martes, 13 de octubre de 2009

Las tiendas desaparecidas


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Esta semana, me siento identificada con el artículo de Pérez Reverte, hablando de las tiendas desaparecidas, hecho que compara con las bajas en una guerra. Ya hace tiempo que yo pienso lo mismo y de hecho, no hace mucho (apenas un año o año y medio) escribí en mi fotolog esto:



Después de varias entradas anteriores hablando de política y las formas de hacer las cosas en este país, tal vez no extrañe tanto ésta. La verdad que escribo esto, no por alguna noticia controvertida que haya leído ni nada. Hoy escribo sólo por una imagen, la que tenéis en pantalla.
Tras tanto tiempo, pasando chorrecientas veces por esa calle y ver una buena tarde que han cerrado la tienda a cal y canto (y más si apenas un mes o dos antes estaba abierta) te hace pensar muy seriamente en lo de la crisis. Además me hizo recordar algo que no suele salir en los medios: lo de la crisis no es de hace dos días.


Ahora todo el mundo, desde la huelga de transportistas, se habla de crisis a todas obras: que si la crisis inmobiliaria, que si el gasóleo está muy alto, que si... pero esto viene ocurriendo desde hace unos años, desde que entró el euro. ¿Qué cómo lo sé? Ventajas de que tus padres hubieran tenido abierta una tienda durante varios años.


Como decía, mis padres montaron una tienda en un barrio de Málaga perdido de la mano de dios pero que la verdad, los dos o tres primeros años, la cosa iba muy bien. Yo era muy pequeña aún pero sí recuerdo que los días claves (días del padre, de la madre, santos conocidos, Navidad, Reyes...) la tienda siempre se ponía de bote en bote y mis padres siempre hacían buena caja.
Las cosas comenzaron a cambiar cuando entró el euro a España. A los problemas del cambio, de la gente usando aún la peseta, que no sabía cómo manejar el euro... se unió el hecho de que no se cumplió una promesa que es la desencadenante de esta crisis: no se mantuvieron los precios de los productos tal y como estaban cuando se pagaba en pesetas.


Los precios se mantuvieron tal cual durante un corto periodo de tiempo, sin embargo, a principios de cada año, los precios subían: el pan, el autobús, los juguetes, los productos de limpieza...
Se subían los precios y eso se notaba porque el otro gran problema era que no se subían los sueldos de las personas. Se pagaba más pero se ganaba menos. Y eso pronto, se empezó a notar en el pequeño comercio.
Muchos de los clientes de mis padres, eran parejas jóvenes, recién mudadas allí, que tenían que pagar mucho por la casa, los impuestos... y por lo tanto, gastaban cada vez menos en los pequeños comercios. Ocurría la paradoja de que se sentían atraídos por las ofertas de las pequeñas superficies y los hipermercados, comprando al mes del tirón todo y después no aparecían por el barrio nada más que para lo diario, el pan, la carne, la fruta y los embutidos.


Mis padres en un principio lo achacaron a la apertura de los chinos (que empezaron a llegar poco después del euro) y de los bazares, además de un supermercado cercano al barrio. Sin embargo, mi padre empezó a notar que los problemas para llegar a fin de mes no era cosa sólo nuestra. Las cosas iban mal en todos lados: en los almacenes de los polígonos industriales donde compraba, tiendas de otras personas que conocía...

Lo que ocurre es que el problema de la crisis económica, solo empezó a afectar al pequeño comercio, muy maltratado por el gobierno. La prueba está en las facilidades que tienen los chinos para abrir una tienda (no pagan impuestos los primeros años) y los prolíficos que son. Se favorece más a las grandes superficies de tal manera que así fue como mis padres acabaron cerrando la tienda y poniéndola en alquiler.




Hablaba hace un par de actualizaciones (y la de hace más tiempo) de la importancia de los recuerdos, de la importancia que tienen ciertos lugares de la ciudad, de las pequeñas cosas de la vida...
Uno de esos lugares, puede ser una tienda. Las tiendas, de lo que sea, forman parte siempre del paisaje urbano de cualquier ciudad y muchas de ellas también forman o han formado parte de nuestra vida. Las tiendas y supermercados de nuestro barrio, aquellas donde ibas con tu madre de pequeña a comprar, a las que has ido después para hacerle la compra a tu madre, la tienda donde has ido a comprar un regalo, los materiales para el colegio, el instituto...
Pero, aunque no hayamos entrado nunca, o sólo algunas veces, cuando frecuentas por según qué lugares, esas tiendas están ahí y casi siempre te paras en su escaparate para ver sus cosas. Por curiosidad o por simple impulso consumista. Pero lo haces. Y cuando llevan años y años allí, llegas hasta no fijarte en ella a menos que realmente necesites comprar. Entonces ocurre como todo en esta vida: sólo cuando pierdes algo, te das cuenta de lo que te importa.


Cuando cerró la tienda que veis en imagen (la misma que puse cuando escribí en el fotolog) pues me chocó mucho. Han cerrado en el centro, desde que se hizo oficial esta crisis, muchas no, muchísimas tiendas. Pero hay algunas tiendas, como ésta, te chocan más porque son tiendas que llevas viendo abiertas desde hace muchísimo tiempo y de buenas a primeras, en una semana escasa, si acaso dos, cierra de forma radical. Ni sabes si han liquidado, si la vendían, traspasaban o qué. Y en el mismo corto periodo de tiempo, en apenas unos pocos de meses, la tienda se ha transformado en un vistoso restaurante.


Hay otros cierres, que duelen más. El que habla Reverte en el artículo: el cierre de una juguetería. Cuando yo era niña, todavía jugaba con los juguetes de toda la vida y uno de mis juguetes preferidos eran los muñecos de goma de todos los personajes imaginables: desde Asterix y Obelix hasta los personajes de Bola de Dragón, pasando por los de Oliver y Benji o los de Barrio Sésamo.
Recuerdo que en Málaga había dos tiendas donde solían mis padres comprarme unos muñecos que a día de hoy, sólo conozco un sitio donde lo tienen de adormo y que han pasado casi a ser objetos de colección: la llamada doble curva (en Semana Santa) donde a día de hoy hay una peluquería en la Plaza del Carbón y la mencionada juguetería que se encontraba al salir de Calle Nueva para ir a Calle Larios o en todo caso, a la Plaza de la Constitución.
En la doble curva, había una tienda dedicada casi exclusivamente a la venta de estos muñecos pero con el tiempo, fue cerrada. A día de hoy está la peluquería pero no recuerdo cuántos tipos de negocios han pasado por ese local. En cambio la juguetería ha seguido allí, desde antes que yo naciera hasta hace muy poco.


Sobre mediados de Diciembre del año pasado, mi madre me dijo que había estado allí y que había visto una caja registradora con varias tonterías más para regalársela a mi prima pequeña en su cumpleaños. Me dijo que se la comprara, que estaban de rebajas......... estaba liquidando para cerrar.
Y un día que salí pronto de clase, me llegué. Era muy pequeña cuando iba allí pero recordaba vagamente cómo era y quién solía atender. Había dos chicas jóvenes y se notaba que la tienda la habían remodelado por dentro. Claro, al cabo de unos años, habrán tenido que ir arreglándola conforme fuera necesario. Y sí, estaba liquidando. Tenían grandes rebajas porque iban a cerrar. Pasado unos meses lo que a día de hoy se encuentra allí es una moderna joyería.


Esto no es más que un pequeño ejemplo de cierres y aperturas de nuevos negocios en la calle de nuestra ciudad. La mayoría de las veces, son chinos los que abren un nuevo negocio porque parecen casi los únicos que permanecen impasibles ante la crisis. Y pocos son los que cierran.


A lo largo de este verano, he visto muchas tiendas en alquiler, venta, traspaso... e incluso algunos locales quemados completamente, momentos en los que te preguntas si es que realmente ha sido un desgraciado accidente o que el dueño, por pura desesperación lo queman para cobrar el seguro... si lo tienen. Es preferible no saber lo que serían capaces de hacer esos pequeños empresarios por su negocio.


Hay quiénes creen (y supongo que los habrá también) que quién monta una tienda lo hace para ganar dinero fácil. Quién lo piense así y lo consiga hacer, felicidades. Porque para montar un negocio así se requiere mucho sacrificio, mucha inversión y un mínimo de conocimiento de mercado, de saber dónde estás situado y qué se puede vender mejor en ese sitio. Una tienda no se monta así como hace y requiere esfuerzo y por supuesto, mucha ilusión.
En la mayoría de las ocasiones, quienes montan un negocio porque necesitan una fuente de ingresos extra para la familia... o algo con lo que vivir. De hecho muchas de esas familias que han tenido que cerrar esos negocios, como mis padres, vivían de ese negocio y llegaba un momento en que la tienda no daba para comer la familia. Y se tienen que buscar un trabajo, alquilando, traspasando o vendiendo el local para sacarle unos últimos ingresos.


Como bien dice Reverte, ese esfuerzo y ese tiempo que se invierte en esos negocios, que luego marcan la vida de los demás además de los dueños, por el trato diario de quién te atiende con quién compra, con quién consume. Un trato de confianza que no existe en las grandes superficies. Un lazo que se estrecha año tras año, se acaba perdiendo, destruyendo por culpa de esta crisis. Una crisis que como siempre diré, empezó hace muchísimo tiempo, cuando entró el euro y nuestro querido presidente, en vez de ayudar al pequeño comercio, apoyaba a las media y grandes superficies. Las ayudas que existen ahora las ha dado cuando es demasiado tarde y la mayoría de esos pequeños negocios están hundidos en la ruina... o en la mierda.



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