martes, 16 de octubre de 2012

Princesa IV

Raine y Carisa




 -...ine...¡Raine!
-Ah, perdona...
Joseph y ella estaban hablando de los últimos acontecimientos mientras Carisa y Oliver jugaban al ajedrez, de nuevo en la biblioteca.
-Te decía que mantendría en alerta a los caballeros para encontrar y vigilar a ese chico nuevo. Y que un toque de queda podría servir para descartar a los varones como posibles violadores.
-Ah sí, claro...-minuto de silencio en el que Raine miraba de reojo a la pareja de jugar mientras su antiguo maestro la miraba a ella.
-Hay algo que no me has contado...¿me equivoco?...Raine-arrastró las sílabas y usó un tono que mezclaba el apremio con la amenaza. La chica bufó y le contó lo que Carisa le había contado y se encontró confesándole sus inquietudes a Joseph. La expresión seria de éste al terminar no la tranquilizó. Tardó un rato en responder
-Me sorprende muchísimo, no creí que la cosa hubiera ido evolucionando tan bien como para llegar a hablar de casamientos-se mesó la barba-de todos modos no deberías de preocuparte tanto por eso.
-¿No?-Raine lo miró incrédula y Joseph bajó la voz hasta que fuera un susurro, acercándose a ella.
-Es un completo idiota-la chica soltó una carcajada-no te rías, hablo en serio. Cualquiera en Amaranta conoce muy bien a los caballeros y nuestro trabajo. Nadie nos pondría en duda como nos ha puesto él y estarían encantados de tenernos a sus órdenes. Así que no te preocupes-repitió en el mismo tono-lo que él quiere es ponernos a prueba. Ponernos nerviosos e incluso en evidencia. Ya sabes lo que pienso de él y de sus intenciones. Y no me hace ninguna gracia que la princesa se vaya a casar con él
-Bueno... es una posibilidad pero todavía no hay nada seguro...-Raine tragó saliva y Joseph se dio cuenta de que seguía preocupada.
-Entonces más motivos para que no te preocupes... Raine, mírame-la chica obedeció-sé que para ti es mucho más difícil que para cualquiera de nosotros. Tú y la señorita Carisa os habéis criado juntas y sois muy amigas. Pero es por eso que deberías saber que ella no es tonta y meditará muy bien cualquier decisión que tome, sin hablar de que te tendrá muy presente y en cuenta a la hora de hacer las cosas. Aunque ella no te lo haya dicho aún. Lo sabes muy bien.

La joven se giró de nuevo a mirar a la pareja y no pudo evitar sonreír, especialmente cuando analizó la jugada que estaban desarrollando. Se dio cuenta de que su antiguo maestro tenía razón en lo de que el duque era un completo idiota que se estaba viendo sorprendido por la repentina astucia de Carisa en el ajedrez.

En realidad, la princesa no tenía ningún talento como jugadora y le estaba dando una monumental paliza.

-No le perdamos de vista-dijo Joseph, también siguiendo con atención la partida, divertido.

Después de esas palabras, Raine se volvió a él y concretaron las medidas que tomarían respecto a los caballeros y al chico misterioso que había visto. Se seguía sintiendo inquieta pero algo más relajada después de hablar con Joseph.

Esa noche al acostarse, deseó un poco de más paz en los días que estuvieran por llegar. Desgraciadamente, los problemas seguirían acumulándose... a cual peor...


Un grito agudo precedió los fuertes golpes en la puerta de su habitación. Raine se levantó sobresaltada y palpando su mesilla para buscar su daga, antes de ir a abrir la puerta de golpe. Delante suya estaba una doncella muy nerviosa y casi llorosa que le contó todo atropelladamente. Se lo tuvo que repetir porque creía que era mentira. Sólo un segundo grito la hizo correr y lanzarse escaleras abajo. Ni siquiera se cambió la ropa de dormir.

Al llegar, lo vio salir huyendo de las cocinas y buscando como un desesperado la puerta para salir del castillo. Viendo que no le iba a dar tiempo, porque era seguido de Mikko y varios criados, se puso a buscar algo alrededor. Raine fue tras él porque sabía lo que iba a hacer, pero se quedó asombrada de su agilidad y su rapidez. Cogió al vuelo un jarrón y se alegó de ella, que le costaba alcanzarle estando descalza. No quería que fuera al jardín porque entonces sí sería muy difícil atraparlo. El chico además, no tenía intención de ponersélo fácil porque pronto descubrió para qué quería realmente el jarrón.
-¡Serás hijo de...!
Raine saltó a duras penas por encima de los restos del jarrón, que la retuvo sólo unos segundos que él aprovechó para coger otro jarrón, más pequeño y seguir con su huida. Cuando parecía que tomaría rumbo a los jardines, se desvió y dio media vuelta por otro pasillo. Raine frenó derrapando en el suelo, ayudándose del apoyo de sus manos para no perder el equilibrio y cambiar de dirección, forzándose en ponerse a su altura. No hubo manera y vio que prestaba atención a una de las grandes ventanas que estaban junto a la puerta. Sí que iba a huir por ahí. Raine apretó los dientes y puso todas sus energías en alcanzarle. Estaba dispuesta a embestirle si era necesario. Mas tuvo que frenar en seco cuando, a una considerable distancia y con una impecable puntería, lanzó el jarrón contra la cristalera, rompiéndola y haciendo saltar sus fragmentos por todas partes. Oyó gritos de quienes estaban cerca de allí y, aprovechando la confusión, se lanzó a la carrera para saltar por el hueco que había abierto.

Se creía victorioso, bajando por la colina dirección a su salvación, cuando en el siguiente movimiento sintió que perdía bruscamente el equilibrio y era lanzado colina abajo rodando velozmente. Notó además un peso extra: Mikko, que había saltado tras él y había sido quién finalmente lo había atrapado. Y Raine se unió a ellos pocos después de parar. Entre ambos lo consiguieron reducir y llevar, forcejeando, de vuelta a palacio. La puerta había sido abierta por los caballeros y guardias que habían sido avisados.
-Se te acabó la fiesta, imbécil-le dijo Mikko. Estaba rabioso y magullado. Raine tenía cortes en las piernas e iba añadir algo cuando vio que Carisa los esperaba.
-¿Me podéis explicar que está pasando?-preguntó al llegar frente a ella.
-Hemos atrapado a este cabrón, que estaba moles...-Raine le dio un pescozón a Mikko. Estaba nervioso o excitado con la situación y lo entendía. Pero debía hablar ella con Carisa. La puso rápidamente en antecedentes.
-Una doncella me llamó apurada avisándome de que lo habían pillado acosando a una de las nuestras. Salió huyendo en cuanto tuvo oportunidad.
-¡No podéis probar que yo sea un violador! ¡yo sólo estaba...!-Raine le tenía el brazo torcido en la espalda y apretó aún más, haciendo que gruñera.
-Nada, no estabas haciendo nada-pese a la rotundidad de sus palabras, no elevó la voz en ningún momento e hizo lo imposible por imponerse a la rabia que sentía por momentos-ahora no tienes derecho a nada hasta que se aclaré todo.
-Raine, espera...
A Carisa casi no le salía la voz y estaba pálida. Miraba al chico de arriba abajo, sin creerse todavía lo que le había dicho Raine. Sabía que por desgracia era verdad, había oído rumores por los cuchicheos de sus doncellas a espaldas de ella, creyendo que no les prestaba atención. Siempre esperó que Raine le dijera algo porque confiaba en ella y que si no lo había hecho hasta entonces, es porque estaban trabajando en ello.
Y si lo esperaba ¿cómo es que le impactaba tanto? ¿no quitaba que fuera desagradable saber que ese chico había estado abusando de las doncellas? ¿o porque trabajaba para Oliver y las preguntas se agolpaban en su mente? No, no podía ser...
-Dime-respondió Raine al ver que Carisa no decía nada más
-Déjame que llame a Oliver antes de llevarlo a los cuarteles
-No hace falta Carisa... ya estoy aquí
El duque de Bonaventura se había quitado la ropa de dormir antes de bajar, poniéndose una túnica y pantalones, pero sin capa y con unos zapatos sencillos. Vestido con una amplia sonrisa que no le gustó nada a Raine.
-Oliver, Raine y sus hombres han cogido a este chico mientras huía de palacio, después de ser descubierto acosando a una de mis doncellas...
-No conozco a este chico-le cortó sin brusquedad y acentuando aún más su sonrisa. Todos lo miraron en un silencio que empezó a densificarse conforme se iba a desarrollando la conversación.
-¿No lo conoces? Si lleva la ropa de tu servicio-dijo Carisa con confusión. Él no la miraba, porque no perdía detalle de las reacciones que tenían tanto el chico, que se había quedado lívido, como de Raine, que mantenía una mirada dura y apretaba los dientes.
-¿Y acaso eso es relevante, querida mía? Déjame decirte además que mi servicio está compuesto mayoritariamente por doncellas y los pocos varones que trabajan conmigo, se han quedado en mis tierras. Si vosotros tampoco lo conocéis-y esta vez miró a Mikko que también hervía de ira-es evidente que alguien aquí no ha hecho su trabajo y se os ha colado en algún momento sin vuestro permiso...
-¿Qué estas insinuando?-Raine soltó al chico, que fue sujetado por Mikko, y se encaró al duque-no sea irresponsable y mentiroso: ¡este chico trabaja para ti! Lleva el mismo uniforme que tu servicio y campaba por aquí a sus anchas...
-Raine...
-...desde el día que llegaron aquí. Si realmente no lo conociera ninguna de tus doncellas y fuera alguien sospechoso ¡hace tiempo que lo habríamos echado de aquí!
-Raine, por favor...
-...así que no nos tomes más el pelo, empiezo a estar muy cansada de todos los problemas que han aparecido desde que habéis llegado aquí...
-¡¡RAINE DE SEDNA!!
La voz de Carisa retumbó en la noche y bastó para que Raine tomara consciencia de lo que estaba haciendo. Había alzado la mano en dirección a la túnica del duque, dispuesta a saber qué. La bajó al igual que su mirada porque no podía ver a Carisa, al borde de las lágrimas y mirándola con rabia contenida.
-Ya basta Raine, es suficiente-se volvió a Mikko, que había presenciado todo bastante sorprendido de la reacción de su amiga-llévalo a los cuarteles para que los guardias se encarguen de él. Después os quiero ver a ti y a los criados arreglando este desaguisado
-Sí mi señora.
-A los demás... por esta noche ya es suficiente.
Cuando hubo despedido a todos, incluido al duque, se quedó a solas con Raine.
-Ve a descansar también... mañana hablamos de esto tranquilamente.
Se lo dijo con una severidad que al menos ella desconocía... no por no haberla oído si no porque nunca le había dirigido a ella así, nunca fue necesario. Esperó el tiempo suficiente para que la princesa se hubiera ido a sus aposentos y subió a su habitación. Se dejó caer sobre la cama pero sabía que no iba a poder conciliar el sueño en lo que restaba de noche.

De hecho apenas había cerrado los ojos una media hora cuando volvieron a llamar a su puerta, esta vez con suavidad. Esta vez era el propio Mikko.
-Carisa te espera en el salón del trono
No le dijo nada más pero por su rostro, sabía que no iba a ser una conversación amable y se podía esperar lo peor, más si estaba allí. El chico la dejó a solas, estaba cansado, sin ánimo y todavía con mucho trabajo por delante.

La ansiedad le atenazó cuando llegó frente a las dos grandes puertas doradas tras las que estaba el salón del trono, en el tercer piso de palacio, en el lado opuesto del gran salón de bailes. Su presencia era más simbólica que otra cosa y se usaba para eventos muy puntuales. La última vez que estuvo en un lugar así ella había sido nombrada Caballero Guardián en el palacio del rey...

Respiró hondo dos veces antes de abrir una de las puertas con un crujido y lentitud. El sol de la mañana entraba por las vidrieras de la bóveda brindándole al espacio una luminosidad colorida, magia y más solemnidad.
A diferencia de las demás dependencia, el salón d el trono era alargado y estrecho, como si de una galería de exposición se tratase. De hecho cumplía en cierto modo esa función allí se hallaban algunas de las mejores obras de arte que representaban a los últimos príncipes y reyes que habían gobernado Amaranta. Varias generaciones de la casa Evadne anteriores a Carisa y que Jacob había ordenado enviar desde Glaedwine. Estaban representados en sendos cuadros de pintura los nobles y, alternando, esculturas a tamaño real sus respectivos Caballeros Guardianes, con sus armaduras completas, sus respectivas dagas y otras armas, posando de forma elegante e incluso regia. Todos varones.

Lejos de sentirse consolada, Raine se sentía más nerviosa e intimidada y el nudo que se le llevaba formando desde horas antes, le fue apretando cada vez más. Era cruel y profundamente irónico que Carisa hubiera elegido ese lugar para llamarla y hablar sobre lo ocurrido. La distancia entre la puerta y el sillón, donde la esperaba Carisa paciente y acomodada, se le hizo más larga de lo que realmente era.

Su camisón blanco, el mismo de la noche anterior, contrastaba con el dorado y la suntuosidad del sillón. Verlo no la tranquilizó porque significaba que había pasado las últimas horas allí. Tampoco las dos gigantescas esculturas que se le elevaban tras el sillón, a cierta distancia. Hasta casi rozar el techo, estaban las figuras de la princesa Jane Evadne y a su derecha, el que decían que era el primer Caballero Guardián: Godric el Manco, al que todos en la orden, incluida Raine, profesaban un gran respeto.

En otras circunstancias Raine se habría quedado admirando la magnífica manufactura, tan detallada, de aquellas obras de arte, pero la frialdad de la mirada de su princesa no dejaba de taladrarle hasta el alma y no loe quedó otra que, o prestarle atención... o bajar la mirada. Optó por lo último, fijándola en dos de los cinco escalones que elevaban el sillón. Carisa se levantó para observarla mejor desde su altura. Durante cerca de dos largos minutos, ninguna dijo nada. La respiración de la princesa era agitada. No iba a ser fácil.
-Sabes por qué te he traído hasta aquí ¿verdad?
-No, mi señora-Carisa resopló
-Quiero que me expliques lo que pasó ayer... o lo que lleva pasando en los últimos días.
-¿A qué te refieres?-dijo Raine sin comprender, alzando los ojos hacia ella
-Quiero saber a qué os dedicáis tus caballeros y tú para que mi vida y las de mis invitados hayan corrido tanto peligro...-el nudo que tenía en el estómago dio paso a un enorme vacío.
-¿De qué estás hablando?-no podía ser verdad-¿de la aparición de los huevos de ave Roc y de la serpiente come-huevos? ¿de las violaciones?
-Y de más cosas de las que no he sido debidamente informada para que no quedara en evidencia la ineficacia de la orden de Caballeros.
-¡No seas injusta, sabes que no es así!-Raine subió tres escalones, quedando más cerca de Carisa, que no se movió e iba endureciendo más su mirada.
-¿Qué no sea injusta Raine? ¿y es mentira lo que he dicho? ¿no ha ocurrido así?
-¡¡No!!.. es innegable que ha ocurrido ¡pero no por ineficacia nuestra! ¿en qué te basas para decir eso?
-No, dime tú ¿en que te basas para acusar a Oliver de ser el causante de todo ello?
Raine apretó los dientes con rabia hasta el punto de que la mandíbula empezó a dolerle. Demasiados momentos pasados haciendo lo mismo tenía que acabar pasándole factura. Ella y Carisa se mantenían la mirada con desafío.
-Esto ya lo hemos hablado princesa-Carisa empequeñeció los ojos al ceñir el cejo por el tono usado-desde que el duque de Bonaventura ha llegado a este palacio, no han hecho más que aparecer problemas, uno detrás de otro cuando bien sabes que hasta ahora, no ha ocurrido nada relevante o se ha podido controlar sin mayores consecuencias.
-Claro que lo hemos hablado Raine ¿y qué fue lo que te dije? No tenéis pruebas suficientes para...
-¿¡Te parece insuficiente lo del violador!?
-¡Sí!-dijo Carisa con contundencia-¿acaso no te ha quedado claro lo que Oliver ha dicho?-fue bajando los escalones y se quedó a solo uno por encima de donde se encontraba Raine, la cual podía sentir su respiración agitada pero que se esforzaba por disimular.
-Por supuesto que ha quedado claro pero ¿quién te dice que no pueda mentirnos a todos?-Carisa abrió los ojos y después lanzó un gruñido.
-Eres muy osada por dudar de alguien que es superior a ti, Raine de Sedna-la chica parecía inalterable porque ya había perdido el control sobre sí misma, con lo que no se pondría cortapisas para decir lo que pensaba-mas ¿de qué me sorprendo? Ni tú, ni ninguno de tus caballeros le habéis dado un voto de confianza. Nunca os ha gustado y nunca le habéis dado la oportunidad de conocerlo como yo lo he conocido. ¿Y sabes que significa eso?-Raine lo sabía perfectamente pero prefirió mantenerse en silencio-que no tenéis ya ninguna credibilidad para mí Raine de Sedna.
Se dio la vuelta, subió de nuevo la escalerilla y le dio la espalda a Raine para decirle lo que serían las últimas palabras. Las que más temía Raine.
-Por tanto, no os quiero a ninguno de vosotros a mi alrededor.
-¿Cómo?
-Ya me has oído, dejas de ser mi Caballero Guardián mientras el duque de Bonaventura permanezca en este castillo. Cuando llegue el día de su partido... veré si he cambiado de opinión o no.
-No puedes estar hablando en serio Carisa-a Raine casi no le salía la voz-no puedes...
-No hay vueltas atrás, es mi decisión guerrera... ya tengo a quién me proteja, no os quiero ver...
Carisa tardó en darse cuenta de lo que había hecho... o más bien dicho. De todas las cosas que podía decirle a Raine, aquella era la última palabra que debió pronunciar y pese a que había pasado las últimas horas encontrando la forma y las palabras para hablar con Raine sin perder la compostura... no había servido de nada. Había fracasado de principio a fin. Era tarde porque cuando se dio la vuelta, Raine ya no estaba frente a ella si no en la puerta.
-La conversación termina aquí... su majestad.
Carisa se mordió los labios e intentó ir corriendo hacia ella pero se quedó paralizada cuando oyó un ruido sordo de algo golpeando con fuerza el suelo. Raine lo había tirado al suelo y le había dado una patada, para después dar tal portazo que hasta las esculturas temblaron. A ella también le empezaron a temblar las piernas.

Y como temía, en el suelo y con una grieta en la guarda, estaba la daga que ella le regaló cuando se convirtió en su guardiana y protectora. Carisa se quedó arrodillada en el suelo y se echó a llorar, exteriorizando todo aquello que había intentado mantener encerrado dentro de sí misma para intentar, sin éxito, actuar como la princesa y no como Carisa, la amiga de Raine.

********

-¿Cómo te llamas?
-Yo me llamo Raine ¿y tú?

Había evitado con perfecto éxito a los guardias que estaban en la ronda nocturna, de la forma más sigilosa posible para no asustarlos y por supuesto, para no ser vista. No quería que la vieran... no en ese estado.

No tardó mucho en llegar a esa parte del jardín que sólo conocían ellas dos. Un pequeño claro en cuyo centro había un conjunto de figurillas rodeadas de las flores que apenas brillaban por la falta de luna llena, esa que les daba el nombre. Las flores que les pertenecía a ambas, a ella y Carisa. Las únicas que germinaron (¿o sobrevivieron?) tras varios días de experimentación e investigación para crear nuevas especies de flores. Carisa quería las flores más raras y bellas de Amaranta y además, fueran de su creación. Y lo cierto es que lo consiguió.

Como también consiguió crear algo que sólo era de ellas dos. El único vínculo con ella que ahora le quedaba a Raine. Por eso estaba allí.

No había dejado de llorar, no había dejado de recordar, recordar y recordar. Y de pensar continuamente en ese lugar, naciendo y creciendo en ella un deseo voraz para ir. Creía que sería peor, pero se tumbó boca arriba, estirando todos sus miembros, dejando que su cabello rozara las flores y cerró los ojos, sintiendo que se tranquilizaba, sintiendo una gran paz.

Pasaría media hora, antes de que empezara a adormilarse. Oía además en la lejanía, probablemente proveniente de palacio o no muy lejos, el sonido de una melodía. Un laúd... el laúd de Mikko.

No lo imaginaba, pero él sabía donde estaba sin necesidad de haberla seguido cuando la vio escabullirse hasta el jardín. Durante los arreglos en el jardín, había descubierto ese rincón de casualidad y de alguna forma había adivinado su naturaleza. Al fin y al cabo, siendo el mayordomo de palacio se enteraba de todo y sabía de lo que ellas habían estado haciendo un año atrás...

Por lo tanto conocía la importancia del lugar para Raine, en esos momentos tan difíciles. Hasta que la vio, lo único que sabía de ella era la nota que le hizo llegar a Paulo a través de una de sus doncellas, con lo que Carisa había ordenado para todos los caballeros. Tanto el teniente como Joseph intentaron hablar con ella e interceder por su comandante pero Carisa se negó en rotundo a recibirles. No porque no quisiera si no porque no estaba... en condiciones, según una de sus doncellas más cercanas. Así que imaginaron que algo grave había ocurrido entre la princesa y Raine y prefirieron no insistir más.

Él por su parte, se apostó en la habitación de la propia Raine, sentado en el alféizar de su ventana y se puso a tocar todo el repertorio que conocía, creando un ambiente con el que unir a las chicas. Desde allí le oiría la chica y también Carisa, que permanecía en su habitación encerrada aunque por el perfume que impregnaba todo, podría apostar su laúd a que alguien más había estado allí antes que él. Al fin y al cabo, la daga de Raine estaba sobre su cama sin deshacer...




-¿La has encontrado?
-No, señor
Joseph miró inquisitivo a Mikko porque sabía que le estaba mintiendo y siendo así, no desvió la mirada en ningún momento y no dejó de mirarle a la cara. Malditos críos de hoy en día, pensó y luego suspiró resignado.
-Llámame Joseph, por favor, estamos en confianza-Mikko sonrío con picardía-y en estas circunstancias estamos al mismo nivel

Ya habían pasado casi cuarenta y ocho horas y la situación seguía siendo la misma. Carisa sólo había salido para comer con Oliver o pasear un rato con él. El duque no parecía molesto con la situación y respetaba a Carisa, quedándose en sus aposentos o saliendo a pasear acompañado de dos de sus doncellas.
Leon había mantenido inalterable el programa de vigilancia, con lo que Joseph y Paulo se quedaron tranquilos. No se atrevían a desobedecer las órdenes de Carisa y mantenían a los caballeros en Lillya. Ya fuera en palacio entrenando o haciendo cualquier otra actividad similar o paseando libremente por los alrededores, porque tampoco se atrevían a enviarlos fuera a hacer misiones o satisfacer peticiones. No hasta que hablaran con Carisa y formalmente les dijera qué hacer.

Raine seguía sin dejarse ver por nadie aunque corrían rumores de que salía por la mañana temprano y volvía al amanecer. Joseph rememoraba la conversación que habían mantenido y se sentía culpable. No la había sabido aconsejar adecuadamente y él también se había dejado llevar por lo que sentía, pensaba u opinaba cuando deberían haber actuado como caballeros. Tal y como ella les había recomendado y recordado en multitud de ocasiones. Por eso era ella el comandante ¿no? pese a que también había sucumbido a sus sentimientos y había olvidado su posición.

-Deberíamos...
-¡Señor!
Joseph y Mikko se sobresaltaron cuando Sebastían apareció abriendo la puerta de golpe.
-Dios santo, haga el favor de lla...
-Señor, es urgente... el prisionero se ha escapado
-¿¡Qué!?-gritaron los dos al mismo tiempo y sin necesidad de más explicaciones corriendo hasta el lugar donde habían tenido encerrado, en las últimas horas, al chico del que no habían sacado ni siquiera su nombre. Había una escalera que bajaba a un sótano, desde la sala de armas, y que no era más que una habitación con las paredes desnudas y llenas de humedad. Cuando ocurría algo como una detención, pues improvisaban con sillas y cuerdas para mantener a esa persona retenida, ya que normalmente solían llevar a quién fuera a Lillya y que las autoridades se ocuparan. Tampoco habían tenido nunca necesidad de nada más.

Al llegar, encontraron la silla rota y las cuerdas por el suelo. Joseph gritó de rabia e indignación.
-¿Cómo demonios ha escapado? ¿no lo estabais vigilando?
-Sí señor, eso es lo más extraño
-¿A que se refiere?
-Mire las cuerdas...
Joseph hizo lo que Sebastián le decía, mientras Mikko examinaba la habitación con cierta sorpresa, porque no había más señales de lo que podría haber hecho. Una exclamación del hombre, lo sacó de su ensimismamiento.
-¿Cómo es posible?
-¿Qué ocurre?
Joseph le enseñó la cuerda y él también soltó una exclamación, dejando la boca abierta. La cuerda no parecía forzada, rozada, ni alterada de ninguna forma. De hecho se mantenía anudada a la silla, con lo que no había roto la silla para escapar.
Repitieron entonces la pregunta, sabiendo que no tenía respuesta lógica posible. O tal vez sí... pero les resultaba tan remoto, tan lejano... y tan peligroso... que les aterrorizaba pensar en ello.

-Magia...-se atrevió a murmurar Mikko.

La cosa empezaba a ponerse muy fea...


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Como ya dije, la historia va llegando poco a poco a su final provisional. No quiero aventurarme a decir cuántas páginas quedan puesto que al reescribirla, he aumentado el número respecto al relato original. Con lo que no puedo decir si quedan, cinco, diez o quince... aunque probablemente no mucho más.

La imagen no tiene nada que ver con este fragmento de relato pero es otra de las ilustraciones que he hecho sobre la historia y que tenía en mente desde hace algún tiempo ;)


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