martes, 20 de noviembre de 2012

Princesa VI

Después de algo de más tiempo del que esperaba, traigo la sexta y última parte del relato. La más larga, pues me ha ocupado al final veinte páginas mal contadas. Más de las que yo misma esperaba. Dije anteriormente que pensaba publicar todo del tirón hasta el final y así voy a hacer. Espero que no os resulte demasiado pesado.

Demon Hunter cosplay by spcatstasha

 -Señor, le traigo un mensaje delsalón de fiestas
-Dígame Alicia
-El baile ya ha dado comienzo sinninguna incidencia
La doncella se quedó de pie anteJoseph, que tenía la vista perdida junto con sus pensamientos. Alcabo de un rato le dijo:
-Puede retirarse a su puesto,señorita.
Hizo una inclinación con la cabeza yvolvió por donde había venido, uno de los pasadizos ocultos. Dosdías antes les facilitaron a ella, a la otra doncella y a doscaballeros, unos mapas donde se veían dichos caminos para que losmemorizaran y los usaran para bajar del salón de baile hasta loscuarteles o para ir al lugar que fuese necesario. Se les pidió sermuy discretos para que nadie más tuviera conocimiento de ello.

Joseph estaba sentado, después de unahora dando vueltas con nerviosismo, observado por el grupo decaballeros que estaban con él: dos aprendices que en ese momento seencontraban jugando a las cartas, tres chicos y una chica. El restose encontraban entre el salón de bailes y el resto de palacio,habiendo dos de ellos preparados para salir cabalgando hacia Lillya oincluso Glaedwine si fuera necesario.

Cualquier precaución era poca, másdesde el enigmático mensaje que Raine le había dejado al díasiguiente de su conversación, antes de volver a desaparecer y nosaber de ella más. Si no lo había entendido mal, había descubiertopor fin la verdadera cara del duque y que no sólo habría que estarpendiente de él, si no que tenían que evitar que Carisa se fueracon él.

No decía nada más pero él confiabaen que Raine estuviera trabajando en ello. Ellos habían reforzado eldispositivo, después de poner a Leon y a Paulo al corriente de todoy contaban con guardias venidos desde la misma Lillya, sin que Carisalo supiese. Y aún así, estaba muy nervioso. Tenía un malpresentimiento y todo estaba saliendo bien pese a que Carisa no lohabía puesto fácil.

Con apenas veinticuatro horas deantelación, Carisa les informaba de un evento diurno que tambiéncelebraba pero que solían hacerlo con más antelación para poderpreparar todo. Más cuando por la tarde, comenzaba la fiesta dedespedida del duque.

En ocasiones especiales, la princesainvitaba a todos los ciudadanos de Lillya a visitar su palacio, sintener en cuenta su estatus. De esta manera, ella se acercaba a todosellos y no sólo a las familias nobles durante sus fiestas.
Evidentemente no tenían acceso a todaslas dependencias de palacio, sólo a las de la planta baja y sólo aalgunas de ellas. El resto, era custodiado por los guardias y algunoscaballeros. O al menos, eso era lo normal pero con los preparativosde la fiesta, tuvieron que improvisar mucho en pocas horas,especialmente en la cocina, que tuvo que preparar rápidamente untentempié que se serviría en el jardín a los que decidieranquedarse.

Carisa actuaba de anfitriona, tratando a todos losque llegaban con amabilidad y cercanía, incluso comía con elloscomo si fuera una más. Como si no fuera princesa. Aquel día no fuemenos y lo hizo...sin el duque de Bonaventura. Éste permaneció ensu habitación preparando todo para su partida. Tampoco hubo rastrode sus criadas, que imaginaron que estuvieron ayudándole en latarea.

Para ellos había sido muy estresanteporque apenas habían tenido tiempo de estar haciendo guardia despuésde organizar a los demás, de comer cuando terminó el evento yprácticamente después, prepararse para acudir a la fiesta, cuandoya tenía lugar la recepción de invitados en la puerta de palacio.Protocolo mediante el cual Carisa saludaba a sus invitados,presentaba al duque y los invitaba a subir al salón del baile, dondeprimero cenarían y después tendría lugar el baile de disfraces ymáscaras.

El salón estaba en el ala contrariadel salón del trono y su espacio equivalía a todo el ala real de laplanta inferior. Contaba con varios vestidores individuales parahombres y mujeres, donde se habían puesto a disposición losdisfraces solicitados; una cocina algo más pequeña que la de laplanta baja, donde habían hecho llegar la comida ya preparada paraservir; unas alargadas mesas que ocupaban un lado de la estancia yal otro, el escenario donde tocaban los grupos de música o dondeantaño se hacían representaciones teatrales. De hecho seconservaban todavía algunos de los mecanismos que entonces seusaban.
Estaba cubierto por una bóveda decristal que se construyó a la llegada de Carisa y que permitía lavisión del cielo, que se iría cubriendo de estrellas, conformepasaran las horas.

Las primeras horas eran las más críticas puesto que sólo Mikko yPaulo estarían presentes en el salón de baile. El primerotrabajando con el servicio y ayudando a acomodar a los invitados enla mesa; el segundo acompañando a Carisa ejerciendo las funciones deCaballero Guardián en el lugar de Raine. Había vuelto a ofrecerse,por recomendación encarecida de Joseph y finalmente había aceptado.Cuestiones protocolarias de cara al público, le había dicho. Aellos les daba igual.
Después de la comida, momento en quevolverían a abrir las puertas para la llegada de los más rezagadosy del grupo de Mikko, los caballeros y los guardias (dos que sehabían unido al grupo inicial después del aviso de Raine) iríanllegando poco a poco, ataviados con sus disfraces y con órdenes deactuar como si fueran unos invitados más.

Si sólo habíabajado Alicia, significaba que además de ir todo bien, ninguno delos caballeros o los guardias, había sido descubierto, porque en esecaso, tendrían que ser relevados por otros para no levantar mássospechas.

Todo transcurría como estaba planeado pero nolograba relajarse...

Se levantó de su asiento, se ajustó elcinto donde llevaba su espada y después de avisar a sus chicos, semarchó al jardín para tomar algo de aire fresco.


Más tranquilo que él estaba Mikkomientras esperaba junto a su grupo entre bastidores. El baile daríacomienzo en breve pero la fiesta iba bien. Carisa era una grananfitriona, aún cuando hubiera cosas que no le gustasen, lo llevabaa la perfección, con una sonrisa siempre en la cara y con el duquepegada a ella en todo momento, presentándose ante toda la corte deLillya con la sonrisa más amable y seductora que tenía,encandilando a todas las féminas, que susurraban acaloradas a susespaldas. Él hacía como que no les prestaba atención. Carisa...sencillamente las ignoraba y se hacía la tonta.
Lo cierto es queno había decepcionado y lucía igual que su acompañante, con undisfraz que tanto Joseph como Raine considerarían una provocación.Francamente, él también. Vestía como un soldado pero sus ropastenían demasiadas similitudes con las de gala de los caballeros: unacasaca, un cinturón ancho y las botas, con la diferencia de quehabía encontrado las prendas con los colores que solía llevar,verde y azul. Era un detalle que no había pasado por alto porqueMikko sabía Carisa no guardaba ese tipo de disfraces, precisamentepara evitar confusiones, con lo que tenía la sensación de que elduque había tenido acceso libre a los disfraces de Carisa yeligiendo las prendas de aquí y allí y había logrado ese conjunto.Por supuesto, siendo una fiesta en honor a él mismo, Carisa se lohabía consentido.

Ella por su parte se había decididopor un vestido muy pomposo, con hasta cuatro volantes que le llagabahasta los pies y sin mangas. Siempre procuraba elegir vestidos odisfraces que destacasen por encima de las demás y dejar claro sulugar, pero esta vez había elegido el que la hacía brillar de formaespecial pues éste estaba compuesto de cientos de cristales conformas poligonales que le daban al vestido un tono verde y quebrillaban cada vez que se movía. Era más cómodo de lo que parecíay había sido diseñado a medida de ella.

Era su disfraz de dragón y era sufavorito. A él también le gustaba pero personalmente... era másespléndido cuando la acompañaba Raine con su disfraz...

Enriqueta le entregó su laúd,diciéndole que había sido Raine la que se lo había traído durantela madrugada. Casi no había dormido pensando lo idiota que habíasido al dejar abandonado su más preciado instrumento en cualquierparte... sin recordar que se lo había dejado en el suelo de lataberna donde había ido con Raine. Ni la conversación que habíatenido con ella, que le vino a la cabeza cuando Enriqueta se lamencionó y que también había olvidado con el disgusto de pensarque tendría que buscar un sustituto...

Por supuesto, no había vuelto a ver ala chica, para al menos darle las gracias. Había desaparecido deltodo del mapa, lo cual provocó que se sintiera peor de lo que ya sesentía. Creía que había sido demasiado duro con ella en un momentoen el que necesitaba apoyo. O por lo menos más comprensión.

Y como esperaba, no había hecho actode presencia ni en la cena y parecía que tampoco lo haría duranteel baile. Entendía que era la fiesta de despedida del duque pero ¿nose había dado cuenta de que podía ser la última fiesta queorganizara Carisa? Si después se marchaba con él, a visitar sustierras... podía ser la última vez... que la vieran.

Apretó los puños y los soltó,después de respirar hondo hasta tres veces. No era el momento másapropiado para dejarse llevar por la rabia que sentía cada vez quese daba cuenta de su incapacidad para poder hacer algo desde suposición. Raine había tirado la toalla y sin su lider, loscaballeros tampoco parecían interesados en evitar el destinoinevitable de la princesa así que ¿quién era él, un simplemayordomo y músico, para cambiar eso?

-Es hora de salir... el baile va acomenzar de inmediato

Siguieron al chico disfrazado de bufónque los había avisado hasta el escenario, donde los esperaban susinstrumentos. Comenzaron a afinar y a ensayar mientras los invitadosmás rezagados iban llegando, saludaban a Carisa y al duque, a susconocidos y amigos y se iba integrando en el grupo que se aglutinabaen el centro de la sala. Calculó que finalmente habían acudido unasnoventa personas, sin contar a guardias y caballeros, de los cualeshabía podido reconocer a cuatro sin contar a Paulo. Todos llevabanmáscaras y habían hecho un gran trabajo con sus disfraces y con suspapeles para que nadie supiera quiénes eran. Él y su grupo ibanvestidos para la ocasión, sin disfraz pero Carisa les habíaobligado a llevar las máscaras para no desentonar.

Después del único momentoprotocolario y obligatorio de la noche, la cena, los invitados eranlibres de hacer lo que quisieran: seguir con las conversaciones,presumiblemente cerca de una mesa que habían dejado en el salón, lomás alejada posible del escenario y llena de aperitivos y bebidas;marcharse a sus casas solos o mejor acompañados de lo que habíanvenido; unirse al baile o sentarse en algunas de las sillas queigualmente habían facilitado para quién disfrutase más escuchandola música que bailándola.

Cuando se aseguraron de que no entraríanadie más, Mikko hizo un gesto a los demás para empezar a tocar deuna vez y Carisa, de la mano del duque, serían los que abrirían elbaile. Un minuto después, se uniría Paulo que parecía habersimpatizado con una dama disfrazada... de cortesana.

El escenario estaba elevado unos tresmetros sobre el suelo lo que lo convertía, según Joseph y Paulo, enun lugar privilegiado para observar todo el salón mientras tocaba.Podía controlar al duque o a todo aquel que hiciera un movimientoextraño o sospechoso mientras tocaba, algo que podía hacer sinningún esfuerzo y sin perder la concentración. En eso teníanrazón, como también sabía que no perdería detalle de lo quehacían cada uno de los presentes, algo con lo que a veces sedivertía. Pero sabía que en aquella ocasión, no debíaentretenerse en nimiedades...

Transcurrió una hora en la que nosucedió nada fuera de lo normal en ese tipo de eventos. En los diezúltimos minutos, se habían ido unas cinco personas pero el restoseguía teniendo ánimo de seguir con la fiesta. A Carisa se lanotaba cansada pero no desfalleció su sonrisa en ningún momento.Mikko y otros dos chicos del quinteto, se encontraban sentados alborde del escenario y en un extremo, descansando, mientras que elarpa y la mandolina tocaban una composición propia muy bonita.

Así fue cómo pudo ver sin ningúnproblema a una criada del duque de Bonaventura se acercaba a Carisa.Sabía que el primero se había ausentado (y de inmediato habíasalido Alicia disimuladamente a dar el aviso) diez minutos antes, porlo que la presencia de la criada lo puso en tensión. Paulo tampocole quitaba la vista de encima, ignorando por completo a La Belladonay sus amiguitas. Observó que le decía algo a Carisa, brevemente yque esta asentía con la cabeza, decía algo a Paulo y a los queestaban a su alrededor y se marchaba.
A continuación, Paulo se acercó a élde dos zancadas e intuía lo que iba a pasar porque Alicia no habíaregresado.

-Será mejor que vayas a avisar a Leonde inmediato. Esto no me gusta nada.



Carisa no se apresuró a bajar aljardín, donde se encontraba el duque según le había informado sucriada. Le resultaba muy extraño porque había pasado toda la veladacon ella, disfrutando de la fiesta que había preparado especialmentepara él, que parecía que había superado todas sus expectativas.Estaba encantado. ¿Por qué entonces se alejaba de ella? Se imaginóque tendría algo importante que decirle. ¿Tendría que ver con supropuesta? Pensar en ello la puso nerviosa y decidió que era mejorllegar cuanto antes.

La había citado en la pérgola peroallí no había nadie. La luna apenas era una fina línea en el cieloy la luz artificial que bañaba el lugar era demasiado tenue. Labrisa era fría y le provocó temblores.
-¿Oliver?
Preguntó mirando a su alrededor y elsonido ambiente del jardín y la música lejana que llegaba del salónde baile, fue la única respuesta. Al cabo de casi siete minutosdecidió volver a la fiesta pero cuando se giró sobre sí misma, setropezó con alguien conocido...
-Tú... ¿qué haces aquí?
-Bienvenida a mi fiesta, su majestad.



El gritó resonó en todo el palacio,dejando a los invitados paralizados, empujando a Mikko y a Paulo acorrer, y a Joseph a dirigirse todo lo rápido que le permitían susnervios hasta la pergola. No le hizo falta la llegada de ningúnmensajero pues había visto a Carisa adentrarse al jardín sola ysabía que había sido ella. Se maldijo por no haberla seguido antes.

Estaba a punto de llegar y juraríahaberla visto a ella y a otra figura más menuda junto a ella cuandoun golpe sordo en la cabeza lo dejó aturdido. Cayó de boca al suelomientras iba perdiendo la conciencia, sintiendo que algo caliente lecaía por la cara. Lo último que oyó fue una carcajada que le pusolos pelos de punta.

Y se lamentó profundamente de suserrores, que iban a costarle la vida a él... y a la pequeña Carisa.




 -¡¡RAINE!!¡¡RAINE!!

Lo había visto. Lo había visto aligual que algunos de los invitados que había abandonado el salón yal igual que él, se habían asomado a la ventana más cercana. Sehabía posado en un lugar que fue visible para todos y lo que en unprincipio creyó como un ave Roc muy grande, tal vez la hembra quecriaba en las montañas, resultó ser un grifo.

Y no un grifo cualquiera, si no unGrifo Negro.

Se esforzó en que todos los queestaban con él, volvieran y se mantuvieran en el salón de baile ydespués hizo todo lo posible para que dejaran de temblarle laspiernas. Paulo había desaparecido pero los caballeros que estabancerca y los guardias, tomaron el control del asunto. No sabía sitambién habían bajado al jardín a rescatar a Carisa pero él,desesperado, fue hasta la habitación de Raine, a buscarla, pensandoque estaba allí.

La necesitaban más que nunca

Se olvidó de los modales y golpeabacon mucha fuerza la puerta. Como no obtenía respuesta y sinpensárselo dos veces, derribó la puerta a base de patadas. Allí nohabía nadie.

-¡¡MALDITA SEA!!¿¿DONDE ESTAS??

Dio vueltas sobre sí mismo. Oyó denuevo más gritos y un sonido que debía de provenir del grifo, unaespecie de graznido. Se le heló la sangre en las venas

Los grifos, al igual que los elfos yotras especies que siempre formaban parte de las leyendas y serelacionaban con la magia, eran muy raros de ver en aquellos tiempos.A menos que estuvieran controlados por otros seres, no solían sermás peligrosos que un ave Roc.
Pero aquel grifo, además de estarclaramente controlado por alguien, era la especie más peligrosa porsí misma que se conocía. A diferencia de los demás grifos, tantosu pelaje como su plumaje eran del color que le daba nombre, negroazabache, dotándolos de un aspecto más fiero e incluso terrorífico.Se asemejaban más a un cuervo gigante y las leyendas decían que dehecho, a veces, tenían la cabeza de dicho animal y no la de unáguila.
Se relacionaban con los magos negros obrujos que solían invocarlos o controlarlos para desatar el caos enlas aldeas o para provocar matanzas.

Mikko se asomó a la primera ventanaque diese al jardín, sacando todo su cuerpo para poder ver tambiénel cielo. El grifo se encontraba sobrevolando lejos pero nolocalizaba a nadie en medio de toda la vegetación. Soltó unamaldición y cuando estaba dispuesto a bajar al jardín, oyó aalguien que nombraba a Raine. Miró por debajo suya, el punto justodonde quedaba la entrada del jardín y vio entrar corriendo unafigura familiar. Reconoció al bandido con pañuelo en la cabeza ybigote que había visto en el salón de baile siempre pegado a dos delos caballeros y con los que había tratado amigablemente durantetoda la velada y con los que había llegado a tratar con muchaconfianza.................................................................¿confianza?

Casi se cae ventaba abajo cuando se dacuenta por fin de todo. Al observar cómo se movía con seguridad porel jardín y llegaba en un santiamén al lugar donde imaginó queestaba Carisa y se libraba, por un suspiro, del ataque que habíalanzado el grifo.

¿Cómo no se había dado cuenta antes?¿cómo demonios lo había hecho esa chica para que nadie se dieracuenta de su presencia?

¿Cómo se había permitido tansiquiera dudar de Raine de Sedna, Caballero Guardián?

No supo si reír o llorar. Se decidióhacer las dos cosas, dejándose caer de rodillas al suelo. Demasiadosnervios y demasiada adrenalina en tan poco tiempo. Él, que solíallevar una vida tranquila.

************

El vestido del dragón estaba hechojirones en algunas partes. Estaba descalza y tanto sus pies como laspiernas estaban llenos de arañazos, golpes y heridas que se habíahecho mientras corría huyendo de aquella bestia pero se podíamantener en pie. Raine estaba frente a ella, con los brazosextendidos y hacia atrás, en un gesto protector con el queprácticamente la podía tocar por lo cerca que estaban. Notaba elcalor que desprendía y su respiración tranquila, pese a lo queacababa de hacer y la situación en la que se encontraban. Giró amedias la cabeza, para mirarla y con una sonrisa le dijo.
-No quiero que te separes de mí enningún momento.
Su voz también sonaba tranquila y leinfundó una gran seguridad que provocó que algunas de las lágrimas,que había aguantado durante esos largos quince minutos, descendieranpor sus mejillas. Apoyó las manos y la cabeza sobre la espalda deRaine,que agarró una de ellas y la llevo hasta donde había caídosu pañuelo, revelando su nuevo aspecto. Se lo entregó a Carisa paraque lo pusiera en la pierna izquierda, donde estaba la herida quesangraba más, se quitó el bigote y volvió a buscar con la miradaal grifo. Seguía tranquilamente posado sobre el muro, como siesperara a que ellas hicieran el siguiente movimiento.

Su mente trabajaba a toda velocidad,luchando contra sus instintos asesinos que le empujaban a buscar aldesgraciado del duque de Bonaventura, de Arturo y de su hermano mayorpara hacerles pagar por cada una de aquellas heridas y del caos queestaban provocando. Su raciocinio e incluso su corazón, la templabanpara que antes pusiera a Carisa a salvo, que era la que más peligrocorría.

Cuando ya se había puesto el pañueloy sin permiso, la aupó en sus brazos sin ningún problema
-Rai ¿qué haces?-la chica se sonrojó
-Así es más rápido
Se puso en marcha de inmediato, sindarle tiempo a que le dijera nada. Carisa se sobrecogió y se agarróa su cuello pero al apretar su cuerpo con el de Raine, notó que algoduro se le clavaba. Palpó con su mano y reconoció la forma de ladaga. La llevaba cruzada en su vientre en vez de a su espalda y poreso se le clavaba en su costado. Una gran felicidad la invadió y nole dijo nada.
-¡Raine!
Mikko las esperaba en la entrada deljardín, junto a Paulo y unos diez caballeros. Al acercarse a ellosvio que cuatro de ellos cargaban con un cuerpo.
-¡Joseph!-exclamaron Raine y Carisa a la vez
-Tranquilas,no es tan grave como parece y Louis lo espera en la cocina-informóPaulo
-Ten-Raine pasó a Carisa a los brazos de Mikko, poniendoalgo pequeño sobre una de sus manos-quiero que la lleves a laTorre...¡no hay tiempo que perder, vamos!-le apremió y Mikkoobedeció de inmediato, seguido de tres caballeros.
-¿Estássegura?-le preguntó Paulo mientras ella desenvainaba su espada ycolocaba la daga en un lugar que le quedase cerca de su manolibre.
-Siendo una situación de emergencia no se me ocurre mejormomento y lugar para mantener a Carisa a salvo. No hay de quepreocuparse, la situación está controlada y yo debo estar aquí.

La simple presencia de Raine era másque suficiente para tranquilizar a Paulo y a los tres caballeros quequedaban. El trabajo que tenían por delante era uno de los másdifíciles al que se habían enfrentado hasta entonces pero confiabanen su comandante y en su criterio para llevarlo a cabo con éxito.
Rápidamente, los puso al corriente detodo lo que necesitaban saber y de cual era el plan que iban a seguirpara vencer al grifo y posteriormente, atrapar a los impostores.Paulo fue abriendo cada vez más los ojos al darse cuenta de que noera algo que hubiera pensado en las últimas horas si no que todo eltiempo que había estado desaparecida, había estado preparándosepara ese momento

-¡RAINE! TEN...
Gracias a sus reflejos, pudo esquivarde un salto el trozo de piedra que el grifo había dejado caerencima. Ya lo había visto acercarse lentamente por el rabillo delojo. Parecía que se había cansado de esperar y estaba dispuesto adestrozar todo el jardín con tal de matarlos a todos.
-Se está impacientando nuestro amigo,será mejor que no le hagamos esperar más. No le defraudemos.

Tras estas palabras y con susrespectivas armas desenfundadas y habiéndose desecho de lo que lesestorbaba de sus disfraces, entraron al jardín, con la tranquilidadde saber que en palacio había tres arqueros, estrategicamentecolocados, esperando las órdenes de Raine para atacar.




-¿Me estás hablando en serio?
-¡Sí, claro! Ha sido ella la que nostuvo sobre aviso de lo que podía pasar. Yo actuaba de intermediarioentre los caballeros y los guardias.
Mikko estaba bastante impresionado yCarisa también dejó de lloriquear durante unos momentos conformeiban escuchando a Sebastián, que les contó que Raine no habíaestado de brazos cruzados durante ese tiempo que había estadoausente, que de algún modo sabía lo que estaba pasando y que habíareorganizado a los guardias y caballeros para entrar en acción encualquier momento.
-Entonces ¿por qué ha dejado quepasara esto? Ella...
-Lo tenía todo minuciosamentecalculado y era un mal necesario... como te he dicho antes, elduque de Bonaventura debía de creer que estaba fuera de juego.
Carisa soltó un gemido y Mikko la miróafligido. Le habría gustado consolarla pero era más urgente llegara su destino cuánto antes. Se imaginaba además, que por más quehubiera dicho o hecho... necesitaba desahogarse después de tantaangustia.

Él se sentía culpable tanto de haberreñido a Raine tan duramente, como de haber dudado de ella de lamanera en que lo había hecho. Si ya antes la admiraba, después desaberlo todo, la admiraba aún más. Y si todo terminaba bien aquellanoche, estaba seguro de que ganaría mucho galones al frente de suescuadrón... y de toda la orden de Caballeros.

Pero antes... todos tenían que cumplircon su papel.

Tomaron todos los atajos que Mikkoconocía para llegar a la Torre de la Doncella, el lugar quele había indicado Raine. Sabía que no era el camino más rápidopero sí el más seguro para llegar hasta allí sin ser vistos pornadie más.
Contrario a su nombre, la Torre dela Doncella no era una torre como tal, si no que se trataba de laparte más sobresaliente del palacio de tal manera que en ladistancia, daba la sensación de ser un torreón cuando en realidadera la parte más pronunciada de la arquitectura.
Era otra habitación secreta, como lasala privada para reuniones, que a diferencia de ésta, encontraronvacía, llena de polvo, ácaros, tela de arañas y todo tipo de seresvivos que habría hecho gritar a cualquiera. Ni siquiera Joseph sabíade su existencia hasta que Mikko encontró un antiguo mapa depalacio, del que aprendieron los pasillos, atajos, escaleras, caminosocultos y lugares que no estaban tan a la vista como parecía.
La Torre de la Doncella estuvoinexplicablemente sellada con tablones de madera, de ahí sulamentable estado. De hecho, durante un tiempo la dejaron tal cualestaba hasta que a Raine se le ocurrió que tuviera esa función.Sospechaba que antaño fue construida por el mismo motivo, dada a sulocalización: la de escondite secreto para el dueño del palacio. Unlugar donde esa persona podría permanecer oculta durante un tiempoindeterminado hasta que una posible crisis pasara. Y aunque no vivíanen un tiempo donde pudieran sufrir una crisis lo bastante grave comopara llevar a Carisa hasta allí, no le pareció mala idea que laarreglaran y la acondicionaran.

Evidentemente, Raine ni nadie se habíaimaginado nunca que tendrían una crisis de ese calibre, pero desdeluego se alegraban ahora de la existencia de la Torre de laDoncella.

Cuando llegaron frente al salón deltrono, Mikko dejó a Carisa en el suelo, preguntándole previamentesi podía mantenerse en pie. Allí, le pidió a los caballeros que sequedaran en la puerta vigilando hasta que ellos entraran. Le dijerona Mikko que tenían órdenes de permanecer allí hasta que Rainellegara.

-¿A dónde vamos?-preguntó Carisa enun hilo de voz pero Mikko no contestó, concentrado en buscar laentrada de la Torre, que se encontraba allí precisamente.Tanto, que no se dio cuenta de su presencia hasta que Carisa exclamó.
-¿Vais a alguna parte?
Mikko se quedó paralizado, con Carisadetrás extendiendo su mano hasta tocar su brazo izquierdo. El duquede Bonaventura se encontraba sentado cómodamente en el trono, conlas piernas cruzadas y la cara apoyada en la mano, cuyo codo estabaapoyado a su vez sobre el brazo derecho del trono. Con fingidoaburrimiento, como si llevara allí toda la noche. El mayordomo entróen pánico ¿estaba allí desde que se marchó del salón de fiestas?

Cogió a Carisa de la mano se dio lavuelta para salir por las puertas corriendo pero éstas se cerraronautomáticamente de un golpe certero. Estaban atrapados y el duque nisiquiera se había movido del sitio hasta que volvieron a mirarle,que se levantó con parsimonia y se dirigió hasta ellos. Carisatemblaba de miedo pero Mikko se mantuvo firme frente a ella y encaróa Oliver.
-Vaya, vaya, el criado valiente quequiere emular a los inútiles de sus amiguitos los caballeros-Mikkofrunció el ceño y lo miró con desafío y dureza, preparado para loque viniese. Sintió las voces de Sebastián y los demás al otrolado de la puerta. También, la mirada fría de las esculturas quelos rodeaban.
-No estoy emulando a nadie, estoyhaciendo lo que un hombre debe hacer en momentos como este ante uncerdo cobarde como tú: proteger a los más débiles.
Al duque se le torció la sonrisa enuna mueca de la que salió un grito de rabia que precedió al fuertepuñetazo que le asestó en la cara. Carisa se echó hacia atrásdando un chillido. El mayordomo se encontraba aturdido pero fue capazde enderezarse... pero no de esquivar el siguiente golpe, que loencajó en el estómago. Se quedó sin respiración y se inclinósobre sí mismo. El duque estuvo a punto de asestarle una patada deno ser por que Carisa se lanzó sobre él, empujándolo hacia atrásy desestabilizándolo.

Tenía miedo pero no estaba dispuesta adejar que golpeara a Mikko de esa forma y delante suya.
-Maldito seas...
-Oh ¿ya no soy tu queridoprincipito?
-Tú no eres ningún príncipe, sóloeres un hijo de puta y un mentiroso-el miedo estaba dando paso a laira pero eso a Oliver no le importó ya que no la considerabapeligrosa. Se acercó a ella tan rápidamente que a Carisa no le diotiempo a reaccionar y la agarró del pelo.
-Siento decepcionarla, su majestad-elalarido que ella soltó hizo que Mikko se levantara, con un hilo desangre brotando de su boca y un moratón en el lado de la cara que lehabía golpeado. Fue con todo a contraatacar pero al duque le bastabauna sola mano para detener sus golpes y derribarlo. Ni siquiera losforcejos de Carisa evitó que le diera una fuerte patada en la caraque lo dejó inconsciente en el suelo
-¡¡Nooo!!-Carisaconsiguió morderle en una mano, escabullirse y salir corriendo peroél era más rápido y la tiró al suelo de una embestida. La obligóa ponerse boca arriba y retuvo sus manos sobre su cabeza.
-No vas a escapar de aquí. No hastaque seas mía
Se quitó hábilmente el cinturón ycon él le ató las manos, haciendo que ella gritara asustada
-Llevo muchos días esperando esto yconformándome con muy poco
No supo muy por qué o cómo peroentendió el sentido de aquella frase. Recordó lo que Arturo lehabía dicho en el jardín antes de que el grifo hiciera acto depresencia. Recordó a Raine con el chico que tanto se parecía aArturo-debían de ser hermanos-contándole lo de las criadas delduque que habían sido violadas y que él había estado acosando auna de sus doncellas. Pensó en cómo había pegado a Mikko, cómo lahabía tratado a ella... en cómo se había quitado el cinturón yahora se empezaba a desnudar sobre ella. Relacionó todas las ideas ysintió verdadero miedo. No, no podía estar pasando eso.
-Hijo de puta. Hijo de puta. Hijo deputa-repitió una y otra vez, sollozando, mientras se terminaba dedesnudar. Cuando se quedó en ropa interior la miró lascivamente ycon sus manos, fue subiendo los bajos del vestido hasta quedarexpuesta por completo a él. Sujetó sus tobillos con fuerza ycomenzó a besarle las rodillas y los muslos.
La sensación fue tan sumamentedesagradable que cuando se fue acercando cada vez más y estaba apunto de ponerse sus manos en su ropa interior, el grito más fuertey profundo que jamás había proferido, salió de su garganta

-¡¡RAINE!!

Consiguió que él dejara de hacer loque estaba haciendo. Rabioso, le abofeteó con fuerza y decidióterminar pronto. Posó sus manos en su cintura mientras Carisalloraba cuando un temblor siguió al crujido de las vidrieras de la bóveda. Miró a Carisa a los ojos y vio que ella miraba por encimade sus hombros, hacia la misma. La chica había dejado de sollozarcon los ojos como platos y él también se quedó parado. Otro cracky algunos cristalitos cayendo, hicieron que se pusiera de rodillas ymirara en la misma dirección que la chica. Cuando levantó la cabezalo suficiente, fue demasiado tarde.

Con un gran estrépito gran parte de labóveda se vino abajo, al partirse la mayoría de las vidrieras dellado derecho en cientos de miles de fragmentos que empezaron a caeral igual que dos cuerpos, uno de ellos una masa negra inerte y elotro, se puso a rodar hasta cerca de ellos para hacerse el menor dañoposible. Segundos después, se puso en pie con cierta dificultad.
-Esto es una broma
Fue lo único que pudo decir Olivercuando reconoció al fin a Raine, con una sonrisa triunfante en elrostro, algo deformada por el corte que tenía en una de susmejillas. Su cara estaba llena de pequeñas heridas y magulladoraspero por lo demás y salvo la ropa bastante destrozada, parecíabastante entera.
No podía decir lo mismo del grifo queestaba tras ella y seguía sin moverse. Se fijó entonces que laespada de Raine estaba clavada en su lomo y un reguero de sangreempezaba a cubrir el suelo. Lo había matado.
-Esto es una broma-repitió incrédulolevantándose de donde estaba. Raine lo miró a él, luego a Carisaen el suelo que lloraba con la boca abierta, aún en estado de shocky medio desnuda y a Mikko, que seguía inconsciente pese al ruido quehabía hecho. Una ira ciega la invadió y Oliver lo debió de ver ensus ojos porque empezó a retroceder. Carisa reaccionó a tiempo paramover su cuerpo y obstaculizarlo para que cayera al suelo. Así Rainetuvo tiempo de sujetarlo del cuello, inmovilizarlo en el suelo ycomenzar a golpearlo con sus manos, mientras rugía. El duque quedótan sorprendido de su gran fuerza que no pudo hacer nada pordefenderse.
Carisa oía horrorizada cada golpe quesu amiga daba, rompiéndole los huesos de la cara mientras éstegritaba. Movió los brazos y las piernas hasta conseguir sentarse yla llamó
-Raine, no sigas por favor...¡Raine!
Parecía que no la oía. Se apresuróen arrastrarse y lanzó todo el peso de su cuerpo sobre el de Raine.No fue suficiente para que perdiera el equilibrio pero sí para queRaine volviera en sí y dejara de pegar al duque, que empezaba adeformarsele la cara de las hinchazones, los moratones y la sangre.También había lágrimas y gemía, igual que Carisa
-Raine, por favor... tú no eresasí... ya es suficiente.
Las súplicas de la princesa hicieronefecto aunque no inmediato. Bajó las manos, dejando una sobre laespalda de Carisa y la otra inerte al otro lado de su cuerpo. Miróhacia arriba, tragó saliva y respiró hondo con dificultad y miródespués a Carisa. Le liberó las manos de inmediato y usó elcinturón para retener al duque de Bonaventura. Después se puso enpie y cogió al vuelo a Carisa para abrazarla con fuerza.

Dándose cuenta de que la pesadillahabía acabado, Carisa se dejó arrullar y lloró al fin todo lo quequiso, apretando su abrazo. Raine posó su mejilla sobre su cabeza yse la acarició. Dos minutos después, las puertas del salón deltrono se abrieron y entraron Sebastián y los otros caballeros,acompañados de cinco guardias armados con lanzas y escudos. Rainefue hacia ellos, les dijo que estaba todo bajo control, les ordenóque se llevaran al duque a los cuarteles y a Mikko de forma inmediataa Louis para que lo atendieran.
-A vosotros-le dijo aSebastián-os quiero ver después en el jardín y alrededores. Llamada todos los caballeros porque aún no hemos encontrado a Arturo y asu hermano.
-¿Y tú?
-Me quedaré protegiendo a laprincesa
-Pero y tus...
-No te preocupes por mí, estoy bien.Vamos ¡os necesitan abajo!
Cuando se marcharon, dejando laspuertas de nuevo cerradas, cogió a Carisa de la mano y fue hasta laescultura de Godric. La rodeó y se plantó frente a la pared quehabía detrás. Dejó atrás a Carisa, que la observó sin comprendernada, y Raine palpó la pared con sus dedos. Al cabo de dos minutos,sonrío. Con su otra mano, cogió unas llavecitas que había sacadopreviamente de la ropa de Mikko y la introdujo en el agujero quehabía encontrado. Giró tres veces la llavecita y ante laexclamación de sorpresa de Carisa, abrió una puerta estrecha pordonde podían pasar de una en una. Tras ella, había una escalera demadera reforzada que llegaba hasta una puerta de piedra, que senotaba que había sido colocada hacía no mucho
-¿Qué esesto?
-Tu escondite secreto-respondió Raine invitándola a subirpara ir cerrando las puertas tras de sí.
-¡Y tan secreto! ¡Niyo conocía de su existencia!-bromeó mientras subía despacio losescalones pues volvía a dolerle la pierna.  

Raine entró la primera para encenderlas lámparas de aceite. Al entrar, Carisa se encontró con unsencillo dormitorio, que contaba con lo básico para pasar unos díasallí: una cama, una mesilla, una alacena y las lámparas. Y aunqueRaine, previsora, había limpiado y llenado la alacena con comida, senotaba que no se usaba.
-¿Este lugar es lo que tullamas...?
-¿La Torre de la Doncella? Sí, es estahabitación... lo siento si esperabas otra cosa
-No, no estoydecepcionada, realmente creía que existía tal torre, que sóloustedes conocían y que me llevarías lejos de aquí...

Raine acababa de asegurar que la puertase cerraba bien y que estarían seguras allí en las próximas horashasta que todo quedara al fin bajo control. Pese a todo lo que habíallorado antes, el Caballero Guardián se dio cuenta de que no habíasido suficiente y que todo lo que había soportado había sidodemasiado.

Ella tampoco se sentía demasiado bien.El cansancio ya estaba haciendo mella y ya no podía seguir ignorandolas protestas de su cuerpo; le dolía todo. Desde los nudillos de lasmanos, que estaban en carne viva, hasta los dedos de los pies, que noestaba segura de si tenía alguno roto. Además, la escena que habíapresenciado seguía revolviéndole las entrañas y prefería nopensar en lo que hubiera ocurrido si llega a tardar un poco más...

Decidió centrar su atención en otrosmenesteres. Obligó a Carisa a sentarse sobre la cama, sacando antesde debajo de la misma un pequeño baúl que contenía utensilios yhierbas para poder tratarse las heridas.
-Perdóname...-lo dijo tan bajito queRaine sólo notó que le hablaba
-¿Qué?-había alzado la mirada y vioque volvía a romper a llorar
-Perdóname.
Se tapó el rostro con las dos manos ylloró en silencio, hipando o sorbiendo de cuando en cuando. Rainetragó saliva, terminó de vendarle la pierna y se acercó a ella,sin cambiar de posición, con una rodilla al suelo y la otra a mediaaltura. Como cuando Carisa, tras su ascenso a Caballero Guardián, lehizo entrega de la daga, que había dejado sobre el suelo a su lado yque había usado para cortar los vendajes. Le cogió las manos, parapoder ver su cara hinchada y los ojos enrojecidos, se las besó yluego las posó sobre su propia cara. El gesto sirvió para queCarisa la mirara a los ojos, aunque al ver las heridas quetenía-cicatrizadas ya-provocó que llorara con más fuerza. Raine nose movió.
-¿Qué te tengo que perdonar? En todocaso, debería ser yo quién pidiera perdón
Inesperadamente, Carisa le propinó untortazo. No con demasiada fuerza pues su intención no era hacerladaño, si no mostrar su enfado.
-¡¡IDIOTA!!Idiota, idiota, idiota...-conforme lo iba repitiendo, repetíatambién su golpe hasta que Raine volvió a agarrar sus manos. No fuesuficiente para tranquilizar a la princesa, por lo que se incorporócon cierta dificultad y la abrazó. Ella luchaba por deshacerse de élpero también estaba demasiado cansada para batallar por más tiempo.Se rindió y apoyó su frente en el hombro de su protectora, queaprovechó para hablarle al oído.
-¿Por qué soy idiota? ¿no tengorazón? Te he dejado sola durante demasiado tiempo cuando mi deber esprotegerte pase lo que pase.
-¡Pero ha sido por mi culpa! Noconfíe en ti, puse en duda todo tu trabajo y dedicación y te alejéde mi lado... cuando tenías razón-la voz se le quebraba cada vezmás-el... ese... ese hijo de puta... quería... quería...
No pudo seguir hablando y Raine sentíaque se iba a romper también de un momento a otro. Se sentó junto aella y trató de consolarla, aún teniendo el presentimiento que laúnica forma de que se sintiera mejor, era sacando para afuera todo.

Uno de los problemas de la habitacióny que no pudieron solucionar, fue el de la luminosidad exterior puesno contaba con ningún tipo de ventana, ni siquiera un tragaluz.Estaban totalmente aisladas del exterior hasta que fueran abuscarlas. No sabrían nada de lo que ocurría mientras tanto, nicuánto tiempo pasaba.
Por eso Raine se sobresaltó cuandoCarisa le cogió de las manos con suavidad y le tocaba eldesgarramiento. Pensaba que de tanto llorar, se había quedadodormida y probablemente ella misma había sido la que se habíaquedado dormida.

-No te has curado-le dijo y luego cogió el baulito para ser ellaquien lo hiciera. Su amiga se dejó hacer, con somnolencia. Minutosdespués, Carisa empezó a sonreír y acabó riendo a carcajadas.Raine no entendía que le parecía de repente tan divertido hasta quese lo explicó, sin dejar de curarla
-Me estaba acordando del díaque me caí del sauce llorón de los jardines de mis padres cuandojugábamos a cazar duendes... Con esa gran habilidad quedesarrollaste para salvarme, evitaste que sufriera demasiadosdaños...
-Habilidad a la altura de la tuya para meterte enproblemas-bromeó y Carisa le sacó la lengua
-Fue muy divertidoporque no queríamos que mis padres supiesen lo que había estadohaciendo pero me había destrozado las rodillas, lo iban a sabertarde o temprano.-Raine sonrío también porque ya recordaba lo queCarisa le contaba
-Y nos escondimos durante el resto del díahasta que no soportabas más el dolor y te llevé con Nana-Carisasoltó una risita
-¡Ay sí! Menuda bronca nos echó a las dospero-terminó de vendar las manos de Raine-nos enseñó mucho sobreprimeros auxilios. Desde entonces, si volvía a pasarnos, noscurábamos mutuamente.
-Robando las cosas a quiénpodíamos-señaló Raine
Ahora era Carisa la que sujetaba susmanos y Raine, no estaba segura por qué, pero le causaba unhormigueo agradable en la boca del estómago.
-Siempre conmigo, siempre hasta elfinal... incluso cuando renegué de ti, tú has seguido velando pormí desde la sombra, incluso llegando a desobedecerme con todo lo queello implica... y salvándome la vida cuando no me lo merezco...
-Carisa...
-No, Raine, déjame terminar... quieroexpresarte todo lo que siento. Por favor-Raine la miró con tristezaporque intuía lo que iba a decirle. Tragó saliva y le dio unapretón para invitarla a seguir
-Soy... soy una mala jefa,nunca tuve que alejar a la orden de mi lado en ningún momento, fuimuy irresponsable. Fui muy mala persona por haberos maltratado... porhaberte dicho lo que te dije-Raine abrió la boca pero Carisa se latapó con sus dedos-no me mientas porque sé que te hice muchísimodaño. Y eso es la peor de las cosas que podía haber hecho... poreso creo que no debiste haberme salvado del duque... me merecía todolo que me pensaba hacer.

Raine se quedó estupefacta y sinpalabras, ya que sabía que estaba hablando en serio. Apretó losdientes de rabia hasta crujirle la mandíbula, con lo que ella lonotó.
-¡Eh!-Carisa le puso una mano en lacara. Otra vez esa sensación agradable y que se fue haciendo pasoprogresivamente en su corazón, eclipsando la culpa que iba enaumento y sobretodo, la furia que sentía hacia el duque, que habíaenturbiado la paz en palacio y en la vida de todos sus habitantes. DeCarisa. Le asustaba la serenidad con lo que le había dicho que semerecía el abuso al que la iba a someter el duque de no llegar atiempo.
Y cada uno de esos sentimientos sefueron borrando de su corazón, sustituidos por otro que llevabatiempo negando, evitando y escondiendo. Se le aceleró el pulso.
-Rai, no me mires así-le dijo condulzura-estoy pensando en contárselo a mi padre y que él...
La Caballero Guardián tiró de ellapor los codos para acercarla y hacer algo de lo que sabía que searrepentiría después.

Simplemente posó sus labios en los deCarisa, algo brusca y torpe pero una vez recuperaron ambas elequilibrio, fue... tierno. Raine sentía como si tuviera a milcaballos galopando en su estómago y en su pecho y Carisa... Carisano sabía ni que sentir, ni cómo reaccionar. Pero no le disgustaba.

Durante un minuto, hasta que Carisagimió porque quería respirar, mantuvo Raine sus labios pegados alos de ella. El ruido que emitió Carisa, sirvió para que tambiénse levantara de un salto y se alejara de ella. Volvió a echar demenos una ventana por la que mirar y disimular el azoramiento quesentía. Se conformó con quedarse mirando la alacena donde estaba lacomida y que al menos ella no aprovecharía porque ni tenía apetito,ni creía que después del beso... se le apeteciera comer.
Carisa no supo que hacer. Quisoacercarse a ella, abrazarla porque sabía cómo se sentía en esosmomentos. Luego pensó que lo mejor, era dejarla sola.

Se tumbó en la cama y cuando Raine sevolvió a verla, se había quedado dormida y esta vez profundamente.
-Soy una idiota.
Se metió en la cama pero se quedósentada, con la espalda apoyada en la almohada hasta que finalmentele venció el sueño también. Tan profundamente que no notó queCarisa apoyaba la cabeza en su vientre antes de volver a dormirse.

Good bye by shilin


Cinco horas después de que amaneciera,llegaron Sebastián y Paulo a llamarlas. Carisa ya estaba levantada ycomía de lo que había en la alacena cuando ambos pegaron a lapuerta. El primero estaba más magullado que cuando salió del salóndel trono y el segundo, tenía un brazo en cabestrillo y cojeabaligeramente.

Esperaron a que Carisa terminara de comer y Rainese despertara antes de salir y cerrar muy bien las puertas queocultaban la Torre de la Doncella. Fuera, ante el trono, había ungrupo de diez caballeros esperándolas para escoltarlas. A Raine sele ensombreció el gesto
-No los habéis encontrado
Sebastiánse encogió y Paulo decidió no mirar hacia ella. Los caballeros semovieron incómodos.
-Hemos pasado toda la noche buscando entodos los rincones de palacio y peinado el jardín una y otra vez sinencontrar rastro.-le informó Paulo con voz neutra-no creemos quehayan permanecido aquí después de la derrota del grifo y de Oliverpero como precaución...-Raine suspiró
-Habéis hecho bien perofrente a...la magia, no podemos hacer gran cosa.
Ella y Carisa sesituaron en el centro de la comitiva y se pusieron en marcha, rumboal comedor. Raine quería desayunar y después cambiarse de ropa paracomenzar a trabajar lo más pronto posible porque intuía que teníanmucho que hacer por delante.

Por el camino, Paulo les puso alcorriente de lo que había ocurrido en las últimas horas,silenciando el fracaso de su búsqueda.
Habían improvisado enlos cuarteles, una enfermería para atender a los heridos, por lacercanía con las otras áreas de servicio y por su mejordisposición. Louis se sentía tan cómodo que se negó a volver aLillya y estuvo toda la noche cuidando a los heridos, enviando aalgunos caballeros a por el resto de sus herramientas.
-Ha vueltoa lamentar que no dispongas de un lugar para él en palacio-le dijoPaulo a Carisa-que nos facilitaría mucho las cosas-Carisa sólosonrío de medio lado sin mediar palabra. Raine preguntó por elestado de los afectados.

Mikko se recuperó pronto, aturdido yluego se puso muy nervioso porque creía que Carisa seguía en manosdel duque. Estaría unas semanas de baja para recuperarse.
Josephera el más grave pues perdió mucha sangre. Se habían ensañado conél pero hacía unas horas que había despertado. Estaría muchotiempo fuera de servicio también
Los demás eran heridos leves,caballeros en su mayoría y guardias, que fueron ocupando yabandonando las camas. Otros tantos, eran invitados que, o biendesobedecieron a los guardias que los mantenía en el salón o bienfueron los rezagados a la hora de volver a casa, que sufrieronataques de ansiedad a cuenta del grifo. Nadie se quedó a pasar lanoche en palacio.

Conforme iba escuchando, Carisa se sentíacada vez más deprimida y cansada. Aún le quedaba conocer laspérdidas materiales que habían sufrido y las consecuencias de loocurrido. Le inquietaba lo que los lugareños contasen en Lillya...yque la noticia corriese como la pólvora hasta llegar aGlaedwine.
Pensando lo mismo o adivinando sus pensamientos, Rainedijo
-Estaría bien que el resto de la ciudad supiera lo que haocurrido. Nos ayudaría mucho en la labor de atraparlos y evitaríaque Lillya sufriera daños innecesarios
-Pero Raine, mipadre...
-Respecto a eso...-las interrumpió Paulo-hay algo quedebéis saber. Antes creo que deberíais desayunar debidamente
Habíanllegado ya a la puerta del comedor. Las chicas entraron junto a Pauloy Sebastián, mientras que el resto se quedaba en la puerta o sedispersaba por la entrada.

Dentro las esperaba dos doncellas queen cuanto se sentaron en la mesa, les sirvieron de inmediato. Paulose mantuvo de pie, dando vueltas por el salón, dejándolas comertranquilas y sólo se sentó frente a ella, veinte minutos después,cuando ya estaban terminando.
-¿Qué es lo que tenemos quesaber?-preguntó Raine con algo de impaciencia.
-Te lo tendrías que haber imaginadoya... debido a las bajas y daños que hemos sufrido, mandé estamisma mañana a dos mensajeros para pedir ayuda a Simeón
Carisa dejó caer su trozo de pan a lamano y Raine abrió muchísimo los ojos, mirando incrédula a suteniente. Abrió y cerró la boca dos veces hasta que fue capaz dearticular palabra
-¿A mi padre?
-Sí-confirmó Paulo-sé que tendríaque haber esperado a tu permiso pero tienes que entender que es unasituación de emergencia.
-¿Hay algo que no me hayas contadopara necesitar ese tipo de ayuda?-Paulo guardó silencio. Habríapreferido un momento más idóneo pero como le acababa de decir,tenía que entender por qué había llamado a su padre. La conocía ysabía que solía ser reticente a pedir ayuda a su padre, a menos quefuera inevitable, no por ella misma... si no por Carisa.
Pese al tiempo que ya había pasado ylas de múltiples ocasiones en las que tanto Carisa como Raine habíandemostrado su valía e independencia, el rey Jacob era muy estricto yexigente. El más mínimo detalle le servía de excusa para discutircon su hija e intentar en vano, gobernar en su vida. Por eso Raine seesforzaba al máximo para que su trabajo fuera impecable y que suineficacia o inutilidad no le sirviera al rey de reproche.

Conocía muy bien cómo funcionaban lascosas en Glaedwine y para que Simeón pudiera enviar caballeros aLillya e incluso ausentarse, debía informar forzosamente a Jacob.

-Tantas horas examinando el jardín aldetalle, en busca de pistas o rastros de nuestros invasores, nos haservido también para tener una idea aproximada de los dañossufridos... vamos, que tenemos ya informes elaborados al respecto.

Usó un tono solemne y casi educado para decírselo pero tanto Rainecomo Carisa, se quedaron sin reacción. Viendo que ninguna de las dosdecía nada, prefirió explicarlo más detalladamente. No demasiadopues había cinco largos pergaminos esperando a ambas en la sala dereuniones de los cuarteles con esa información, tanto del jardín ydel salón del trono (lo más dañados) como otras áreas de palacioque no habían sufrido destrozos pero sí mucho desorden.

Eljardín, ya de por sí afectado por el paso de la serpientecome-huevos, requeriría ahora mucho tiempo y dedicación para quevolviera a lucir como antes. Casi tal y como hicieran años atrás.El muro exterior estaba destrozado e impracticable en numerosospuntos y la pérdida más dolorosa era la pérgola.
-No sé cómose las apañó para no dejar nada en pie... iba persiguiendo aRaine...-miró a la chica, que tardó en darse cuenta que esperabaque contase qué fue lo que pasó. Le sonrío misteriosamente comotoda respuesta pues no pensaba contar nada hasta que su padre y suscaballeros llegaran a palacio... Quién sabe, lo mismo incluso dejabaciertas partes a la imaginación de cada uno...

Un pocodecepcionado, Paulo prosiguió desgranando los daños que habíansufrido, lo que llevó en total casi una hora. Después, Raine cruzólas manos sobre la mesa y pasó un rato procesando todo. Haciendounos cálculos rápidos y una planificación superficial, mal que lepesase... Paulo había tomado la decisión correcta.

Las bajasde Joseph y Mikko eran importantes porque los obligaba a delegar suspapeles a terceras personas. Tenían que compaginar los arreglos consu actividad diaria, su investigación y la protección de Carisa.Necesitaban ayuda sí o sí para poder hacerlo todo.

Paulo lasdejó solas, pues tenía que llevar a Oliver a Lillya. Raine se habíaolvidado de él.
-No os recomiendo verle, no sabemos cómo puedereaccionar...ya tendréis tiempo de enfrentarlo cuando seajuzgado.

Se llevo a cinco hombres de los que estaban en lapuerta y luego los esperarían un escuadrón de guardias de la ciudadpara escoltarlos.

Un silencio incómodo se instaló entreellas. Carisa miraba el perfil reflexivo de Raine, que notaba susojos sobre ella, sin atreverse a volverse. En el momento en que sehabía marchado su elemento de distracción, Raine evocaba de nuevola noche anterior. Sin imaginarse que Carisa también pensaba enella.
Se miró las manos con detenimiento hasta que por fin volvióa la realidad
-Es hora de cambiarnos de ropa ¿verdad? O no teimporta seguir llevando tu disfraz...-Carisa esbozó una sonrisatímida y alentada por ella, Raine se puso en pie y salieron deallí.

En la puerta, Carisa estuvo a punto de llamar a Aliciapero la doncella llegó acompañada de otras dos chicas. Raine por suparte reunió a los caballeros y les dió órdenes diferentes a cadauno para que sólo dos las acompañasen y los otros hicieran algoproductivo mientras tanto. En esa situación, iba a ser importante lacapacidad de hacer varias cosas a la vez.

Media hora después,Raine y Carisa se encontraban frente a la puerta de la habitación dela primera, que acababa de salir. Ahora que la veía con su ropa desiempre, es cuando a Carisa le resultaba raro verla con el pelo tancorto.
-Y bien, señorita ¿qué le gustaría hacer ahora?
Carisase enfurruñó pero la broma consiguió su cometido: que suspensamientos no se desviaran de lo que seguían siendo sus deberes.Sin embargo, irían descubriendo poco a poco que ya nada volvería aser como antes.

La princesa quería ver con sus propiosojos lo que había pasado en el jardín, de esa manera, mientrascaminaban, le contaba a Raine sus ideas sobre cómo administrar elpalacio a partir de entonces y cada una de sus inquietudes.
-Temo la reacción de mi padre, yasabes cómo es...-la Caballero Guardián escogió las palabras concuidado para transmitirle la conclusión a la que había llegadodespués de darle muchas vueltas y que ella no se pusiera másnerviosa o se sintiera ofendida.
-Nadie podía prever lo que iba aocurrir... sé que los caballeros hemos recelado mucho de él-dijoponiéndole una mano en el hombro con suavidad al ver que iba adecírselo-pero nunca se nos habría ocurrido un incidente de talcalibre. Ni mucho menos que estuviera coqueteando con magos-recordósu conversación con Mikko y se lo contó-yo misma me mostréescéptica con esa idea...
-Entonces ¿cómo supiste lo que iba ahacer anoche? Por lo que le contaba Sebastián a Mikko, no fue algopreparado en unas pocas de horas...

Habían entrado al jardín y porcostumbre, tomaron el sendero que les llevaba a la pérgola.Caminaban despacio, una junto a la otra. Raine guardaba silencio yCarisa le cogió del brazo y se lo apretó, con la intención de quele dijera algo. Si no quería contarle nada, no iba a forzarla perono quería que simplemente no dijera absolutamente nada, tal y comohabía hecho con Paulo. Necesitaba respuestas que consiguieranaliviar esa desazón que sentía dentro.

Lo que le ocurría es que no sabíacómo contarle las cosas, obviando lo que había sentido por suspalabras y lo que por ende, había hecho. Se encontraban bien ahora yno quería enturbiar esa paz rememorando esos días. Menos ahora queCarisa ya se sentía muy culpable...
Veían los restos de lo que había sidola pérgola cuando logró encontrar la mejor manera de relatar lahistoria
-La... noche que me viste en elpasillo-Carisa asintió-vi al duque golpeando a una de sussirvientas...
-¿Qué? No vi...
-Porque estaban en el ala de losinvitados y yo hice todo lo posible para que te alejaras de allí. Enese tiempo, él y la sirvienta se habían ido
-Usaba esas habitaciones-cayó en lacuenta haciendo una mueca de asco-por eso no sabíamos nada... pero¿no te encontraste con una de ellas...?-Raine asintió.
-Una de sus criadas en una de lashabitaciones, llorando. Algo que no te conté entonces fue que élvino a verme a la sala de entrenamientos. A preguntar sobre la ordeny a ser molesto...-hizo una pausa pues Carisa se soltó y dio vueltasalrededor de la base de la pérgola, que era lo que quedaba en pie.Las mesas y las sillas estaban desperdigadas al igual que otrosrestos. Soltó un prolongado suspiro y miró a Raine, posicionándosefrente a una de las sendas que llevaba al claro con las flores.
-Fue a verte... eso quiere decir...que antes o después...
-Diría que antes...
-¿No oíste nada?
-No prestaba atención a lo queocurría más allá de las paredes de la sala de entrenamientos y delo que hacía. Me pareció raro que estuviera por allí tan tempranopero creía que estaba interesado en obtener información... no endisimular sus actos-Raine soltó una risotada-se creería que leoí...

En medio del sendero, se encontraroncon una enorme piedra que reconocieron como perteneciente al muro queconsiguieron rodear saliéndose del camino y adentrándose en lavegetación.
-Paradojicamente, esa fue la mismasirvienta que estaba golpeando hace una semana... y la que encontréhuyendo en el camino, cerca de Lillya.

Carisa le prestó más atención a ellaque al desastre que les rodeaba, haciéndole olvidar la desazón queiba creciéndole por dentro.

Había salido por la mañana temprano,después de no haber dormido casi nada, devanándose los sesosbuscando una solución para los problemas que se le avecinaban ysalió hacia Lillya, con intención de desayunar allí y tomar elaire.
Estaba llegando a la ciudad cuando miróa sus espaldas al oír unos pasos presurosos y extraños. A unosveinte metros, vio una figura cubierta con una larga capa con unacapucha que le tapaba el rostro. Sabía que forzosamente habíatenido que salir del castillo tras a ella, así que se acercó unosmetros más a Lillya, desviándose del camino y se quedó esperandodesde ese punto. Al llegar a su altura, pasó de largo sin mirarla ycuando creía que entraría en Lillya, tomó el camino que rodeaba ala ciudad.

Llevada por la curiosidad, la siguiódurante unos minutos hasta que se dio cuenta de su presencia.
-Supongo que me reconoció y se quedóparada mirándome durante el tiempo suficiente para ponerme nerviosay regañarme a mí misma por no llevar conmigo la espada. Respirétranquila cuando se quitó la capucha y la reconocí de inmediato. Alacercarme, me di cuenta de que ella estaba más alterada que yo.
“Me explicó atropelladamente lo queestaba haciendo y me rogó para que no dijera nada en palacio. Latranquilicé y la convencí de que viniera conmigo a Lillya, queestaría segura. Me costó, pero accedió a ir cubriéndose porcompleto”.
-Allí, frente a una taza de lechecaliente, pan y queso, me acabó contando todo, aunque al principioestuviera reticente. Se dio cuenta de que yo era de confianza

Raine volvió a hacer una pausa yCarisa presintió de que lo que iba a contar iba a ser muy delicado.Tragó saliva y siguió con lo que la criada del duque le reveló.

-Oliver no es realmente el duque deBonaventura. Es de noble cuna pero no ostenta ese título-a Carisa sele fue el color de la cara.
-¿Entonces? ¿mi padre...?-Raine negócon la cabeza
-No sé si tu padre tiene algunarelación con él, todo lo que conocía ella era de lo que oía de suboca cuando estaba en su presencia o lo que se contaban las unas alas otras. Aunque lo que me contó a mí lo sabe de otra... manera.

Volvió a tragar saliva y respiróhondo. No sólo para poder contarlo, porque se le revolvían lastripas, si no porque le recordaba a la escena vivida en el salón deltrono.

Había un número indeterminado desirvientas que eran consideradas de “confianza”. Ella había sidocontratada cuando Oliver organizaba su viaje a Lillya y no supo dequé se trataba hasta que acabó en su cama. Como la había seducido,creyó realmente que la estaba cortejando pero no tardó mucho ensacarla de su error. Ella había pasado a formar parte de ese grupode sirvientas que le satisfacían sexualmente, voluntariamente o a lafuerza y era su nuevo capricho.
La última noche antes de partir haciaLillya se desveló en la cama de él. Estaba vacía porque seencontraba en la puerta hablando con Arturo, el que ella creía queera el pinche de cocina y por lo que entendió era hijo de una brujay que ayudaría en el secuestro de la princesa de Amaranta junto consu hermano, que trabajaba en las caballerizas.

En ese punto de la historia, a Carisale flojearon las piernas y Raine tuvo que cogerla para que no secayera. De repente se sentía muy mareada.
-Quería... ¡queríasecuestrarme!-dijo con un hilo de voz-esa coquetería, todo lo medecía y todo lo que hacía tenían como finalidad...-no pudoterminar la frase
-No entró en muchos detalles pero nohacía falta, era fácil adivinar que su primer intento era hacerlopor las buenas. Es decir, no venir aquí, armar un alboroto yllevarte a la fuerza, si no hacerse pasar por un pretendiente más.
-Por eso quería llevarme a Aodán¿no?-apretó los dientes-para quedarme allí para siempre, quisieracasarme con él o no
-Eso mismo-respondió Raine lúgubre
Volvieron a caminar, se estabanacercando al claro y los daños parecían haber disminuido. Lapesadumbre de Carisa en cambio iba en aumento así que Raine seapresuró en seguir hablando.

La criada no estaba segura de si lo queestaba oyendo era cierto o sólo era un mal sueño porque no cree nien la magia, ni en brujas. Sin embargo, cuando estaban a pocoskilómetros de Lillya, Oliver y los dos hermanos cabalgaban juntos,seguramente planeando todos sus movimientos. Al cabo de media hora,ambos se adelantaron a la comitiva para llegar antes a la ciudad.Ella pensó que era para anunciar su llegada y no para quefinalmente, entraran al palacio sin la presencia de los únicos dosvarones además de él, como duque de Bonaventura. Ni que formaraparte de su estratagema.

Casi al borde de las lágrimas, leconfesó a Raine estar arrepentida de haber colaborado con susilencio en lo que estaba haciendo. Arturo pasándose por un mandadodel mensajero del rey-no sabía si realmente habían interceptadoviolentamente al verdadero mensajero o simplemente había fingido serun mandado-y su hermano Sebak desviando la atención para que nadiesupiera que era él quién forzaba y violaba a las chicas.

-Dios mío-Carisa se tapó el rostrocon ambas manos y después las dejó sobre sus mejillas-¿por qué nome he dado cuenta de nada?
-Es un perfecto actor-dijo Raineencogiendo los hombros-y tenía reprimida a sus sirvientas para queninguna dijera nada bajo múltiples amenazas.
-¿Y esa chica? ¿por qué huía? ¿noiría... a matarla?-tembló después de pronunciar esas palabras.
-No, no ha llegado nunca a eseextremo-la tranquilizó-ella había entrado a trabajar en su corteporque decían que pagaban muy bien pero prefería ganar mucho menosantes que sufrir tantas vejaciones.
“También influyó lo que ocurrióla noche anterior, cuando los oí. Al parecer, se encontrabalimpiando la habitación de Oliver cuando lo oyó de discutir conalguien en la puerta sobre la fiesta que se iba a celebrar y supreocupación de que sus planes salieran mal. Debía ser que estabamuy alterado o que confiaba que nadie lo oyese pero cualquiera queestuviera cerca, podía enterarse de lo que quería hacer.”
-Iba a invocar un grifo negro en eljardín para que con él, secuestrarte y llevarte a Aodán. Estabamuy satisfecho por haberse deshecho de esa orden de patanes perotenía serias dudas sobre ti y tus deseos.
-¿Por qué? ¿se pensaba que no iba airme con él?-Raine sonrío ampliamente sin evitarlo
-Había notado que el enfrentamientoque tuvimos te afectó más allá de lo que iban sus cálculos y queme había convertido en un serio dolor de cabeza. Dejó a un lado lasgalanterías y decidió pasar directamente a la acción.

Llegaron por fin al claro donde lasMoon Rose habían sobrevivido a la escabechina de la noche anterior.Había llegado algún pequeño escombro pero nada grave. Lasfigurillas y las flores estaban intactas. Eso tranquilizó a Carisaque se sentó frente a ellas apoyada en sus rodillas y Raine a sulado, con las piernas cruzadas.

Se respiraba una paz casi irreal en eselugar que se encontraba casi en el mismo corazón del jardín, poreso lo eligieron para las Moon Rose pues ningún humano conocía ellugar salvo ella pero también habían observado, que tampoco ningúnanimal. Sólo los más pequeños y los insectos.

Olvidaron de lo que estaban hablando yse dejaron llevar por el sonido que emitía el viento al mover lo quelas rodeaba y el zumbido de las abejas que revoloteaban entre lasflores, cuyo olor provocó de nuevo los pensamientos de la nocheanterior.
-Raine-consiguió llamar su atencióny que la mirase a los ojos-sobre... sobre lo que pasó anoche...yo...
Creyendo que Raine no diría nada o queevadiría el tema, le cogió de sorpresa su reacción. Posó susdedos sobre sus labios, tal y como ella hizo, enseñándole unasonrisa triste.
-Olvídalo-le pidió en un susurro
-Pero...
-No quiero oírlo Carisa... de verdad,ya lo sé. Sólo soy tu Caballero Guardián... y no puedo, ni deboaspirar a nada más. Jamás. Así que por favor, olvida lo que pasóanoche... como si no hubiera sucedido nada
Antes de levantarse y alejarse de ella,con la misma mano con la que la había silenciado, cogió su barbillay posó un beso en la frente.
-¡Raine!
Se mordió el labio inferior y maldijola cabezonería de Raine, que iba a ser el mayor obstáculo parahablar con ella ¡tenía tantas cosas que decirle! Y sentíanecesidad de hacerlo pero le iba a costar mucho hacerlo.

Decidió que era mejor dejar pasar untiempo hasta que Raine estuviera preparada y se levantó. SuCaballero Guardián la esperaba en el sendero, por el que volvieron apalacio más distantes y en completo silencio.



-Eres idiota
Después de comer y reunirse con Paulo,para leer los informes al completo, pasaron el resto de la tardeviendo a los convalecientes en sus habitaciones. Louis, que ya semarchaba por fin a su casa, aprovechó para examinar sus heridas yofrecer personalmente sus servicios a Carisa, que le aseguró que loestudiaría. Tras los incidentes, se planteaba más seriamente tenera alguien como él dentro de palacio.

Al primero que vieron fue a Joseph, quepasaba las horas muertas yendo por los pasillos, riñendo o dandoórdenes a los pobres caballeros que se cruzaban con él. Tenía dosbrechas en la cabeza y le habían clavado una espada en el brazo,pero si no se mareaba demasiado, podía mantenerse en pie. Teníanque vigilar que no saliera de esa zona porque tenía muchas ganas...de trabajar.

Aunque sus heridas eran más leves,Mikko no podía moverse tan bien como Joseph pues tenía una costillafracturada y varios huesos de la cara rotos. Le costaba un pocohablar pero agradeció la visita.

Tras la cena y dejar a Carisa en sushabitaciones, custodiada por tres guardias, Raine volvió allí parahacerles compañía. Mas Joseph ya estaba dormido cuando llegó
-Hice lo que tenía que hacer
-Eres idiota precisamente poreso-repitió Mikko, tentado de tocarse la cara que se acaba de cubrircon el mejunje que le había preparado Louis-en tu carrera poresconder la cabeza-porque eso no es hacer lo que hay que hacer si nohuir como una cobarde-te has olvidado por completo de ella.
Ni siquiera le había contado nada...no al menos en principio, pero Mikko también las conocía bien yhabía notado la tensión y la incomodidad que había entre ellas esatarde. Le interrogó hábilmente y consiguió que al final confesara.Pero después, no sabía que decirle.
-Escuchar no te hará daño Raine,hazme caso... bueno, no sé para qué te digo esto porque siempreacabas haciendo lo que te dé la gana y cuando te dé la gana¿verdad?
La chica estaba prestando atención alos susurros de los que hacían la guardia esa noche pero sabía quelo estaba escuchando. Sólo lo ignoraba deliberadamente. Le quedóclaro que estaba asustada y en cierto modo avergonzada. Pero deseabaque se diera cuenta de que no tenía nada de malo, que se trataba deunos sentimientos sinceros... y no precisamente pasajeros. Igual queCarisa, prefirió dejar pasar un tiempo antes de abordar de nuevo conella ese tema.
-Bueno... cuéntame al menos qué fuelo que te hizo cambiar de opinión ¿no?

Cambiar de tema la animó y aunque erarepetir lo mismo que le había contado a Carisa, con Mikko podíaexplayarse más... al fin y al cabo... después de cómo se portócon él, se lo debía.
Por desgracia, los guardias la llamaronpara que los ayudara con un asunto y al volver, Mikko se habíaquedado dormido en el mejor momento

**********

-¡Ah, hija mía! ¡cuánto me alegrode verte!
-Bienvenido padre
Padre e hija se fundieron en un abrazo,todo lo que la armadura del primero, le permitía. Al igual queJoseph, Simeón tenía la costumbre de llevar su armadura siempre quepodía. De él, Raine había heredado sus ojos, que la miraba con laternura de un padre. Poco después, apareció Carisa, ante la quehizo una inclinación.
-Mi señora
-Bienvenido a casa, Simeón
A la mañana del segundo día, desdeque se enviaron los mensajeros, llego a las puertas del palacioacompañado de una treintena de caballeros, que fueron dejando susmonturas e iban entrando, mientras sus compañeros llevaban a losanimales a los establos, que los habían preparado ante la inminentellegada.
-Veo que los mensajeros noexageraban-le dijo tocándole la mejilla
-Es menos de lo que parece, no tepreocupes
-Necesito que me pongas al día detodo
-Paulo y Leon nos están esperando,vamos.
Carisa los vio de perderse, rumbo a labiblioteca, antes de ir hasta los cuarteles para hacer compañía aJoseph y Mikkko, donde también de paso, estaría protegida por loscaballeros que acababan de llegar.

Sin saber que eso no serviría de nada.Sin imaginarse que sería la última vez que los vería a todos.

Todos le prestaban atención mientrasRaine no se dejaba nada en el tintero a la hora de contar lo quesabía. Ayudada en algunos puntos por sus compañeros, cuandoempezaron a relatar la llegada de Arturo con el supuesto mensaje delrey y confiando en su memoria y en su criterio, a la hora de contarlo que restaba y exponer su opinión al respecto. Obvió, tal y comohabía decidido, los detalles más personales y otros tantos de sulucha con el grifo hasta vencerlo.

Su padre la alabó en cuanto finalizó.No todo el mundo era capaz, en una situación tan delicada ypeligrosa, desarrollar, preparar y llevar a cabo un plan como el queella había ejecutado y que había tenido tanto éxito. Sólo alguienque conoce tan bien a los hombres con los que trabaja, podría habersido capaz de coordinarlos como lo había hecho ella para que fuerancapaces de seguir haciendo lo que Paulo, Joseph y Leon habíanpreparado y a la vez, estar preparados para actuar en cuanto ella lorequiriese.
También felicitó a los otros y porextensión, a todos los guardias de palacio y caballeros delescuadrón de Raine
-Aunque no los hayáis encontrado,habéis mantenido a salvo a Carisa que era lo más importante yatrapasteis a ese impostor.
-Entonces la criada tenía razón...
-No sólo eso Raine, si no queverdaderamente el duque de Bonaventura iba a venir a cortejar a laprincesa y el rey Jacob mandó un mensaje.
“Como al cabo de una semana,recibimos un mensaje de este mensajero en el que decía que habíasido atacado en el camino, su majestad decidió posponer la visita yacompañarlo hasta Lillya personalmente. Por lo que le pidió queprimeramente fuera a Glaedwine para después partir hacia aquí. Sumajestad cayó enfermo antes de que llegara así que ha estadoviviendo allí durante un tiempo.”
-No voy a entrar en detalles de quéha ocurrido mientras porque no es momento de chismorreos... peronunca imaginamos que el ataque al mensajero pudiera suponer un seriopeligro para vosotros, hasta que llego vuestra llamada

Pasaron a describirle el chico, a suhermano y a Oliver
-Está en Lillya, en los calabozos,podemos ir luego a verle. Sus criadas están alojadas en distintasposadas, a la espera de saber el veredicto. Después de lo que hacontado Raine, lo mejor es hablar con ellas y liberarlas. ¿Crees quenecesitamos más chicas?
-Hablaré con Mikko para saber qué leparece, puede ser buena idea con la que se avecina.
-Entonces Simeón ¿cuántos...?

Una terrible explosión hizo temblar lasala, provocando la caída de objetos y la ruptura de algunos deellos. Ellos se sujetaron a la mesa con el terror pintado en suscaras. Esperaron a que todo dejara de dar vueltas antes de salircorriendo hacia el exterior.

Se oían muchos gritos y a muchaspersonas de correr. Raine se adelantó a su padre y a los demás,sintiendo un temor devorándole el estómago, que fue acrecentando alcomprobar que todos huían del punto donde se suponía que Carisaestaba.

Sin saber qué es lo que había pasadoy sin pararse a preguntar, se adentró en la bola de humo queempezaba a invadir el palacio. Mientras avanzaba, oía más gritos,llantos y toses. En un determinado momento, sin saber en qué puntoestaba, oyó a alguien que la llamaba con desesperación.

Era Carisa

Se dio cuenta de que al final del alade los cuarteles se había abierto un tremendo socavón por el queCarisa era arrastrada a toda prisa por dos hombres que reconoció deinmediato
-¡MALDITOS SEAIS!
A toda la velocidad que le permitía supies fue hasta ellos pero sus esfuerzos fueron inútiles. Sebak alzóuna mano abierta hacia ella, mostrándole la palma. Vio un resplandorde luz azul y entonces...

Dolor.

El tiempo se ralentiza en ese instantey lo único que siente un inmenso dolor que le sacude todo el cuerpodesde el punto donde se le ha clavado profundamente una lanza dehielo. Su cuerpo se ha paralizado unos segundos en el momento delimpacto... y ahora siente que va cayendo hacia atrás poco a poco. Suvista se nubla y lo últmo que ve es a Carisa, entre toda la humareday el fuego, arrastrada por sus secuestradores, mirando hacia ella,con los ojos a punto de salirse de su órbitas, horrorizada eincrédula.

Al menos no lloraba

Ya que no podría tener más susonrisa, que no fueran sus lágrimas lo último que viese antes demorir.

Porque no saldría de aquella ¿verdad?

Y con esa idea, maldijo rabiosa ydeseándole lo peor a los que se la llevaban.

Antes de perder la consciencia, oyó sunombre aullado por la chica


Continuará...



Y este continuará viene a que tengo la firme convicción de escribir la novela de esta historia. En su día dije que aún no estaba preparada para abordarla. Sigo sin estarlo. Pero ¿sabéis la sensación de leer un libro y querer leerlo hasta terminarlo porque os tiene enganchado? Esa es la que tengo yo pero a la hora de escribir esta historia. Y hasta que no trabaje en serio en ella, no me quedaré más tranquila.

Debido a que mi cabeza está cada vez más enfocada a la posible novela y no en el relato, este fragmento no ha sido más denso porque me he esforzado en sintetizar lo máximo posible. Es posible que me haya pasado un poco y se hayan quedado cabos sueltos, pido disculpas por ello pero ha habido muchos momentos en que me he quedado atascada hasta que me daba cuenta de lo que me pasaba. Así que tengo dos fragmentos de relato guardados como posibles datos para la novela ^^U.

Por el momento, voy a corregir el relato a lo largo de esta semana (que escribiendo lo que me quedaba vi algunos errores), editar las entradas publicadas y como dije en el capítulo anterior, publicar en Literatura Nova y otras plataformas los archivos del relato.










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