lunes, 25 de febrero de 2013

Finales (II)

“Si no tardas mucho, te espero toda la vida”-Oscar Wilde

“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”-Cervantes

Toda persona que se dedique al arte de creación sufrirá a lo largo de su carrera un fenómeno que bien podemos denominar como la hoja en blanco. La incapacidad de comenzar a trabajar o de continuar un trabajo que hemos empezado a desarrollar.

Los motivos bien pueden ser muchos y a veces, no nos damos cuenta de ellos hasta que hemos probado con las muchas posibles soluciones...

Cuando estamos escribiendo una historia, basta a veces con una simple relectura de todo lo que llevamos escrito porque lo que nos ha paralizado, ha sido simple desconcentración. Y leer basta para coger el hilo de la historia de nuevo.

A veces, hay una pieza que no encaja del todo. Algo está mal expresado, algo no queda como nosotros queremos que quede, hay una palabra que no nos sale y la tenemos en la punta de la lengua... Entonces tienes que cambiar aquello que te chirria, sea reescribiendo o expresándolo de otra manera... o directamente cambiarlo de todo, incluyendo ideas nuevas, o algo que ya tenías pensado y encajar eso que has descartado, en otra parte de la historia...
Pueden ser personajes, una ambientación, un contexto...

A veces... a veces haces todo lo anterior y sigues sin poder continuar con la historia. Por más que lo intentes, sigues sin que la historia avance. Puede llegar a ser muy frustrante y moverte a ti a forzar la historia. A forzarte tú a escribirla... pero no funciona. Muy rara vez funciona... porque llegados a este punto... lo mejor es aparcar la historia. O la obra que estés llevando a cabo.

Tarde o temprano es algo que debes hacer. Cuando terminas de escribir una historia o una novela, tienes la obligación y casi el deber de olvidarte un poquito de ella. Dejar de implicarte con ella y ponerte a otras cosas. Te desintoxicas de la historia y una vez ha pasado el tiempo que creas conveniente... la vuelves a sacar. La lees y... puedes corregirla decentemente. Sea ortográficamente. Sea poder ser capaz de expresar mejor las cosas. Cambiarla un poco. Retocarla.

Pero eso mismo puede servir cuando tienes un problema de atasco. En ese caso, una vez pasado un tiempo, cuando retomas lo que llevas de trabajo... eres capaz de continuar. Ves que es lo que fallas, lo que hace falta o necesitas cambiar. Y en el 90% de los casos, eres capaz de continuar con la historia.
El 10% restante pertenece a esas historias que son incapaces de evolucionar porque necesitan un trabajo más meticuloso en ella. Es lo que a mí me pasó el año pasado, por ejemplo, con Diario de un playboy. Además de aparcarla y dejarla descansar... cuando la retomas, no debes seguir escribiendo, si no dedicarte a aquello a lo que seguramente no has invertido el suficiente tiempo: a preparar la historia.

Una vez hecho, por lo general... el resultado es positivo. Rara vez es negativo porque antes de darte cuenta de que es negativo... se te ocurre una idea nueva. Una historia nueva que puede complementar a otras que se te han ocurrido, concibiendo algo nuevo, mejor y más completo.
¿Qué quiero decir con esto? Que pocas son las ideas que se quedan en el limbo. Significa que eras tú quién no estabas aún preparado para esa historia, ya sea por madurez, ya sea porque todavía no habías encontrado lo necesario para llevar a cabo el proyecto.

Estos tan buenos consejos o explicaciones que doy sobre el arte de crear o de escribir, que una sabe a partir de la experiencia... he descubierto que puede ser igualmente aplicable a la vida cotidiana.

Yo misma escribí hace meses un relato llamado Como en el arte, así es la vida. Siempre he considerado que la mayor historia de todas y la que mejor se cuenta... es la historia de la vida. De la de nuestra vida. O la de los que nos rodean. Y nunca se me había pasado por la cabeza que siendo así... la vida podía funcionar igual. O que incluso... podíamos actuar de una forma similar.

Por más que lo intente, no siempre encuentro las respuesta en el momento. Después de que te golpeen (y no una, si no repetidamente a lo largo de una semana entre unas cosas y otras...), primero debes de lamerte las heridas y luego... ser capaz de organizar todo lo que tienes en la cabecita para poder darle sentido... a algo. Y conseguir al menos una respuesta.

Escribiendo un largo mensaje a este muchacho, dándole ánimos y reflexionando... llegué a esa conclusión yo solita y casi sin darme cuenta. A partir de ahí, pensé en ello y me di cuenta que era la respuesta... Bueno, ya una amiga me dijo algo parecido... pero a veces no basta con que te lo digan, si no que tienes que creer en ello también. Y era justo lo que me faltaba.

Cuando ves que las cosas salen mal, hagas lo que hagas... tienes dos opciones: o realmente y de corazón darte por vencida... o realmente seguir intentándolo de algún modo. Y con intentarlo, me refiero a que si sigues viendo salidas o posibles salidas... nunca hay que dejar las cosas de lado. O dicho de otro modo... antes de poner el punto y final a una historia, deberías dejarla estar. Congelarla, dejarla en el cajón, dejarla dormir... como quieras llamarlo.
Como con las historias que escribes o las cosas que haces... todo lo que intentas sale mal porque sencillamente no estás preparada... o incluso la/s persona/s implicadas no lo están. A veces hasta nos olvidamos de que los demás... también se equivocan y sienten miedo. Así que, si todo lo que has intentado ahora para que la historia no avance no funciona... pues entonces lo mejor es poner distancia. Alejarte del todo y olvidarte temporalmente de esa historia. O por lo menos, que no sea una prioridad en tu vida. Así dejas que sólo importe lo más esencial... lo que debe de importar. Y que pasado ese tiempo... sí seas capaz de saber cómo continuar esa historia. Reescribirla... o ¿por qué no? ser capaz de volver a escribir de cero porque has sido capaz de encontrar todo lo que te faltaba.

Como ya escribí en ese relato que he mencionado... siempre hay soluciones. Siempre hay salidas y nuevos caminos. Pero hay que saberlo encontrarlos... y ser valientes para llevarlos a cabo e intentarlo.

Y lo más importante: que no sea porque no lo hemos intentado. Aunque sea muy jodido esperar sin saber si merecerá la pena o si servirá de algo. Pero si no se hace...entonces sí que seguro que no obtendrás nada.

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