sábado, 8 de junio de 2013

Auto-estima

Drunk again by lullabina91


Pese a todo lo andado hasta llegar a dónde estás, siempre vuelves a caer en los mismos pensamientos. Más cuando tus fuerzas de voluntad están hundidas en las profundidades de un vaso de tequila.

Y cuánto más alcohol tomas, más evolucionan tus pensamientos. Empiezas deseando no ser nada, que te trague la tierra y no quede nada de ti, porque sabes que el mundo no para.
Pasas a querer no ser tú misma, para alejarte de tus aciertos y de tus errores.
De no ser tú misma, a ser alguien que no seas tú, una persona más guapa, con más virtudes, perfecta, una diosa de esas que dicen que existen. O simplemente alguien mucho más extrovertido y más don de gentes. Alguien que sea inolvidable.
Y de querer ser cualquier persona menos tú misma... llegas a la última fase: no querer ser una mujer.

Quieres ser un hombre para poder convertirte en el objeto de deseo de la persona que te gusta. Porque llegas a creer sinceramente que de ser así, no tendrías tantas preocupaciones como las que tienes en ese momento. Ni ese dolor por un rechazo tan contundente, que de esa manera, no habrías sufrido. No estarías llorando las penas en un bar de mala muerte del centro de la ciudad. No, es que directamente no estarías allí sino que estarías con ella en cualquier parte. Paseando. Disfrutando de la noche, de su compañía. O incluso de ella en la cama, lejos del ruido de la calle...

Como de seguro que lo estaría disfrutando él...

¡Cuánto me quedaba por aprender! Pese a mi intensa relación con Victoria, no era más que un pequeño primer paso hacia delante en mi camino de vida. Era una ingenua al creer que ya lo sabía todo. No entendía absolutamente nada. Ni lo más mínimo. Seguía siendo un pollito recién salido del cascarón que no entendía que lo que estaba mal no era yo... si no, principalmente, el mundo.

-Vaya cogorza que llevas encima.
-Tú...
-Sí, yo...
A esas horas en la que se sentó frente a mí, ya la veía doble.
-¿Quieres convertirte en mi peor pesadilla?
No, Victoria se iría convirtiendo poco a poco en mi maldición. Oportunamente presente en los peores momentos de mi vida. Un demonio que haría todo lo que estuviera en su mano para arrastrarme al infierno. Tentándome y seduciéndome al lado oscuro...
-¿Yo, tu peor pesadilla, Eira?-me susurró aunque casi no la entendí-¿esto es lo que querías después de dejarme?-añadió al cabo de unos segundos-me dejabas porque no aguantabas más, porque querías ser feliz y estás aquí, en un estado muy lamentable. Si este es tu concepto de la felicidad ¡deberías habérmelo dicho! Yo sé hacerlo mucho más divertido.
Quise ponerme erguida pero me mareé, sintiendo náuseas y cómo se me iba el poco color de la cara que me quedara.
-Métete en tus asuntos-de haber estado sobria, seguro que habría sonado más amenazadora que en ese momento, que provocó la mirada de lástima de Victoria
-Deberias mirarte al espejo y ver el estado en el que estás por culpa de esa niñata-apreté los dientes y contuve las ganas de levantarme porque sabía que lo haría con un equilibrio precario y no quería exponerme más a Victoria
-No es ning...
Ya había tenido suficiente conversación por esa noche y menos con una Eira que no estaba en sus cabales. Me besó ardientemente antes de que terminara la tercer palabra de mi frase. Después me dijo lo que muchas otras veces me decía cuando teníamos una bronca y me iba a perderme por la ciudad, para conseguir hacerme regresar a su lado fuera como fuera.

En los últimos compases de relación, sus métodos dejaron de tener efectos sobre mí.

Pero la Eira de aquella noche, con unos altos niveles de alcohol y con la auto estima por los suelos, tenía necesidad de muchas cosas...

Era la presa perfecta para una persona como Victoria.

Continué sentada cuando ella se marchó contoneando las caderas para alegría de los demás parroquianos, de los cuales algunos me miraron con recelos, desconfianza y envidia.O fijamente, esperando a que saliera detrás de ella en un suspiro

Pero lo cierto es que... no hice nada

Supongo que dentro de aquella niebla y aquella oscuridad, aún quedaba una pequeña luz de cordura que me mantuvo congelada en el asiento...

...y poco después, en el inodoro

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