domingo, 24 de junio de 2012

Caelus

Moon Rose by Lilyas

Dolor

El tiempo se ralentiza desde el instante en que ve como la lanza de hielo se clava en el vientre de Raine y ésta para su carrera en seca, para después ir desplomándose muy lentamente hacia atrás, a la par que el hielo se iba tiñendo de sangre.

Ella quiere gritar pero no le salen las palabras e incluso las lágrimas se han quedado congeladas en sus mejillas. Tampoco puede hacer nada porque la arrastran en dirección contraria en contra de su voluntad. Y ella se queda en el suelo, mientras la sangre va formando un charco a su alrededor

-¡¡RAINE!!

Otra vez esa pesadilla. Desde ese día, cada noche se le repite esa escena en sueños una y otra vez. Esta vez sí, puede ponerse las manos en la cara y llorar desconsolada.
No sabe si sigue viva o muerta... quiere tener la esperanza de que sobrevivió pero cada día que pasaba, recordando el hielo, la herida... la sangre... demasiada sangre... iba perdiéndola.

Y lo que más le torturaba no era estar encerrada en ese dormitorio con rejas que le recordaba su condición de secuestrada si no que no podría verla más. No cuidaría más de ella, no podría rescatarla... y no podría decirle la verdad. Ser sincera. Había perdido para siempre su oportunidad

-Vaya, vaya...
Era Olive que, como cada mañana, la sacaba a la fuerza de allí, para hacerle compañía. A diferencia del tiempo que pasó en su palacio... lo repudiaba. No era el galán que fingió ser, si no un maldito que estaba dispuesto a todo por conseguir lo que deseaba. Incluso matar a quién fuera. Por su sonrisa, adivinaba que ese día iba a ser lo que quisiera con ella para lograrlo. Desgraciadamente, a ella no le quedaban fuerzas para luchar contra él.
-Vamos... princesa-dijo tendiendo su mano hacia ella. Carisa se alejó apretando los dientes-¡vamos!
Ya sabía lo que le esperaba con ella, así que agarró su muñeca y la levantó a la fuerza.
-Ay...
-¿No me das los buenos días?
La apretó contra su cuerpo y acercó su rostro al de Carisa, que cerró los ojos con fuerza y se mordió los labios, en un vano intento de impedir que él la besara, como ya había hecho otras veces. La mano que estaba a su espalda además, buscaba el cierre de su vestido con cierta desesperación. Carisa se horrorizó. ¿Ni siquiera pensaba esperar a dejarla desayunar? ¿tantas ganas tenía?
Sentía ya su aliento cuando de repente sintió que el aire volvía a correr delante de ella y Oliver lanzaba un alarido. Carisa abrió los ojos y vio que estaba inclinado hacia delante, sujetándose la mano derecha. Estaba saliéndole sangre. Tenía el rostro crispado de dolor y de ira. Ella no entendía nada pero él desvió su mirada al suelo, junto a sus pies. Al mirar sintió que el corazón le daba un vuelco.

Gruñendo y enseñando los dientes, fiero, había un animal que no había visto en su vida, que no sabía de dónde había salido pero que por lo visto ¿era lo que había mordido la mano de Oliver?
-¿Qué demonios eres...?
El animal avanzó hacia él y él dio dos pasos hacia atrás. Era una escena bastante cómica, ver a un hombre tan alto y fornido como Oliver, tan cohibido ante un animal que no sería mayor que un gato adulto. Pero lo cierto es que del animal emanaba una tremenda energía... que a Carisa le resultaba muy familiar. Oliver también lo debió de notar porque después de unos minutos pensando qué hacer con él, mira a Carisa y le dice, con una gran frustración.
-Ordenaré que te traigan el desayuno aquí.
Se fue dando un portazo que hizo caer la pintura desgastada que se encontraba sobre la cama de Carisa. La cual, siguió un rato más donde estaba, mirando primero a la puerta y luego al animal. Cuando éste se volvió a mirarla, a ella se paralizó.
-Raine...
No sabía muy bien por qué pero verlo le recordó a ella... es como si... como si la esencia de su amiga estuviera en él. Cuando los rayos de sol entraron por su habitación por fin, pudo verlo mejor... en todo su esplendor. Y Carisa cayó de rodillas, llorando y una mano en la boca. El animal se acercó a ella.
-No puede ser...
Parecería un gato grande o un tigre pequeño si no fuera porque además de parecer un felino... tenía unas grandes alas de plumas en sus costados. Podía notar que tenía pelaje pero, y eso era lo que la tenía en estado de shock, no sabía muy bien si tenía rayas o qué, porque parecía un ser étereo, como si fuera transparente. Un espíritu. Pero no lo era, porque frotó su cabeza contra su rodilla, transmitiéndole calidez y una gran paz. Además de una certeza: Raine estaba viva.

-Moon Rose...-susurró Carisa, acariciándole el morro
Sabía que esa sensación visual se debía al color que tenía: un celeste muy clarito, casi blanco, que daba esa sensación etérea cuando era expuesto a cualquier fuente de luz. Igual que el Moon Rose, la flor que nació en el jardín de Carisa un año atrás, cuando ella y Raine decidieron hacer germinar nuevas especies de flores, uniendo las especies más atípicas. Y para Moon Rose, usaron una rosa, de la que tomó su forma y otra flor, que no recordaba su nombre pero que fue la que eligió Raine, por su color: celeste. El resultado fue la de lograr la flor más bella y rara de toda Amaranta.

La única flor que nació entonces. La única flor que podían decir que era de ellas dos.

Y ese pequeño ángel tenía exactamente el mismo color. Por eso estaba tan convencida de que tenía algo que ver con Raine. No que se hubiera reencarnado en él, si no que simplemente... era como si fuera suyo.

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