martes, 15 de enero de 2013

El Bascón

Swordsman by naturaljuice
-¿Puedo saber qué pasa?

Mikko acababa de llegar de su viaje y le costó diez minutos saber que casi todos en palacio se encontraban en los exteriores, en el área despejada que se abría frente a las caballerizas y que los caballeros fueron adaptando como su zona de entrenamiento conforme el número de nuevos miembros fue aumentando. Pero tal y como le había dicho una criada que se había quedado sola, barriendo, estaban todos allí, haciendo corro alrededor de Raine y un hombre de unos treinta años, que debía de ser el último pretendiente de Carisa. Antes de estudiarlo detenidamente, Joseph le dio unas palmaditas en la espalda.


-Has llegado justo a tiempo para el espectáculo


-¿Cómo?
-¿No lo ves? ¡Es un duelo!-le contestó Joseph señalando hacia el centro.


Mikko paseó la mirada de Raine al hombre y se fijó en las armas que portaban. Sí, Raine llevaba su espada colgada de la cintura y su daga estaba enfundada en su mano derecha. Y él también llevaba una espada, por lo que observó, prestada por los caballeros. Se río.


-¿Ha pedido un duelo y no tenía arma propia? ¿de verdad?


-¡Huy, no! Ha sido cosa de Raine


-¿De Raine? Pero que...


-Ese patán-bajó el tono hasta convertirlo en un susurro pues los murmullos y comentarios de los presentes, se silenciaron-no ha durado aquí ni dos días y no accedía a marcharse por las buenas, por lo que Raine, para evitar una escena violenta, lo retó. Si gana, podrá seguir cortejando a la princesa.


-¿Tan segura está de ganar?


-¿De verdad me lo estás preguntando, jovencito?-Joseph le fulminó con la mirada y después miraron a Raine, que llevaba a cabo los protocolos de rigor. El otro, permaneció impasible.


-Se suponía que provenía de la familia Bascón... ¿no? Ellos son...-empezó entre dientes


-Tú lo has dicho, se suponía... pero ¡míralo bien! ¿tú ves que ése tenga pinta de provenir de una familia noble?


-No, la verdad... tiene pinta de ¿granjero?


-De borracho de taberna, más bien


Era difícil de decir, porque en apariencia Bascón parecía un hombre dedicado al trabajo de campo y no de ir de tasca en tasca. Era muy alto, le sacaba a Raine dos cabezas y muy musculoso: una camisa ancha y abierta hasta la altura del estómago, mostraba un pecho desarrollado y prominente; sus brazos, que mostraba desnudos, eran grandes y torneados, como si llevara toda la vida llevando objetos pesados si no fuera, como se dio cuenta Mikko, que tenía unas manos anchas pero delicadas; llevaba unos pantalones ajustados que insinuaban unas piernas que también había ejercitado y unas botas altas de cuero pero muy gastadas, que contrastaba con el cuidado del resto de su ropa. Que, por otra parte, intentaba disimular su pelo largo y descuidado y que era... demasiado velludo.


Sus dudas sobre quién era realmente ese señor, quedaron disipadas en el momento en que abrió la boca por fin, mientras desenvainaba su espada con gran torpeza.


-¿Quieres venir a por mí de una vez, maldita zorra encanijada?-casi no se entendió su frase, por el tono grave y hueco usado, y su forma de hablar tan atropellada y brusca. Arrancó alguna que otra risita mal disimulada. 


Raine ni se inmutó, al contrario, su sonrisa socarrona se acentúo y se tomó su tiempo para sacar su daga, encajarse la funda en los riñones y con la mano libre, desenfundar tranquilamente y con elegancia, su espada. Adoptó una postura defensiva, invitando al otro atacar. Bascón, que se lo tomó como una provocación, tomó la espada con ambas manos y corrió hacia ella dispuesto, no se sabe muy bien si a embestir o a atacar.


Cuando estaba a medio metro de ella, Raine lo esquivó con facilidad y con dos movimientos rápidos de sus brazos, desarmó al Bascón con su daga y con su espada, dio un tajo superficial a la altura de su cintura, cortando la camisa... y el cinturón que sujetaba sus pantalones, que quedaron de inmediato a la altura de sus tobillos.
Aquello arrancó por igual carcajadas y aplausos. Rabioso y aprovechando que Raine estaba de espaldas, aún con una movilidad reducida, intentó atraparla con sus manos. Lo que consiguió sin embargo, es que Raine le demostrara que sabía pelear y antes de ponerle un dedo encima, un puñetazo de la chica lo dejaba tumbado en el suelo.


Para asegurarse que no seguiría intentándolo, Raine posó la punta de su espada en la mejilla izquierda. El Bascón gruñó sonoramente. Una mirada de dureza sustituyó la sonrisa de la caballero guardián.


-Has perdido el combate. Te doy una hora para que recojas todas tus pertenencia y te marches de aquí de inmediato-el hombre escupió tal sarta de improperios e insultos que provocó la indignación del público y un pinchazo de advertencia de Raine. Gotitas de sangre empezaron a manar.


-¿Crees que esto quedará así, hija de puta? ¡habéis manchado el buen nombre de los Bascón, hijos de Baldo de Azuolas!-Raine, antes de responder, clavó la espada con violencia en la franja de arena que quedaba junto a su cabeza.


-Hasta donde sé, Kiefer, los Bascón érais parientes lejanos de Baldo de Azurra-ya que Azuolas era el nombre de su reino-y que actualmente, debido a vuestros enlaces y ruinosos negocios, no os queda ni la sangre noble... ni tan siquiera el nombre-Kiefer fue perdiendo paulatinamente el color de la cara y después, pasó del blanco, al rojo de la vergüenza. Raine entornó los ojos-¿quién eres?


El hombre empezó a balbucear un sinfín de cosas ininteligibles hasta que finalmente, perdido ya el valor, pidió clemencia aceptando las condiciones de Raine. Ella ordenó a dos guardias que lo levantaran, lo adecenteran y lo acompañaran en todo momento hasta que saliera de los dominios de las tierras de Carisa. A ser posible, hasta que pasara de Lillya.

Cuando se fue, todos vitorearon y aplaudieron a Raine, que se permitió sonreír y relajarse. Después, cuando todos se fueron retirando, se le acercó Carisa, que le cogió de las manos y con disimulo, la miró con ternura.


-¡Gran trabajo, mi caballero!


-Ya sabes que no es nada para mí-le contestó en voz baja.


-No había manera de que nos tomara el pelo ¿verdad?


-Era otro idiota que no sabía a quién estaba desafiando... deberías hablar con tu padre. No tiene ningún cuidado a la hora de elegir tus pretendientes-Carisa suspiró.


-No, éste vino recomendado por un amigo de mi padre, así que habría que reclamarle a él. Como si no tuviera suficiente con principitos engreídos, voy a tener que aguantar también los nobles venidos a menos.

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