jueves, 17 de noviembre de 2011

Engaño


No podía ser.
No podía estar pasando.
-...¡Tú sí que eres un triunfador!
Se sentía desfallecer y un nudo se estaba formando en su garganta. Hizo un esfuerzo sobrehumano para mantenerse firme y salir de allí sin que ellos se dieran cuenta.
Luego...huir

A unos miles de kilómetros de allí alguien se dedicaba a recorrerse todos los garitos de la ciudad, a beberse todo lo bebible, a seducir y dejarse seducir. Porque ya ¿qué más daba? daba igual cómo lo hiciese que el desenlace era siempre el mismo. Tanto entregado y nada recibido. Bueno sí, una tremenda patada. Sentirse apaleado como un perro, usado como un trapo y tirado después. Sucio de esos malos sentimientos y herido de tantos buenos recuerdos.
¿¡Cómo había vuelto a caer de nuevo en lo mismo!? ¿Por qué se había dejado camelar? Y peor aún ¿por qué había ido tras ella teniendo todas las de perder?

Pero eso daba igual. Todo daba ya igual



Nada, no había manera. No estaba en su casa, no estaba con Toni y no respondía al móvil. En esos momentos odiaba vivir en otra ciudad, tan lejos. Lo peor de mantener una relación a distancia, no era disfrutar tan poco de lo bueno, si no de sentirte tan impotente en los peores.
Se sentó delante de su escritorio se pasó la mano por el flequillo varias veces y empezó a mover el pie con nerviosismo. Resopló pero estaba demasiado inquieta para llorar por todo lo que había pasado en los últimos días. Por lo que había escuchado momentos antes. ¿Pero cómo había sido tan tonta? ¿Cómo la podían haber engañado? Se quedó en blanco. En el fondo, sabía la respuesta, pero le aterrorizaba más que lo que le pudiera pasar a Fran. Era demasiado horrible.



Salió del baño y aunque había largado todo lo que había estado tomando, seguía asqueado. La chica con la que presumiblemente había pasado la noche ya se había largado e intuía que estaba en casa de alguien pero no sabía de quién.
Tenía una resaca terrorífica y un vacío en el pecho. Todo se le había venido a la boca al ver a la desconocida, al acudir a su mente un bonito recuerdo de Begoña... al recordar todo.

Se puso su ropa (menos de lo que creía) y salió, reconociendo la casa , para su sorpresa, como la de un compañero de Toni. Al cual encontró en el salón, durmiendo en el sofá, con las labores de limpieza a medio hacer. Le dejó una nota de agradecimiento sobre su vientre y salió sin hacer ruido. Recordaba poco o nada de las últimas horas de la anterior noche pero tenía la profunda sensación de que no había sido peor gracias a ese chico... y a Toni.
Siempre le gustaba de beber y lanzarse a la desidia cuando se sentía tan mal. Aún a sabiendas de que la tristeza y el desasosiego siguen ahí después de sus borracheras. Y aquella vez no iba a ser menos. Por eso puso rumbo a su apartamento, con las manos en los bolsillos de sus vaqueros y un sabor amargo en la boca que no se debía a factores físicos.

-¿Hooooola?-abrió lentamente los ojos y se dió cuenta de que la sabana le tapaba hasta la cabeza.
-¿Bego?-se estremeció al reconocer su voz ¿qué hacía en su casa? Cayó en la cuenta entonces de que sólo ella sabía la verdad y su madre le habría abierto la puerta, ignorante de lo que había oído.
-¿Por qué no viniste anoche al final? Mario y yo te estuvimos esperando. Ni siquiera nos avisastes- se había sentado en el borde de la cama y sabía que la miraba. No contaba con eso, recién levantada y sin saber que había pasado con Fran. ¿qué hacía? ¿qué HACÍA?
-¿No me dices nada? ¿pasa algo Bego? ¿algún problema con Mario? Si es así, puedes contármelo. Lo sabes ¿no?
No sabía si era el momento y lo que era peor ¿cómo le decía a Rubén que el problema lo tenía con ambos al oírles sin querer? Darse cuenta que tanto su amistad como su estrenada relación... eran una burda mentira.



-Hasta que apareciste, mamón-Toni estaba con Esteban en la cocina desayunando, mientras el sol comenzaba a calentar los viejos azulejos, dándoles un aspecto más vivo.
-Tal y como imaginaba...
-...te has ido de putas, te has bebido hasta el agua de las macetas, has dormido en a saber donde y ronco hasta decir basta. Y por supuesto sin querer nada con nadie. Para qué ¿verdad?
Aguantó estoicamente el chaparrón porque sabía que en el fondo Toni lo entendía, no en vano lo había acompañado alguna que otra vez. Sabía que eran momentos duros para él y todo lo que Bego había significado en su vida. Y sabía tan bien como él la utilidad de aquellas salidas pero nunca lograba persuadirlo para que no lo hiciera, porque no entraba nunca en razón. Por eso intentaba que sus noches acabaran lo mejor posible. Total, llegaba un momento en que no recordaba nada...
-Lo siento-murmuró en cuanto Toni le dió cuartel-sé que no avisé a nadie pero...-su amigo suspiró
-Hueles a tigre. Date una ducha mientras te preparo el desayuno. Ligero, no te preocupes. Y luego hablamos de lo tuyo.
-Toni no quiero...
-Me vas a escuchar ¿vale? Tira-se lo dijo dándole unas palmaditas en la espalda, dejándole claro que no admitía réplica alguna. En cuanto desapareció de la cocina arrastrando los pies, cogió su móvil y escribió un sms.


Una breve vibración. Era un sms. Su móvil estaba sobre el escritorio y decidió que era momento de dejar de remolonear y parlotear en la cama. Rubén además hizo amago de levantarse a cogerlo. Esa mala costumbre de cogerle el móvil para leer los sms que le enviaba Mario, con la excusa de que era su amigo. En maldita hora le dió esa confianza.

"Fran acaba d vlver entero a csa, m plan ha fncionad, n te preocups ya ablo cn el"

Tragó saliva y contuvo sus ganas de gemir aliviada. Sobre su cama Rubén esperaba expectante.
-Solo era publicidad-mintió y como imaginaba, Rubén tragó. Se quedaron mirando hasta que Rubén decidió que era hora de salir de la habitación. La esperaría en el salón mientras se arreglaba pues la convenció para quedar con Mario. Cedió para que no la molestase más pero una vez sabía qué era de Fran, tal vez era el momento de ponerse seria.



Toni no sabía cómo abordar el tema, también porque la llamada de Begoña lo desconcertó. Ella conocía bien a Fran y sus sentimientos pero no la esperaba... tan angustiada. Quería o más exactamente necesitaba hablar con él. En cuanto supo que estaba en la calle, se descompuso y le suplicó que la avisara en cuanto lo localizara. No entendía nada pero tenía un presentimiento así que se puso en marcha para dar con su amigo.

Ya estaba allí, tomando simplemente un café cargado y una pequeña tostada que decidió mojar con aceite. Probablemente porque su estómago no admitía más alimentos sólidos. Lo dejó despachar tranquilo casi todo el desayuno antes de meter el dedo en la herida.
-Espero que al menos la noche haya sido aprovechable... Lo que también espero es que no lo repitas en mucho tiempo.
-¿Qué no lo repita? ¡Si es sólo la primera noche de muchas, infinitas!-sus palabras estaban impregnadas por la amargura que sabía que le embargaba. Toni respiró hondo.
-Sólo hasta que dejes de ser una avestruz y te enfrentes a lo que te ocurre.
-¿Crees que me quedan fuerzas para asumirlo? No he enterrado la cabeza, me ha enterrado por completo. Estoy hundido del todo en la mierda.

Si había algo que no soportaba Toni era ver a las personas de llorar. Si esa persona además era un amigo que lo pasaba mal... sentía que se desmoronaba todo. Fran no lloraba pero sabía que si metía el dedo más, lo haría.
¿Era buena idea decirle lo de Begoña? ¿Sería darle esperanzas? ¿O por el contrario deberían hablar? Miró a su amigo, con la cabeza enterrada entre los brazos cruzados sobre la mesa. No, no estaba preparado para sumirse de nuevo en el mar de dudas e inseguridades que había sido su relación con Begoña. Y que había acabado de la peor forma posible.

Begoña tiene una relación con Mario

Un mensaje puesto en su Facebook, un par de mensajes intercambiados y el abismo que se abrió bajo los pies de Fran. Tanto compartido y vivido borrado de un plumazo por cuatro palabras en la pantalla del ordenador.
No fue la mejor manera de acabar con una amistad tan bonita... que aspiraba a ser algo más. Tal vez Bego quería intentar recuperar parte de lo perdido. O al menos que no fuera un hasta siempre sino un hasta pronto.
Dio unos golpecitos en su cabeza.
-Hay algo que debes saber.




-No puedes estar haciéndome esto, tú eres demasiado buena para eso.
-Todos tenemos un lado oscuro ¿verdad? Pues éste es el mío.

En realidad no le gustaba nada pero muy a su pesar era la mejor idea que se le había ocurrido sobre la marcha. Rubén había salido oportunamente cuando los dejó a solas y Mario se encontraba completamente desnudo y con una admirable erección, con las manos atadas sobre su cabeza con su pañuelo a la cabecera de la cama. Toda una estampa.
-Lo siento Mario... pero ayer sí vine... antes de hora. Y os oí-el chico se quedó lívido
-N-n-n-no es...
-¿Qué no es lo que pienso? Yo creo que estaba muy claro... y no tiembles, no te voy a hacer nada.
Oyó la puerta. Perfecto, era Rubén.
-Chiiiicos avisadme cuando estéis... ah veo que ya...-Begoña se acercó a él y le propinó un sonoro (y doloroso) guantazo a mano abierta que Mario debió de oír desde donde estaba. Rubén se quedó completamente a cuadros. Abrió la boca pero no fue capaz de decir nada en absoluto. Igual que Mario, no estaba acostumbrado a esa faceta de Begoña. Tampoco sabía que la tuviera.
-Ya tendremos tiempo tú y yo de hablar detenidamente... con Luz-él abrió mucho los ojos-ahora vete con tu secuaz. Yo me voy a recuperar a un "triunfador"
Al oir esa palabra, Rubén comprendió que la habían cagado. Y mucho. Por jugar con fuego y que la víctima fuera su mejor amiga. Se arrepintió cuando ya era demasiado tarde. No porque ella ya se hubiera ido, si no porque sabía que aquello, aunque tuviese perdón haría que no volviesen a ser los mismos.

************

Pese a que en otra situación no estaría allí...estaba. Toni se lo pidió con insistencia cuando leyó el mensaje de Begoña en Fcebook anunciándole su llegada a la estación al día siguiente.

Toni ya le había contado todo y estaba confuso pero no quería ilusionarse. Pese a todo, ese mensaje lo desconcertó aún más. Ya no era una ilusión, era una certeza de que algo había ocurrido y necesitaba contárselo.

Por eso había cedido, fuese lo que fuese lo que le contase... necesitaban un mejor final. Por su amistad y por tanto que habían compartido.

Esa espera le traía recuerdos. Meses atrás también esperaba, sentado en un banco cercano, a que el tren de ella llegara y compartiesen todo el día juntos. Uno de esos pocos días al año que compartían y que cada uno de ellos habían sido mejor que el otro.

Ahora... ahora sólo sentía incertidumbre.

«¡Ding, dong, dang! El tren procedente de Córdoba efectuará su llegada en breves momentos. The train from...»

Fran se puso en pie, en un minuto o minuto y medio llegaría. Se dio cuenta que estaba nervioso y ese ínfimo tiempo se le hizo eterno hasta que la vio aparecer.
-Hola Bego
-Hola
Para su sorpresa, lo abrazó con fuerza, como lo hacía antaño. Tragó saliva y procuró deshacer el contacto lo más pronto y suave posible.

Era temprano y como ninguno quería tratar todavía el tema, estuvieron de acuerdo en hacer otras cosas. Charlar otros temas, pasear, tomar un café. Cualquier actividad que pudiesen compartir (y eran muchas) servía para atrasar lo máximo posible el momento. Se encontraron muy a gusto estando juntos pero todo estaba presente. Sabían que tendrían que afrontarlo y Fran no dejaba de pensar en ello, no pudiendo disfrutar del todo de su compañía. Ella debía de sentirse igual porque despues de comer terminó con la agonía con unas sencillas palabras:
-Lo siento mucho-Fran la miró sin saber que decir y muy sorprendido.
-¿Por qué?-recibió un largo suspiro como respuesta. No quería llorar, no hasta que le contase lo que había pasado. Pese a que se sentía tan estúpida, tan mal, tan...
-Soy la culpable de que hayamos acabado tan mal. De que probablemente todo haya acabado entre nosotros.
Fran desvió la mirada porque en el fondo pensaba así.
-No creo qu...
-Déjame acabar...por favor-le rogó y la miró a los ojos. Parecía querer llorar e intuía que si no decía todo de una vez...-no lleve bien nada de todo esto. No hablé contigo debidamente, ni siquiera cuando sabía que podía pasar. Pero lo peor no ha sido herirte...lo peor ha sido... el engaño.
Begoña se derrumbó finalmente. Llevaba mucho tiempo aguantando todo el chaparrón, manteniendo las fuerzas hasta que estuviera junto a él, y exteriorizando en palabras lo que sentía, cayeron todas sus defensas.
Lloró sin consuelo, mientras Fran pasaba un brazo por sus hombros y se la acercaba. Besó su sien y la intentó calmar, hablándole con suavidad. Poco a poco se fue tranquilizando. Algunos transeuntes que caminaban por el parquecillo, se quedaban mirando.
-Perdona
-Deja de pedirme perdón por todo. Prefiero que me expliques que pasa. Me estás poniendo nervioso-no era un reproche, se lo dijo con dulzura. Ella sonrío levemente, se incorporó y por último, suspiró.
-He metido la pata. Con todo-cogió aire-desde nuestra relación hasta el camino escogido. Me equivoqué al dejarme caer en los brazos de lo más fácil y lo he pagado con creces-a las lagrimas, se unieron el dolor y la rabia que sentía. Fran la miraba preocupado y expectante.
-¿Qué ha pasado?
-Fui engañada por mis mejores amigos...o por el que creía mi mejor amigo y el que pensaba que me quería.-Fran abrió muchos los ojos y luego, la boca. Luego soltó una risa nerviosa
-¿De que hablas? ¿ellos...?-Begoña asintió con una sonrisa triste.

Ambos recordaban una de las visitas que Fran le hizo a Begoña. Fue un fin de semana completo y Begoña le presentó a todos sus amigos. Entre ellos Mario y Rubén, claro. Él los bautizó para sí mismo como Zipi y Zape porque eran la típica parejita inseparable de amigos, que si no fuera porque Rubén estaba a punto de casarse... podía asegurar que era gay y Mario era su chico. Y porque Mario parecía tener cierto interés en Begoña. Sólo que de eso, él no se dio cuenta en ningún momento. Simplemente pensaba que se llevaban bien y ella no le habló de lo que había detrás de su relación hasta mucho después de conocerlos.
Pero lo que recordaban de ese fin de semana es que a pesar de todo, él congenió enseguida con ambos, sobretodo con Rubén y habló con ellos con total confianza. Con demasiada, por lo que podía saber ahora. Habló de más y ahora le estaba pasando factura.

-¿Qué me iba a imaginar cuando sucumbí a los encantos de Mario? Creía en él y creía sobretodo en Rubén, que en todo momento actúo de celestina, haciéndole más fácil las cosas a su amigo. Y yo les seguí el juego como una idiota-río con amargura y tapó su rostro con sus manos. Fran también empezaba a sentirse realmente mal. Era doloroso lo que había ocurrido, pero todavía más, el cómo.
-Él me gustaba muchísimo, a veces lo pensaba demasiado...tanto que hasta me olvidaba de ti...de lo lejos que estabas cuando más te necesitaba. Y él comenzó a tratarme con tanta delicadeza que pensé le gustaba de verdad. Supongo que por eso...pasó.
Cuando se miraron a los ojos, Begoña supó que Fran no deseaba conocer los detalles. Era más justo ser sincera y explicarle porque no lo eligió a él, en vez de a Mario.
-Probablemente fue todo eso lo que precipitó mi decisión, una serie de circunstancias en mi vida, la bronca que tuvimos y mi impotencia. Todo fue aprovechado por ambos-apretó los dientes pero no sirvió para contener las lágrimas-que estuvieron a mi lado más que nunca. Era... cuánto más deseaba estar contigo, más lejos te sentía...y más cerca estaba él.

Fran tenía la mirada perdida en la lejanía mientras ella recordaba el mes y medio más duro de su vida.
-Ahora recuerdo una conversacion «casual» sobre Mario y nuestra relación, con Rubén-resopló-¡Dios que tonta fui! Me tomé en serio cada una de sus palabras...todo su cuento de príncipes y princesas. Me sentí sumamente afortunada, encantada, ilusionada, halagada...tantas sensaciones que hacía tanto tiempo que no sentía contigo...
-...que en el momento en que te abrió la puerta, entraste ¿no?
-Sí
Después de decirlo, quedaron en silencio, sumido en sus pensamientos uno...esperando algún comentario, la otra. Viendo que él no tenía nada que decir, prosiguió hablando. Necesitaba explicarle lo que había oído.
-Hace unos días fui a casa de Mario, Rubén me dijo que tomaríamos algo y después saldríamos a dar una vuelta. Llegué antes de hora, en el momento en que sus padres salían por la puerta, yo entraba. Tenían la música puesta y no me oyeron...yo a ellos sí los oí. Perfectamente.

-¡Vamos hombre, brindemos!
-Venga tío si acabamos de empezar, además...
-No pienses en eso ahora ¿de acuerdo? Todo se andará, ella no sabrá nunca nada y quién sabe, lo mismo os va bien y todo. A ti de todos modos te gusta ¿no?
-Sí claro...
-¡No se hable más!míralo de este modo, ella está feliz y le hemos dado una lección a ese imbécil.
-Desde luego...lo que daría yo por ver la cara que se le quedó cuando supo todo.
-¡Y yo, y yo! ¡Por qué tú sí que eres un triunfador!


-Así que te usaron para hacerme daño...
A Begoña le seguían cayendo lágrimas pero ya no tenía fuerzas para llorar como antes. Fran le dio un pañuelo pensando que sería inútil consolarla porque tardaría recuperarse.
Deseaba tener a esos cabrones delante suya y matarlos. No se jugaba así con los sentimientos de la personas. Mucho menos si era una amiga...muchísimo menos, si era ella.

Y siendo así...ya tenía su decisión tomada.

-¿Y ahora?-preguntó Begoña, volviendo a observar su perfil reflexivo. Después él se levantó.
-No lo sé Bego...te mentiría si dijera que desearía estar contigo. Pero no es tan fácil como me gustaría
-¿A qué te refieres?-se quedó dándole la espalda, no sería capaz de mirarla a los ojos.
-A que pese a mis deseos...de momento no puede ser, Bego. Te han engañado, sí, y todo era mentira. Pero eso no cambia el hecho de que no me elegiste a mí. Lo que me hace pensar muchas cosas. No fui lo bastante bueno para tí. No soy para ti, lo que tú eres para mí. Si sería feliz conmigo.
-Fran sabes q...
-No importa Bego...necesito mi tiempo para que deje de doler.

Era difícil definir la mirada que Fran tenía cuando la despidió en la estación. No había sabido qué decirle para aliviarle todo su dolor y hacerle ver que nada era como él creía. Pero las palabras no servirían de nada. Por el momento. Porque por mucho que se lo repitiese, había traicionado su confianza y sus sentimientos. Y era algo que los marcaría para durante un tiempo. Mucho o poco, no lo sabía. Pero él tenía razón, nada podía ser cómo antes.

Si había algo que le daba más rabia que el haber sido engañada, era el hecho de que por una decisión equivocada, a cuenta de los egoísmos de otras personas, acabase afectando tanto a toda su vida.

Y había ocasiones en que nada parecía cambiar por mucho que lo intentases hacer.

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