martes, 17 de octubre de 2017

Hopepunk y la importancia de hacer otras narrativas

New life por ryky

Antes de nada recuerdo que los comentarios estarán estrictamente moderados con lo que si tienes ganas de dejar un comentario para ser ofensivo, irrespetuoso o darme la chapa política, mejor te ahorres el tiempo. No voy a publicarlo.

Tampoco era el artículo que tenía programado escribir porque siendo el #LeoAutorasOct veía más adecuado publicar el siguiente que tocaba de #Adoptaunaautora y hablar de Las tierras oscuras. Quería hablar de ello más adelante, pero dada las circunstancias, creo que es el mejor momento de hacerlo. Va a ser largo, suele pasar cuando reflexionas sobre asuntos tan complejos, tan complicados. Si no te interesa, puedes dejar de leer. Prometo, eso sí, que pese a ello, también hablaré de historias. Queramos o no, esto influye a los que las creamos.

Si usáis con frecuencia Twitter es posible que os llegase algún eco del debate que se generó hace un mes sobre el #hopepunk. Si por casualidad no lo usáis o no os llegó os  dejo el artículo de Laura que provocó dicho debate y hablaba de lo que era. Leedlo con calma antes de seguir leyéndome a mí. Intenta entender todo lo que expresa. Puedes estar de acuerdo o no (con todo o con partes del mismo) pero que no sea porque no lo has entendido o no lo has leído entero. No es difícil. Si además te gustan las historias, las lees e incluso las escribes, te darás cuenta de que está hablando de algo que no es nuevo, que es o son esquemas que existen de siempre.

¿Por qué digo todo esto? Resulta que pese a la claridad del artículo, hay quién no sólo no lo entendió y se enrocó en su postura, sino que además le parecía mal y llegó al insulto tanto con Laura como con otras compañeras. ¿Qué es esto de un mundo de piruletas y color de rosa? ¡Eso no existe, es imposible! dicen muchos mientras agarran sus libros llenos de personajes grises o negros con tripas por todas partes. Como si creer o querer más historias Hopepunk fueran a quemarse, por arte de magia, tus libros grimdark.

Que alguien no quiera perder sus privilegios no me resulta raro. El que se consideren historias normales y corrientes o más positivas me hubiera resultado muy chocante de no ser porque coincidió entonces con una discusión que me hizo pensar que sí que tal vez estas historias sí que hacen más falta de lo que pensamos.

Después de los episodios de los últimos días, de las últimas semanas, no solo hace falta sino que lo veo completamente imprescindible.


La negación de la realidad para la normalización de la violencia


Creo que sabéis a qué me estoy refiriendo ¿verdad? Siento no decirlo claramente pero miro un poquito por el SEO del blog y no quiero que salga en búsquedas equivocadas. Lo siento.

De todos modos estos días estamos siendo testigos de la implosión de una tendencia que estaba ya presente en nuestras vidas desde hace tiempo. Quizá demasiado.

A mí me sorprendió hace dos semanas el cómo tanta gente era capaz de ver normal e incluso justificar la violencia hacia el otro con la excusa de la legalidad. No era la primera, ni será la última vez que vea esas imágenes: es demasiado habitual cada vez que se sale a la calle, sobre todo desde hace años. Cinco. Seis. Puede que un poquito más. Pero era la primera vez que veía a la gente reaccionar así. Y tanta.

¿Cómo es posible? ¿qué ha cambiado en todos estos años? ¿la gente que sigo y leo? Tal vez. Pero la respuesta la tuve hace unas semanas, los días que mis padres no vieron otra cosa que noticieros y programas similares. Y como digo, no sé cómo no caí en la cuenta cuando esa ha sido la línea general durante los últimos años.


Una de las principales fuentes de historias que tenemos hoy en día es la televisión. Con las nuevas tecnologías muchos no dependemos exclusivamente de ella para estar al día de las noticias, ver películas, series, programas o documentales. Si me apuráis ni para ver deportes: muchos de las televisiones de pago te permiten ver sus canales a través de internet, en tu ordenador.
Pero otras tantas personas no utilizan las nuevas tecnologías, sea por la edad (como mi abuela), sea por desconfianza (mis padres), o sea porque no se llevan bien con ellas. Entonces la llamada “caja tonta” se convierte en esa fuente indispensable de ocio e información.

Ocurre además que el ordenador lo tengo en una mesa-escritorio en el salón y por tanto, a menudo, me toca escuchar e incluso ver mucho de lo que echan en televisión. Muchas veces es un coñazo, hablando pronto y mal, otras pues puedo pasar o me gusta lo que están echando. A veces puede ser insoportable, como estos últimos días. Pero de otra manera no sé yo si habría comprendido tantas cosas.

¿Qué diferencia a la tele de ahora a la de hace unos años? El contenido y la... llamada “línea editorial” de las cadenas que a día de hoy más que una ¿sugerencia? es la norma y a veces casi ley de todo lo que echan.

No nos confundamos, no estoy hablando sólo de ideología política. No es sólo izquierdas o derechas. Hay cosas que las he visto en canales teóricamente diferentes en ese sentido. Apostaría que es la tónica general en la televisión.

¿De qué hablo?

De que cuando pones el telediario y ¿cuántas noticias positivas echan en comparación con las negativas? y de esas: ¿cuántas están bien contadas? ¿cuántas son reales? ¿cuántas no están relacionadas con un deporte y en concreto el fútbol o ciertos futbolistas? ¿cuántas son recientes y no de hace dos meses para rellenar el telediario del día?

¿Habéis probado ese experimento? Deberiais. No hace falta hacerlo durante varios días, con uno o dos son suficientes.

A mí me bastó la semana pasada cuando por twitter veía una serie de imágenes bonitas, positivas y esperanzadoras mientras que en un programa de la tarde, a medio camino entre telediario y programa de debate, no dejaban de hablar de tensiones en tal y otro sitio, y que ha pasado esta movida y ha pasado otra. De esas imágenes que digo que veía, pusieron casualmente una o dos. Y gracias.

Me bastó cuando tuvieron que salir programas de entretenimiento y personajes televisivos que no son santo de mi emoción llamando a la calma y cambiando un poco su línea habitual para transmitir más paz y amabilidad

Y me bastó recordar cómo observé hace unas semanas las reacciones de mi abuela al ver todo lo que echan en la tele. Mi abuela va camino de los 88 años y tiene la cabeza casi perdida. Pero aún tiene consciencia de las cosas. Y cada vez que ve las noticias solo piensa en lo mal que está todo y lo mucho que odia a tal y cual. Al principio me hacía gracia. Ese día pensé: es que realmente ¿qué están echando en la tele para que piense así?

Pues están echando en la tele lo que llevan años echando. Desgracias. Violencia. Lágrimas. Sangre. Tripas. Si no hablan de atentados, hablan de desastres naturales, si no han asesinado a una mujer, o ha habido una terrible matanza. Y eso si no están, por supuesto, hablando de política nacional o internacional. Las movidas, claro. Que un político o un partido haga las cosas bien es raro, a menos que se trate de un afín a la "línea editorial"...

El efecto que esto produce, más si no te molestas en buscar otra información, es que parece ser la tónica natural. Que es lo natural. Y esto es mucho más terrible que el hecho de que ya ciertas imágenes nos produzcan indiferencia: es la aceptación de la violencia como la norma, hasta tal punto de llegar a lo que hemos visto estos días atrás.


El valor del #hopepunk y otras narrativas


¿Por qué existe esta tendencia hacia lo violento? ¿qué interés hay en la dominancia de ese discurso? Creo que me podría dar para otro artículo y no pertenecería a este blog. Pero basta con mirar atrás, con analizar lo ocurrido últimamente para darte cuenta.

Mi idea es otra: reflexionar sobre el tipo de historias que leemos y construimos. Sobre todo los que construimos.

¿Influye en la ficción? Sí, muchísimo. Y no sólo en lo que se crea si no en muchos aspectos más.

Uno de ellos es algo que observo también últimamente: cualquier obra de ficción está sujeta de ser valorada como peor o mejor dependiendo de la cantidad de tiros que tenga entre sus minutos de visionado o número de páginas. Para muchas personas, que no tenga acción o sea poca, hace que esa obra sea automáticamente una mierda. En el mejor de los casos. En el peor, por supuesto, entran las valoraciones machistas por las que bueno, consideran que es una obra muy... femenina. De mujeres y para mujeres. Y por tanto ¿cómo voy a leer algo así? ¡mi masculinidad!

¿Os resulta familiar con algo que ya he comentado más arriba?

¿Exagero? Tampoco. Un ejemplo es el libro de Karen Lord, El mejor de los mundos posibles, que lo he leído recientemente. Un libro cifi que recomiendo encarecidamente y que bueno... basta con que os paséis por algunos comentarios de una estrella para comprender lo que digo. Encontrar demasiado romance, o no ser como la cifi clásica puede suponer un serio problema para algunas personas...

Independientemente de que las opiniones son como los culos -cada uno tiene la suya-, me resulta un tanto terrible valorar negativamente una obra simplemente porque no cumplía tus expectativas o no era para ti, y no tanto porque el libro en sí realmente es malo. En esos casos, yo suelo abstenerme de valorar o si lo hago, intentar razonar bien por qué.

Esto nos lleva al segundo punto y que es aún más preocupante: la inclusión fácil y banal de la violencia en todas sus manifestaciones en cualquier tipo de ficción. Y cuando digo cualquier tipo, son todas las obras independientemente de si son o no grimdark.

Los libros, las películas y series, los videojuegos... al igual que los telediarios y los periódicos, influyen en mayor o menor medida en tu pensamiento. Son historias de ficción, muchas veces con un alto grado de irrealidad o fantasía, pero todas tienen una base real. Tienen una ideología incluso. Te hacen al menos reflexionar. Te hacen ser consciente de algo que desconocías. Y a veces, sí, crean una corriente de pensamiento.

¿Cuántas veces has visto aquello de que Disney me estafó con las historias de príncipes azules? ¿cuántas veces has oído o pensado incluso que te gustaría tener un novio/a como fulano o fulana de tal serie juvenil? ¿o vivir una historia como la de tal libro? Y sorpresa: no ocurre así. De hecho, si no ocurre así: felicidades. Muchas historias románticas perpetúan en sus libros roles y conductas tóxicas, erróneas y machistas. Violentas, incluso.

Esto es solo un ejemplo pero nuestra ficción está plagada de una violencia naturalizada. Banal, incluso. Llega hasta tal grado que quiénes escribimos nos sorprendemos, cuando tomamos consciencia de ello, encontrando dichos elementos en nuestras propias obras. Nos horrorizamos incluso. Pero es que no hemos hecho más que repetir los esquemas que hemos visto en otras obras que consideramos en muchos casos hasta referentes importantes.

Me refiero por ejemplo a las violaciones ejercidas sobre todo a mujeres. O al machismo sistemático en la fantasía medieval. A la alegría con la que nuestros personajes maten a otros sin ninguna consecuencia. A ver cómo un problema o un asunto político introducir personajes LGTB+ en nuestras historias. O a otras minorías. O que existan otras etnias que no sea la nuestra... Y podría seguir así con una larga lista de cosas que hacemos sin darnos cuenta y si lo pensamos bien están mal.

Es posible que llegados a este punto os hayan dado ganas de tiraros de los pelos o incluso dejar de leerme. Lo comprendería, la verdad xD. Pero espero que seáis capaces de seguir leyendo porque lo importante viene ahora.

Sí, es aquí dónde entra el Hopepunk y el valor que tiene a día de hoy.

¿Qué es el Hopepunk? Es lo que decía Guillermo del Toro hace poco en la presentación de su última película: es el punk de nuestra época. El amor. Las emociones. Reclamar la importancia que necesita tener en nuestro día a día. No todo es violencia, ni debe de serlo.

Esto no significa que no deba haberla en vuestras obras. Significa que no sea el centro de vuestras obras, que debería dejar de serlo. Significa que seáis responsables con lo que escribís, cómo y a quién. Significa comprender que hay otros tipos de narrativas o de historias igual de válidas, que ninguna es más o menos. Y que se pueden escribir siempre y cuando estés dispuesta a hacerlo. O quieras.

Porque sé que hacer cambios así cuando llevas tanto tiempo en la misma dinámica es difícil. Y que por lo general tendemos a lo cómodo y fácil. Pero bueno, no hay nada más Hopepunk que creer en que tarde o temprano seamos capaces de aportar otras cosas y cambiar muchas de estas cosas.

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