martes, 14 de febrero de 2012

Marcas en la piel

Y como ya había comentado anteriormente, este es el relato corto que quería publicar por el día de hoy, aunque fuera casi a última hora. Lo único que puedo decir de este relato es que se trata de la segunda parte de mi relato corto Cicatrices, el que publiqué en Fragmentos y podéis leer aquí también


He de decir que no he tenido tiempo de terminarlo. Queda aún la tercera parte y final que prometo publicar a lo largo del día de mañana puesto que la sigo escribiendo. No quería dejar de pasar el día de hoy sin publicar algo así que sin más, os dejo casi todo el relato de Marcas en la piel.


Mañana, mucho más. El final de la historia.



 -Oh ¡venga! ¡Es para hoy!
Se volvió a reír y él a enfurruñarse. No, no estaban haciendo un trabajo serio y se lo tendría que haber imaginado porque no había sacado y colocado todos los avíos necesarios. Además de llevar esa sonrisa picarona que no auguraba...nada serio
-Va, una más Pablete...no te muevas...
-Grrrrrrrrr...
-Así pareces un adorable perrito.
Pablo dio dos zancadas y se plantó delante de él para arrebatarle la cámara de fotos. Víctor, que leía sus movimientos antes de hacerlos, dio un paso hacia atrás y la alzó por encima de su cabeza. Estuvieron forcejeando un rato hasta que sonó el teléfono y se vieron obligados a contestar. Lo hizo Víctor y aunque saludó en francés, después de una risotada prosiguió hablando en español.
Cinco minutos después se asomó donde se había quedado esperando Pablo con mucha expectación.
-Esta noche tenemos invitados. Mi tío y su mujer están aquí de visita y se pasarán a cenar con nosotros-volvió a abandonar la salita y añadió-recoge todo y prepárate para ir a comprar lo que necesitemos.
Pablo emitió un nuevo gruñido que Víctor no oyó desde la cocina pero obedeció. Él mientras revisaba nevera y despensas, pensando en varias recetas apropiadas para hacer dicha cena y cuando las tuvo decididas, hizo la lista de la compra.
Mirando en uno de los dos estantes se encontró con algo que ni recordaba que estaba allí, tras varios botes de conserva: caldo de sopa pre calentado. Un tetabik grande y que como imaginaba, estaba caducado. Se quedó con él en la mano porque le trajo muchos recuerdos.



Casi tres años antes vivió una escena muy similar después de pasar muchos días infernales. Pese a la vida tan dura que había vivido, viendo muchas cosas parecidas o peores, no sirvió para que la visión de Pablo no lo dejara en shock.

Después de reconocer al chico y sin poder aguantar delante de su cama por más tiempo, se marchó a casa. Tras de sí, al cerrar la puerta, se quedaron su cordura y su noción del tiempo. Hasta la noche, cuando el hambre era demasiado acuciante para ignorarlo, estuvo echando en su sofá, prácticamente sin moverse. Con la mente nublada por los pensamientos que le devolvían la misma imagen de Pablo cubierto de heridas. Apenas era consciente de lo que hacía cuando tuvo fuerza de voluntad para levantarse del sofá para ir a la cocina a coger algo con lo que acallar su estómago.

De la cama a la cocina, de la cocina al sofá a comer y del sofá de nuevo a la cocina. Con momentos para ir al baño si fuera necesario. Su rutina habría sido la misma durante los cuatro días siguientes de no ser por el retrato que vio mientras cenaba la primera noche, al que se quedó mirando y analizando detenidamente, como si allí encontrara una salida a todos sus pensamientos e ideas.

Y de hecho tuvo un efecto muy parecido. Fue como si de repente hubieran encendido la luz en su cabeza aunque el resultado pareciera que más bien lo hubieran lanzado de lleno a la boca del lobo.
Entró a la terraza en busca de todos los lienzos que aún le quedaban disponibles y todos sus materiales y lo que no dejó de hacer fue pintar. Sacó toda su rabia, todo su dolor, culpabilidad y todo sentimiento que se arremolinaba en su cabeza, llegando a completar la colección para la exposición que tendría que montar en breve.

El haber estado dibujándolo y pintándolo tantas veces en las últimas semanas, el haber podido tocar cada parte de su cuerpo, le habían bastado para saberse de memoria su anatomía, hasta el más mínimo detalle Así, Pablo fue convirtiéndose en casi el único protagonista de sus cuadros, logrando día tras día, lienzo tras lienzo, que el deseo por tenerlo otra vez a su lado, en su casa o en su cama, ganara el pulso a todo lo demás... excepto tal vez la culpa.

Se sentía culpable de no haber hecho todo lo que estaba en su mano para impedir que estuviera ahora al borde de la muerte, hablando con él del tema de forma más abierta de la que lo habían hecho durante el tiempo que habían pasado juntos. No sólo eso si no que de la culpa pasaba a sentir un miedo atroz por que se desencadenara un trágico final y se le venía el mundo encima. Y le provocaba la mayoría de sus noches en vela, sin poder dormir después de tener pesadillas que se acababan uniendo muchas veces a sus propios fantasmas.

Eran precisamente las cuatro de la mañana y se había despertado sobresaltado y sudoroso, cuando fue a la cocina a buscarse algo que echarse al estómago y aplacar sus nervios. Tanto vaivén emocional durante tanto tiempo le estaba empezando a pasar factura.
Quería algo para beber y encontró de todo: café, zumo, cerveza, tequila, whisky, vino... cuanto más rebuscaba, más encontraba. Bebidas y alimentos que no recordaba tener guardado, algunos caducados. De entre esas cosas estaba un tetabrik de sopa pre cocinada. De marca y a punto de caducar. Se encontró con él en la mano, con todo el mostrador lleno de todo tipo de cosas y preguntándose qué demonios hacía eso allí. Como no estaba abierto pensó que con seguridad, lo compró por error y lo dejó guardado. Sin embargo, después de medio minuto más con él en la mano... decidió prepararlo.

Se calentó el suficiente caldo para echárselo en una taza y con ella se fue a la terraza, al único rinconcito que quedaba libre de sus materiales y pinturas, que habían aumentado visiblemente durante los últimos días, quedando espacio para una silla.
Hacía una temperatura muy suave y el calor de la sopa le llegó muy pronto a los huesos, haciendo que se despojara de su camisa. Siguió tomándolo a sorbos que fueron vaciando su mente y relajándolo hasta que se quedó dormido al amanecer. Allí estaba cuando llamaron a su puerta insistentemente varias horas después.

-Diablos ¡ya era hora!-exclamó su tío después de pasar cerca de diez minutos en la puerta aporreando o llamando al timbre. Su sobrino le abrió con una cara que muy pocas veces le veía y que la ocasión en que la veía, superaba con creces la anterior... aquella no fue menos y se asustó, haciendo que todo su malhumor se evaporara.
-Perdona, me he quedado dormido en la terraza y no oía casi nada.
Para dar fe de lo que le acaba de contarle, se estiró hasta tocar el techo y le crujieron algunos huesos. Se llevo la mano al cuello y se lo frotó. Por último, bostezó mientras recogía la taza que había dejado en el suelo. Cuando lo tuvo de frente de nuevo, pudo ver mejor su crecida barba que lejos de disimular su cara demacrada, empeoraba su aspecto de llevar varios días sin dormir bien o tan siquiera descansar en condiciones, por no hablar de su pelo sucio o del aspecto descuidado que tenía el piso en general.

Le quedó claro que lo del chico lo había trastornado, porque otro motivo no encontraba para ese desastre. Víctor no solía ser de los que se quedaran tan pillados por alguien, pero desde que le contó todo sobre él, sabía que era diferente a otras veces. Por eso no pudo evitar sonreír porque le traía buenas noticias. Esperó a tener un café delante para decírselas.
-Quiero que te quedes tranquilo, he conseguido aplazar unos días tu exposición pero vendrán mañana a por los cuadros. Espero que estés más presentable...-Víctor carraspeó.
-Me alegro, de todos modos tengo todo terminado, no habrá ningún problema-su tío se fijó entonces en una pequeña mancha de pintura verde que tenía en el pantalón que llevaba puesto.
-Estupendo, pues a las cinco de la tarde vendrán a recogerlo todo-guardó unos minutos de silencio, echando un vistazo a su alrededor y darse cuenta por fin de la presencia de todos los lienzos a los que les había dedicado su tiempo los días que había estado completamente ilocalizable. Se lo comentó
-Ya sabes, a veces la musa es muy caprichosa...
-...y te ha tenido secuestrado durante unos cuántos de días. Tan absorbido que no te has enterado... bueno, tenías el teléfono desconectado así que nadie podía comunicártelo.
-¿El qué?-la amplia sonrisa de su tío lo delató de inmediato y no pudo hacerse de rogar más.
-Pablo despertó del coma horas después de tu visita. Actualmente está más recuperado y se encuentra ya en planta.
Dio gracias de que la taza del café estaba sobre la mesa porque de la bajada de tensión bien podría haberla dejado caer. Su tío lo ayudó a recuperarse y casi de inmediato, se levantó enérgico.
-¡Espera hombre! ¿a dónde vas?
-A v-erlo ¿dónde crees que voy a ir?
-¡Un momento!-lo sujetó con fuerza de los brazos para retenerlo-¿vas a ir con esas pintas? Ve primero a darte una ducha y a afeitarte... ¿de acuerdo?-le dio unos golpecitos en la cara-después te llevaré yo. Te espero.

Hora y media después estaban de nuevo en el clínico con un Víctor recién duchado, peinado y afeitado, con las gafas de sol puestas, dándole un aspecto muy mejorado. Llevaba una de sus mejores ropas y un ramo de flores. Estaba de nuevo nervioso pero por la situación que se podía plantear. Su tío le advirtió de la posible presencia de los padres de Pablo y la más que confirmada presencia de la policía. Era importante no sólo que cuidara su aspecto si no que además pareciera un pintor de mucho recorrido y profesional. Con total seguridad, le harían preguntas y de sus respuestas dependía la reintegración de Pablo. O que el castigo fuera el menor posible.
Por suerte cuando llegaron, estaba él solo con una enfermera que lo estaba ayudando a acomodarse en su cama. Al entrar, el corazón le dio un vuelco cuando sus miradas se cruzaron un instante. El suficiente para saludarse. Después. Pablo agachó un poco la cabeza avergonzado, mientras el tío de Víctor se esfumó de forma casi imperceptible junto a la enfermera para dejarlos solos.

Puso las flores en un jarrón que había en la habitación y Pablo le invitó a sentarse junto a su cama. Eso hizo y durante los dos minutos que estuvieron en silencio pudo ver más detenidamente y sin los sentimientos que le habían acosado todo esos días, cada una de las heridas que surcaban su rostro y las que asomaban bajo el pijama.

Algunas eran heridas superficiales que ya estaban cicatrizando y ni siquiera habían necesitado de puntos. Otras, la mayoría, si lo habían necesitado y poco a poco irían cerrando la herida dejando después, cicatrices más o menos marcadas. Y otras pocas, continuaban vendadas y empañando el vendaje con sangre, seguramente las que dejarían una fea cicatriz y tardarían más en curar. Una de estas últimas era la que tenía en el hombro derecho. Parecía ser la del tiro.
Sin embargo, las que eran más difíciles de ignorar eran todas las de la cara, cubiertas o no, porque reflejaban la saña con la que lo habían atacado. Ahora que estaba sin entubar y algunas empezaban a cicatrizar, tenía mejor aspecto pero desde luego su rostro iba a ser otro a partir de ahora: un corte le iba del labio inferior hasta la barbilla, que tenía otro dos cortes menores más; en ambas mejillas tenía más cortes, destacando la herida que cubría la mejilla izquierda y le llegaba hasta el nacimiento de la oreja; tenía otro corte sobre una ceja y múltiples contusiones en la frente.
-Lo siento-casi no le había oído porque se expresó en voz baja pero bastó para sobresaltarlo-soy un completo mierda-Víctor se quedó paralizado al oírle sollozar. También se había cubierto la cara con las manos; se dio cuenta que la derecha estaba vendada y tenía una mancha de sangre en el centro.-Me largué dejándote tirado como un perro y estás aquí viendo cómo me han dejado.
Víctor no dijo nada y siguió con la vista sobre él, llegándole dentro una tristeza que también sentía como suya. Había vivido un infierno durante los últimos cuatro días temiéndose lo peor y en cierto modo le volvió a recordar a él una vez más. Al día que conoció a su tío. Lo recordó con total nitidez y llegaron a su cabeza las palabras que él le dijo, las mismas que le repitió muchas veces día tras día, hasta que empezara a llevar la vida de un chico de su edad.

Se puso de pie, se acercó a Pablo y le puso una mano sobre su brazo para obligarle a que le mirara a los ojos y sobretodo entendiese lo que quería decirle en esos momentos. Se sentó en el borde de la cama. Inspiró muy hondo y expulsó todo el aire.
-Estoy aquí porque es lo que deseo, Pablo. Ya vine aquí hace unos días cuando te ingresaron en coma y malherido y he venido hoy, en cuánto he sabido que te habían subido a planta-esbozó una sonrisa tímida.-Si no te habías dado cuenta además, me importas mucho y estaba preocupado por lo que te pudiera pasar.
El chico había dejado de llorar para oírle y las lágrimas amenazaban con salir de nuevo cuando oyó las últimas palabras. Se quedó un rato callado sin saber muy bien qué responder. En realidad no sabía ni por dónde empezar. Tanto tiempo juntos y tantas cosas importantes que no le había dicho... y había estado a punto de morir sin decirle ninguna de ellas.
-La verdad es que yo...-murmuró con la cabeza gacha-...¿sabes? No quiero meterte en un lío por culpa de mis problemas. Tengo muchos y el más...reciente... es que no recuerdo nada de la pelea que me ha traído hasta aquí.
Terminaron mirándose a los ojos, sirviendo para que Víctor pudiera sacar sus propias conclusiones. Le había mirado con cierta sonroja y una media sonrisa que le transmitió un sinfín de cosas que se escondían tras sus palabras. Le entendió perfectamente. Igualmente, sus ojos expresaban preocupación y se desviaron a la puerta. Al terminar de hablar escuchó unos pasos que se acercaban. Instantes después, se abrió la puerta. Una pareja de policías. Vestidos de paisano pero se les veía en la cara que lo eran.
-Buenas tardes.
Pablo se puso rígido y Víctor se levantó para saludarlos con un apretón de manos. Le preguntaron por su nombre.
-Soy Víctor Sánchez Buonarroti, pintor profesional.
-Oh, se llama igual que Michelangelo-exclamó con una sonrisa el hombre que aparentaba más edad y Víctor se alegró de que se hubiera dado cuenta de ese detalle. No presumía de ese apellido por gusto precisamente...
-Sí, claro-le correspondió con la misma sonrisa y bromeó-el talento me viene de herencia.
Revelaron por fin quienes eran y le explicaron superficialmente por qué estaban allí. Le hicieron algunas preguntas rutinarias pero una le descolocó por completo.
-¿Es usted familiar o el tutor legal del chaval?-debió de notarse la sorpresa y miró fugazmente a Pablo, que tenía los ojos clavados en el gran ventanal, haciendo como que pasaba de todo.
-Quiero tomarlo como mi aprendiz o alumno, como prefieran llamarlo. Pero supongo que lo suyo sería hablarlo con sus padres ¿no?-era la mejor mentira que se le había ocurrido.
-Sus padres se han desatendido de él y no dan señales de vida
Aquella noticia le cayó como una jarro de agua fría. Volvió a mirar a Pablo y esta vez apretaba el puño de su mano sana con una gran rabia contenida. Sabía, por lo poco que le había contado, que tenía una de esas familias que se ocupaban más de sus propios asuntos y se olvidaban del cuidado de sus hijos, que pasaban la mayoría de las horas solos o al cuidado de alguien que contrataban. A veces, le consentían muchos caprichos.

Tragó saliva. Ya entendía muchas cosas.
-Por eso necesitamos a alguien que haya estado con el chico en los últimos meses y usted es el primero que encontramos.
Le explicaron con más detalle todo lo que ocurría, le hicieron algunas preguntas a Pablo que respondió con sequedad a la mayoría que o no sabía o no recordaba y después se marcharon, dejando a Víctor clavado en el sitio y a Pablo muy malhumorado.
-No me dejan en paz ni un sólo día.
Víctor seguía mirando la puerta mientras su cerebro trabaja a dos mil por hora, procesando toda la información y pensando en todo lo que tenía que hacer. Probablemente él no entendía ni la mitad de lo que le habían dicho los policías pero ni la situación era tan mala como creían, ni iba a ser tan fácil solucionarlo todo.
-Te queda todavía mucho...-empezó a decirle cuando la enfermera volvió a su habitación. Le anunció que el médico venía a verlo y que mientras, iban a revisarle y curarle las heridas. La hora de las visitas había terminado por el momento hasta después de comer, que comenzaba el turno de tarde.

Víctor se despidió prometiéndole que volvería a visitarlo. Le mandó un mensaje a su tío. Tenían que hablar de muchas cosas. Al fin y al cabo, conocía a muchos abogados...

El hecho de que Pablo hubiera sido atacado supondría la suficiente cobertura legal para que no tuviera que pagar con cárcel algunos de sus delitos. Por lo que había entendido, los policías sabían a qué se dedicaba pero sólo lo habían detenido unas tres veces. No tenían pruebas suficientes para tenerlo en la cárcel un par de años así que, como mucho, podría llegar a pagarlo con meses haciendo tareas sociales. Y ahí entraba él.
Si demostraba de forma legal (papeleo burocrático...) tanto que él era pintor profesional y que estaba preparado para enseñar, como que Pablo era o iba a ser su alumno, también le evitaría realizar esos trabajos. Y aunque no se lo habían dicho, él sabía que así no sólo lo sacaría de las calles si no que supondría un plus de seguridad y evitaría que se volviera a repetir lo de la pelea. Los que no fueron arrestados seguían en la calle y en cualquier momento, podían ir a de nuevo a por él, a terminar lo que habían empezado.

Su tío era el que podía ayudarlo, más que nada porque los pocos títulos que contaba de diferentes cursos formativos, los tenía él. Luego le dejó claras las opciones que tenía.
-Estás dado de alta como autónomo (también he traído esos papeles) así que sólo necesitarías unos arreglillos para aparecer como maestro y él como tu alumno, aunque habrá que esperar a que le den el alta...
Habían terminado de comer y Víctor estaba enfrascado en la preparación de los cuadros que al día siguiente se tendrían que llevar para montar la exposición. Su tío estaba en el salón revisando el material que se había traído.
-Creo que con esto tendrías suficiente pero... tengo algunas dudas
-Dime-dijo en tono distraído, envolviendo el cuadro de la mujer con el niño.
-¿Quieres tener algo serio con él?
Víctor dejó de hacer lo que estaba haciendo, parpadeó y miró a su tío, que le devolvía una mirada interrogante y curiosa.
-No te voy a negar algo que es evidente.. claro que me gustaría. El problema es que tengo mucho que hablar con él y bastante problemas tiene ya como para pensar en eso-su tío asintió.
-Te lo decía por si no sabías que aún es menor... a falta de mes y medio...
-Entiendo...
-No sería conveniente que saliera a la luz nada de lo que hayáis tenido... que no sé si es mucho o poco... pero que en la situación en la que está, sería una preocupación más-Víctor retomo su actividad algo más relajado.-Creo que puedes esperar un poco ¿verdad?

Claro que podía esperar, era muy poco tiempo y las prioridades eran otras.
De hecho sabía que todo ese tiempo se esfumaría con todo el camino que les quedaba por delante, sobretodo cuando Pablo fuera dado de alta. Seguiría acudiendo todavía a su ambulatorio para las curas pero volvería a llevar una vida normal. Aunque no tranquila.

Fue llamado en infinidad de veces, para tomarle declaración, para identificar a una serie de personas, para tomar declaración junto a Víctor, para testificar... en varias ocasiones dijo sufrir o fingió una leve amnesia para no recordar según qué cosas o no identificar a quién. Víctor logró sonsacarle que era por miedo y lo comunicó para garantizarle su seguridad mientras duraba todo.

Fue largo y tedioso y sólo solucionaba parte del problema. La intervención de Víctor fue suficiente para casi lograr que Pablo se librara de sus castigos, siempre y cuando estuviera estudiando con Víctor, dando testimonio cada cierto tiempo de que aprovechaba el tiempo.
Pero había otro problema que incumbía a sus padres. Eran necesarios en todo el proceso, al menos las primeras semanas porque seguía siendo menor de edad. No ignoraron a su hijo porque lo acogieron en casa cuando fue dado de alta pero hicieron como si no hubiera pasado nada. Y retrasó tanto todo que, cuando Víctor y Pablo decidieron verse por el día de su cumpleaños, aún les quedaba mucho que soportar.








Actualización: la segunda parte de la historia está ya aquí :)


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