miércoles, 9 de enero de 2013

Insoportable



-Eira, no me lo pongas más dific...-la frase terminó en un suspiro ahogado por mis labios que habían hecho prisioneros a los suyos. No quiso dejarse llevar pero terminó por ceder y poner sus manos en mis hombros. Para tener donde apoyarse y como tiempo limitador. Como una advertencia de que cuando ella dijera... se terminaba. Y eso por suerte, no fue hasta casi cinco minutos después.
-Sabes que Héctor está aquí ¡y no te importa acosarme!
-No veo que te hayas quejado-apartó la mirada porque sabía a qué me refería. Estaba sonrojada y los ojos le brillaban. Si no estuviera preocupada por Héctor, sonreiría además. Todo la delataba
-Nunca me quejaria-dijo en voz bajo-pero...
-...no quieres provocar situaciones violentas con él
No respondió pero no lo necesitaba. Abrí la puerta del armario y la dejé salir, no sin antes besarle en la frente.

Yo la entendía perfectamente y ella también me entendía y sabía por qué me había atrevido a plantarme allí a sabiendas de que estaba con él. Porque aunque podría esperar todo el tiempo del mundo por ella, algunas veces se me hacía insoportable. Y necesitaba verla... y besarla... y sentir que ella seguía amándome.

Sentir que se moría, con las mismas ganas que yo, de estar en mis brazos.

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