miércoles, 21 de marzo de 2012

Marcas en la piel II


 -Ha quedado genial
Habían ido al museo donde habían expuesto las obras de Víctor. No habían tenido tiempo y Pablo estaba fascinado.
-La verdad es que estoy teniendo mucho éxito. Tengo ya vendidos la mayoría de los cuadros.
-¿En serio?
Víctor asintió y dejó que recorriera a placer las dos salas. Habían sido al final un total de veinte cuadros, diez en cada una de las salas del museo. Llevaba pintados unos diez cuando Pablo llegó a su vida, pintó otros cinco durante los cuatro días que había pasado encerrado en casa y el resto, pinturas más antiguas que aún no habían pasado por un museo o una galería.
-¿Y estos?
Pablo señalaba precisamente a la serie de cuadros que finalizaban la exposición y en la que en todos ellos, él era el protagonista. Inclusive, el primer retrato por el que compartieron tantas cosas y que ocupaba en solitario una de las paredes de la sala.
En todos ellos aparecía Pablo desnudo casi al completo o sólo de cintura para arriba. En todos mostraba cicatrices en su piel, las que había recibido en la pelea y otras que él había ido añadiendo. En cada cuadro, tomando posturas distintas y con paisajes de fondo difuminados pero también diferentes, las cicatrices iban desapareciendo hasta que en el cuadro del retrato, sólo quedaba una sola marca en su piel a la altura del pecho.
-Son los últimos cuadros que pinté... hace exactamente mes y medio.
Pablo miró y volvió a mirar el cuadro. Era su retrato y como él había prometido, estaba allí expuesto.
-¿Se ha vendido?
-No, este está reservado.
Cuando se volvió a mirar a Víctor, vio que estaba sonriendo ampliamente. Vestía de gala con vaqueros oscuros y americana. Se había dejado barba y la llevaba recortada con mucha sofisticación. Y se había cortado el pelo, haciéndole parecer más joven. Aparentar la edad que tenía. Estaba guapísimo y se vio contagiado de su sonrisa.

Tenían reservada mesa en un italiano que quedaba muy lejos del entorno de ambos. Querían una cena tranquila, sin la mirada inquisitoria de nadie. Ni dejarle sitio a las preocupaciones. Y hacía muchísimo tiempo que no hablaban de cosas sin importancia, ni se reían de tonterías. Tampoco hablar de lo de ellos.
-Me ha sorprendido mucho lo de los cuadros. No lo esperaba, la verdad.
-¿Por qué? Te prometí exponer tu retrato.
-El retrato, no toda una serie-esperó unos segundos pero Víctor seguía comiendo-¿puedo...?
-¿Saber los motivos? Te podría decir muchos, principalmente porque necesitaba completar la colección. Pero te estaría mintiendo. O no te estaría diciendo la verdad.
Finalizó su comida, apartó su plato, cruzó sus manos y las dejó apoyadas en la superficie libre que quedaba de mesa.
-Desde que te vi en coma hasta que mi tío me avisó de tu recuperación, estuve pintando cada cuadro con desesperación. Deseando tenerte a mi lado y creyendo que con cada trazo te iría insuflando la vida que se te iba. O que creía que se te iba. Lo demás es puro simbolismo.

Pablo había dejado caer el tenedor y no se dio cuenta de que lo había oído extasiado. Ni que se había sonrojado, poco acostumbrado a que le dedicaran esas palabras. Tardó en reaccionar y sólo lo hizo cuando Víctor se echó a reír a carcajadas. Le divertía y enternecía a partes iguales verlo sin defensas. Era muy fácil hacerlo, ya fuera porque en el fondo era un chico muy sensible haciendo de tipo duro o ya fuera porque pese a conocer poco de él, sabía qué tecla tocar.
-No sé qué...decirte
Víctor volvió a reír y lo dejó que terminara de comer, aprovechando para deleitarse con la visión del chico.
En mes y medio la evolución de sus heridas era notable. Su rostro no había quedado tan desfigurado y con algo más de tiempo, la mayoría de las cicatrices serían una notable marca en su piel. Pero ¿importaba? A él le gustaba igualmente así.
-Perdóname...-dijo de pronto-pero no estoy acostumbrado a este tipo de situaciones.
-¿No has tenido nunca éxito en clase? ¿no se te han declarado? ¿alguna chica?-Pablo negó con la cabeza en respuesta a cada pregunta.
-Los chicos malos ya no se llevan y yo, de todas maneras, superaba expectativas-Víctor hizo una mueca-pero no impidió que alguna chica se me acercara con alguna intención...pero que siempre rechazaba-se apresuró a añadir.
-Te han gustado los chicos de siempre-Pablo volvió a enrojecer un poco.
-Nunca he tenido nada con chicos-guardó unos segundos de silencio como calibrando si decir o no lo que estaba a punto de confesar-la verdad es que conocía muy bien mis gustos, sabía que además de admirar a muchos chicos mayores que yo...me gustaban. Mas no he conocido a más chicos gay y en el mundo que me movía...
Víctor asintió con un semblante más serio. No necesitó que le dijera nada más porque comprendía lo que quería decirle. Al fin y al cabo, habían vivido lo mismo.

El camarero les tomó nota para tomar el postre y aprovecharon para cambiar de tema. Después de la cena, dieron un corto paseo y finalmente Víctor lo invitó a subir a su casa. Allí le tenía preparada una botella de champán y una pequeña tarta de cumpleaños de fresas y nata. También su regalo de cumpleaños.
-¡No me lo puedo creer! ¿cómo lo has hecho?
Reía encantado porque allí en sus manos estaba su retrato con una bonita enmarcación en madera. Parecía mentira que horas antes lo viera colgado en el museo y ahora lo tuviera con él.
-Tuve tiempo de terminar el cuadro, hacer una copia del retrato para enviarla al museo para la exposición y poder preparar el original como tu regalo de cumpleaños.
Pablo lo guardó con mimo de nuevo en la funda y lo dejó a un lado. Siguieron bebiendo, comiendo y hablando para terminar la noche como ambos deseaban. Repetir lo que semanas atrás hicieron pero procurando que fuera mejor. Y que desde luego el comienzo del día siguiente fuera otro completamente diferente.

Víctor amaneció solo en su cama pero sin lugar a dudas, las sensaciones no eran las mismas. No sentía soledad, ni siquiera inquietud. Pablo había dejado un rastro de su propio perfume como señal del camino que debía de seguir hasta el lugar donde le había dejado una bonita nota de despedida. Un hasta pronto. Una separación obligada pero que no duraría demasiado.

Fueron exactamente dos días de separación y calma. Cuando Víctor recibió una llamada totalmente inesperada y que jamás se habría imaginado recibir nunca en su vida. Pero allí estaba, en el salón de su pisito de alquiler, con las ropas de pintor, porque estaba trabajando y con una cara que lo decía todo.

Una llamada que, desde luego, cambiaba el curso de todo.

-¿No piensan decir nada sobre su hijo?
La situación era tensa y muy dolorosa para Pablo. Desagradable, por cómo se había llevado a cabo. Sin duda, necesaria para resolver la complicada situación del chico.
Si fuera por Víctor, no estaba allí. Era una situación familiar que debían de resolver en la más absoluta intimidad... o la que les permitía la policía.
-Él ya es mayorcito para saber lo que se hace.

Estaban en una sala habilitada para reuniones, a la que habían llevado a los padres engañados. En un extremo de la mesa estaban sentado el comisario, los dos policías más implicados en el caso y el abogado que Víctor había pagado para Pablo. En el otro, sus padres y a lo largo de la mesa, frente a frente, ellos dos. No intercambiaban ninguna mirada, Pablo había permanecido con ella clavada en la superficie de la mesa todo el tiempo. Con una expresión entre triste, dolida y enfadada.
-Es cierto, hace nada que ha cumplido los dieciocho pero cuando sucedió todo esto, él era menor todavía.
Víctor observaba ahora con disimulado detenimiento a los padres de Pablo, especialmente a su madre porque era la que más estaba expresando lo que sentía. No podía decir lo mismo de su padre, que parecía una estatua de piedra, sin mover ni un sólo músculo de su cuerpo.
-Lo siento señor pero no conozco ningún hecho grave de la vida de mi hijo como para tener que estar aquí delante de ustedes.
Víctor apretó los puños pero Pablo no fue tan comedido. Se levantó repentinamente y golpeó la mesa con violencia haciendo sobresaltar a todos.
-Pablo...
-¡NI PABLO NI HOSTIAS! ¡ESTOY HASTA LOS COJONES DE VOSOTROS!
-Pablo...-repitió su madre con voz fingidamente llorosa
-¡¡Estoy harto de que me tratéis como vuestro puto juguete y no seáis capaces de dar la cara por mí!! De que sólo os importe...
Antes de dejarlo terminar de hablar, uno de los policías lo agarró con fuerza de los brazos y lo sacó de allí para que se tranquilizara. Víctor estaba sorprendido porque nunca lo había visto perder el control con tanta facilidad. Claro que cualquiera no perdía los nervios con semejantes padres.
A él no le gustaba faltarle el respeto a nadie, ni pensar tan mal de los demás pero mirándolos era difícil no torcer el gesto. Él tenía aspecto de típico tiburón ejecutivo, siempre con traje negro y corbata, muy repeinado con gomina y mirando cada dos por tres a los dos móviles que portaba encima, con nerviosismo. Como si esperara una llamada que lo salvara de lo que estaba pasando y salir corriendo lo más rápido posible de allí.
Ella por su parte parecía sacada de una película de los cincuenta, por su vestido, por la forma en que recogía su pelo negro en un moño (que empezaba a soltarse) y se maquillaba. Sus pendientes e incluso la pulsera y el reloj, parecían heredados de su abuela.
Le faltaban las gafas. No las llevaba y seguramente habrían enmarcado su ceño profundamente fruncido. Era una estampa curiosa, que estuviera llorando por la salida de tono de su hijo pero continuara con el ceño fruncido...
-Se lo voy a decir muy claro señora y espero que lo entienda. Su hijo ha estado cometiendo delitos de los que se librará si se responsabiliza de su hijo y responde por él. ¿No es eso lo más importante?
El silencio que se formó fue sepulcral.
Los de un lado contenían el aliento y los de otro, se tensaban. Víctor, incómodo de estar en medio, se desabrochó la americana. Si no respondían positivamente (seguramente no, porque para su círculo sería demasiado escandaloso que su hijo fuera un delincuente) era el momento de poner las cartas sobre la mesa.
No hubo respuesta al cabo de minuto y medio. Pablo volvió a entrar. Sus padres se fijaron en él, como si su entrada sirviera para distraer a todos. Cuando él se sentó con la vista de nuevo fija en la mesa, Víctor se puso en pie y ahora sí, miraba directmente a los padres del chico. Éstos le devolvieron una mirada desconcertada. Sólo le dijeron que era un pintor importante pero no qué tenía que ver con su hijo.
-Quiero aprovechar para anunciarles la nueva...y buena noticia, que incumbe a vuestro hijo-por sus caras podía adivinar que deseaban preguntarle quién era él. El abogado se dio cuenta también y aclaró
-Víctor estaba enseñando a su hijo a pintar y se encargará de que siga haciendo esas actividades durante largo tiempo.-el padre compuso una mueca extraña mezcla de incredulidad y asco y la madre abrió la boca para decir algo. Sin embargo Víctor reaccionó rápidamente.
-Un persona se ha interesado en mi obra y me ha ofrecido sus servicios para ser mi marchante. En París. Y no sólo he aceptado si no que me llevaré a Pablo conmigo.
Pablo se dejó de interesar por fin en la mesa y lo miró con los ojos abiertos como platos.


El chico no tuvo tiempo de aceptar, ni de negarse durante la reunión por estar tan anonadado con la noticia. Sólo pudieron hablar cuando iban camino de casa, después de aplazar la reunión para otra mejor ocasión, porque los padres de Pablo no estaban en condiciones de seguir bajo tanta presión.
-¿Por qué no me lo has dicho antes?
-Porque me enteré hace poco y no he tenido tiempo de contártelo.
Caminaban juntos pero aparentando no tener la relación tan íntima que tenían, como si estuvieran hablando de cuestiones relacionadas con el anterior encuentro o con sus clases. Víctor, con una carpeta donde llevaba los papeles relativos al caso de Pablo...y el contrato del marchante. Pablo, con las manos en los bolsillos de sus vaqueros, miraba fingiendo interés en la carpeta. Guardaban ahora silencio hasta que unos metros más adelante dijo Víctor de repente, en voz baja.
-Hay un parque a unos doscientos metros de aquí. Nos separaremos y nos veremos en la playa dentro de media hora.
-¿Eh! ¿Por q...?
-Tus padres nos llevan siguiendo en su coche desde que hemos salido. No creo que les guste saber que eres gay y estamos liados...no te pares hombre, disimula-Pablo se había quedado quieto mirando en todas direcciones buscando el coche y lo reconoció a poca distancia pero hizo como que señalaba algo a la lejanía.
-Mis viejos son imbéciles-dijo entre dientes.
-Vamos-le apremió adelantándose sin dejar de mirar donde supuestamente señalaba.

Hicieron lo que acordaron y cerca del parque se separaron, fingiendo que se despedían para otro día. La playa no quedaba demasiado lejos pero necesitaban despistarlos. Víctor sonrío cuando comprobó que lo seguían a él, por lo que tomó el camino que se adentraba en el parque y se alejó todo lo que pudo de la vista de los transeúntes y los conductores. Se sentó en un banco bajo un enorme roble y esperó, repasando el contrato del marchante para poder mandárselo preparado esa misma noche en cuanto llegara a casa.

Cuando llegó al paseo marítimo, Pablo iba de un lado a otro, echando miradas inquietas a todo el paseo, a la dirección donde se encontraba el parque y a cualquier coche que pasara cerca. No había rastro de sus padres pero esperaba verlos aparecer en cualquier momento.
Le indicó con la mano que se adentrara en la arena y fueron hasta la orilla. Se sentaron. Pablo echó un último vistazo atrás antes de volverse hacia Víctor, que miraba tranquilo la superficie del agua.
-¿Entonces te vas a París?
-Nos vamos a París-le corrigió
-¿Estoy obligado a ir?
-No necesariamente, pero te ayudaría mucho más.
Una pelotita de goma seguida de un cachorro de labrador los interrumpió. Víctor la cogió, levantando la vista y buscando al dueño del animal. Vio a una chica morena acercarse y la lanzó.
-No estás obligado a venir conmigo si no quieres. Es un cambio muy grande y tal vez prefieras seguir tu vida aquí.
La pelotita volvió a llegar a sus pies. Víctor volvió a buscar a la chica y al descubrir lo que había detrás de su sonrisa, fingió que la pelotita se le escapaba a otra dirección, la opuesta de la chica y bastante lejos. El perrito paso junto a ellos como una bola y la chica rato después muy contrariada. Pero de eso no se dieron cuenta los chicos porque se estaban besando. Era la respuesta de Pablo
-¿Y por qué voy a querer seguir viviendo aquí y además sin ti, que es con quién soy feliz? Aquí no me queda nada que me ate, no tengo amigos de verdad y ya has visto que mis padres, cuánto más lejos me tengan, menos problemas les causaré. Así que no, no me importa irme lejos y empezar de nuevo, siempre que sea contigo.




Víctor dejó el bote de sopa en la papelera pero con una gran sonrisa. La misma sonrisa emocionada que tenía cuando escuchó las palabras de Pablo aceptando ir con él a París. Conocía perfectamente su situación pero realmente tuvo miedo de que Pablo le dijera que no. Porque pese a todo lo que vivieron, siguió teniendo miedo a perderlo.

Todo fue más rodado a partir de la última reunión. Los padres de Pablo quisieron ser reticentes a la idea de que se marchara con un desconocido pero después de dejar tan claro que su hijo se quedaba solo con sus problemas, no podían, ni tenían derecho a impedírselo.

Esperaron a que las clases y todo el proceso judicial, terminasen para que Pablo fuera completamente libre de irse con él a París. Mientras tanto, Víctor arregló todo con su marchante y siguió pintando.

Se mudaron a un precioso ático cerca de Montmatre que, comparado al piso de alquiler donde vivió durante muchos años, era como un castillo. Vivían más holgadamente gracias a que Víctor tenía un trabajo más regular y exponía con más frecuencia. Pablo también había empezado a trabajar después de terminar su formación como diseñador gráfico pero Víctor le seguía enseñando a pintar, además de seguir siendo su modelo ocasional. Había llegado a plantearle la posibilidad de que fuera modelo profesional pero Pablo prefería seguir siendo únicamente el modelo de Víctor.

Aunque todo fue sobre ruedas, continuaron teniendo algunos problemas: los padres quisieron meterle en algún litigio legal y los estuvieron presionando, hasta que el propio Pablo fue el que les contó la verdad: salía con Víctor, era gay y seguiría viviendo con él, les pesase lo que les pesase. No volvieron a saber de ellos hasta que el tío de Víctor, le contó en una de sus visitas, que el padre de Pablo había enfermado gravemente, pensaba jubilarse y había pensado en poner a su hijo al frente de sus negocios. Todo esto ocurrió al cabo de un año viviendo en París y no habían tenido noticias de ellos hasta que les quisieron meter en problemas. Así que Pablo, les mandó una última carta, después de su confesión, con buenos deseos para la salud de su padre, pero ni se planteó en visitarles. Desde entonces, las noticias que les llegan, son a cuenta gotas y como mucho, en las fechas importantes.



-¡Estoy impresionado! Cada vez que vengo me sorprendes con el banquete que preparas.
-Viviendo aquí, lo difícil sería no ser un buen cocinero.
-No le hagas caso... siempre ha sido bueno en la cocina.
Como siempre, si hacía buen tiempo, habían preparado todo en la gran terraza para disfrutar de la velada con muy buenas vistas. Además era la segunda vez que venía la mujer de su tío pero no había tenido aún la ocasión de disfrutar de una comida o una cena allí arriba, con la Torre Eiffel de fondo.

Su tío tenía razón, siempre se superaba pero aquella vez era por algo muy especial y abundaba la comida pero también el buen vino y el champán.

Los visitantes lo notaron, porque Víctor estaba especialmente risueño y muy charlatán, incluso bromista. La bebida y la compañía ayudaban pero intuyeron que había algo más por lo que el chico estaba tan animado. Pero decidieron esperar a que fuera él el que decidiera contarlo.
O por lo menos hasta los postres, antes de que tanto él, como Pablo o ellos mismos, cayeran redondos al suelo.

O se le olvidase por completo....

...o la sorpresa se estropease porque el mismo Pablo lo descubriera...

-¿Qué es esto?
Había ido al baño y a su vuelta, traía en la mano lo que parecía un bonito estuche de piel con un lazo azul marino encima. Víctor acababa de contar una anécdota muy divertida sobre su marchante y se estaban riendo. Guardaron silencio y miraron a Pablo, que daba vueltas al estuche en sus manos, con una mirada ebria y desconcertada. Como Víctor no tenía ya control sobre sus emociones, ni sobre sus gestos, se le vio en la cara la culpabilidad. Se quedó rígido en su asiento, incapaz de reaccionar e ir a arrebatarle el estuche a Pablo, que tuvo tiempo de abrirlo y mirar su interior con absoluta sorpresa.
-¿Qué es?-repitió su tío, haciendo que Víctor saliera del trance y se levantara muy ruborizado.
Le quitó suavemente el estuche a Pablo y lo puso en la mesa, sacó algo y se puso de nuevo ante un Pablo que no sabía qué decir, ni qué hacer.
-Este es un regalo que quiero hacerte por los cuatro años que hace que nos conocemos-cogió su mano y le puso sobre la palma unos gemelos de plata. Se giró y cogió lo que quedaba en el estuche y volvió a mirar a Pablo, que se puso muy rojo, tanto o más que el pintor porque ya sabía lo que ocurría después. O eso intuía
-Y esto es... para pedirte que te cases conmigo.
Eran dos anillos grandes también de plata en el que estaban inscritos sus nombres y la fecha en que se conocieron y donde quería grabar en un futuro, el de su boda.

Pablo puso la misma cara que puso cuando Víctor dijo que se marchaba a París. Una vez más se lo volvía a hacer.

Lo mejor es que ya conocía de sobras la respuesta y no tenía miedo a lo que pudiese pasar. Así que sonrío divertido ante la reacción de su chico y del resto de su familia.

*
*
*
*
*
*
*
*
*








Sí, por fin lo he publicado. Durante el proceso de escritura para terminar el relato (y empezar el del ebook de varias autoras) llegó por fin mi ordenador. Arreglado y formateado, por lo que estuve bastante tiempo intentando ponerlo en condiciones para seguir trabajando. Así que bueno, para compensar por la tardanza, está ya hecho el pdf que recopila todos los textos de sensaciones y el relato corto al completo. Está subido en Literatura Nova, podéis descargarlo allí.

Al final han sido un total de más o menos, 18 páginas. Un relato corto que inicialmente iba a ser un breve epílogo. Sí, en realidad llevo cierto tiempo pensando en hacer una continuación de la historia pero nunca lograba terminar. Necesitaba madurar un poco más la idea y a mediados de Enero, cuando empecé a trabajar en la idea de Sensaciones, decidí que el relato corto del 14 de Febrero, sería la continuación de Cicatrices :).

Tengo algunas cosas más que comentar pero lo haré en una entrada aparte en los próximos días.

Casi lo olvido: como habréis podido ver en la dirección del blog, los de Google andan tocando las narices con cambios a partir de redireccionar los blogs (el mío por ejemplo termina en .com.es) y hay cosas que al parecer no funcionan. Yo por ejemplo no puedo editar las entradas (debo hacerlo desde el escritorio de los blogs y no desde la entrada directamente) y he leído que hay fallos a la hora de dejar comentarios. Si tenéis algún problema, preguntadme por twitter @rosadeplata

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios serán moderados a partir de ahora, sean pacientes si no lo ven publicados de inmediato.Rogaría no hacer demasiado spam en los mensajes, ni insultos, ni groserías, etc, etc. Por lo demás, todos los comentarios serán bienvenidos y muy agradecidos por servidora :D