domingo, 3 de marzo de 2013

Estaciones




No hay amores imposibles si no personas que no se atreven a intentarlo


De forma más recurrente que antes, me acuerdo...

Me acuerdo de canciones que he escuchado o escucho ahora, de películas que he visto y algunos de los tantos libros que he leído a lo largo de mi vida. Historias que recuerdo y que ahora le encuentro semejanzas con la mía.

¿Es el momento de las segundas oportunidades, de dejar entrar a otra persona que te haga sentir igual o mejor? ¿es la hora de que sea el tiempo el que decida y haga ver la fuerza de los sentimientos? ¿de la incombustibilidad de los lazos?

Ahora como nunca, me siento como si estuviera sentada en una estación de paso. Viendo llegar y marchar infinidad de trenes y observando a numerosos grupos de personas que pasan frente a mí desde el lugar donde me encuentro. 

En estado de espera, sí. Tranquila, serena, Sin prisas. Pienso en esas preguntas y otras tantas más. Voy llegando a algunas conclusiones.

Madurez es la palabra que me llega a la boca. Cuando miro a mi alrededor y soy incapaz de encontrar algo que me llame la atención. Sólo veo personas pasar, con sus problemas y sus historias pero ninguna me llega hasta a mí. Ni una sonrisa, ni una mirada. Ni siquiera una forma de vestir, ni de moverse. Nada. Recuerdo que años atrás y en otras circunstancias de mi vida, era capaz de fijarme en esos detalles que por lo menos, me evocaban ideas y a veces hasta historias. Apenas me saltan a la vista personas que me recuerden a ti y que según el momento puede resultar doloroso.

Pienso en lo que me ocurría antaño, antes de que llegaras a mi vida, no hace tantos años. ¿Siento apatía? ¿me he vuelto demasiado exigente?

No, sencillamente ocurren dos cosas. Una es que me he dado cuenta de que los sentimientos no cambian de la noche a la mañana. O puede que no lo hagan nunca. ¿Por qué? Es lo que tiene querer de verdad a una persona. Se puede pensar más o se puede pensar menos en esa persona... pero los sentimientos seguirán dentro de ti
Otra, como he dicho antes, es que he madurado. ¿La edad? ¿todo lo que he vivido? ¿tú? Deben de ser las tres cosas que han hecho que perciba e interprete las cosas de una manera muy diferente a como lo hacía antes. Al fin y al cabo, es comprensible: ya no soy una niña confundida con lo que sentía. Ahora soy una mujer con las ideas muy claras y que sabe lo que quiere.

Que sabe que sería capaz de encontrarte sin ninguna dificultad entre todo el gentío que nos rodea.

Respiro entonces profundamente. Pareciera como si me hubiera quitado un peso de encima. Debe ser que he dejado de luchar conmigo misma y he tomado consciencia de la realidad.

Sigo pensando y sigo preguntándome cual es el destino de nuestros pasos. Tengo claro que puede llegar a ser similar a muchas de esas historias que conozco... pero que en su conjunto no tendrá nada que ver con ninguna de ellas. Será única, como las demás historias que he vivido y me quedan por vivir. Y será el tiempo el que lo decida. Cada vez me desagrada menos la idea...

Me levanto. Es hora de coger uno de esos trenes que han parado aquí. Al fin y al cabo, no puedo ignorar los que me llevan rumbo a mis sueños. Mi vida sigue adelante incluso sin mí y sé que aún con todo, me matarías si no luchara por ellos y por cumplirlos. Y cuanto más camine, más trenes coja y más estaciones pase... más probabilidades hay de volver a encontrarnos y responder a todas esas preguntas.

¿No?





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