lunes, 14 de febrero de 2011

Palabras de amor dormidas


En una tarjeta de diferentes tamaños y formas, de distintos bonitos dibujos.

En una carta escrita a mano o mecanografiada, dentro de un sobre, de una botella, doblada en sí misma. Dejada en un buzón o al azar en el río o en el mar.

En un e-mail, más rápido y directo, cargado de kilobytes de imágenes dinámicas, estáticas y coloridas que acompañan a todo lo que se quiera decir.

En una nota junto a un enorme ramo de flores cuya simbología a veces se nos escapa.

En la mesa donde sabes que se sienta, escrito a lápiz o grabado en la madera.

En una pintada al aire libre, palabras anónimas escritas por cualquiera que se sienta identificado.

En los candados que ahora decoran puentes y farolas de todas las ciudades del mundo.

Escondidas entre los párrafos de un libro.

Son palabras y letras que hoy más que ningún otro día del año, empujadas por otros y no por quién las escribe, cubrirán todo tipo de superficies, en lugares más o menos insospechados escritas por tinta digital o natural. Con un destino claro o lanzadas al viento con la esperanza cobarde de que sean leídas o escuchadas por la persona deseada.

Palabras de amor que tal vez duermen durante mucho o poco tiempo y parece que esta fecha nos incita a despertarlas. Yo sin embargo apuesto por seguir dejándolas calladas. Apreciar el valor del silencio. No callar las palabras si no dejarlas salir cuando sea el momento, si es que llega alguna vez. Es algo que, aunque parezca mentira siendo escritora, he aprendido: hay formas de expresar nuestros sentimientos que no requieren de la palabra. Ni de imágenes, ni de flores. A veces ni siquiera de besos (como dice Tristán Bernard, el primer beso no se da con la boca, si no con la mirada). Muchas de estas expresiones pueden ser el resorte que haga saltar por los aires todo, para bien o para mal pero a diferencia de las películas, el amor es un proceso que no empieza con una declaración de amor en un papel o a la luz de la luna sino con la creación de una relación o un vínculo con esa persona. Un día a día donde será nuestro corazón el que vaya decidiendo el cómo y el cuándo. Y dad por seguro que no será el día de San Valentín. Ni lo motivara el color rosa fucsia tipo barbie con el que nos inundan semanas antes. Si hay un día para recordar será el menos esperado. Si no lo hay, será porque ni te has dado cuenta por el proceso de evolución que llevabas. Al fin y al cabo, el día que conociste a esa persona es el mejor de los aniversarios.

Es por eso que apuesto también por la amistad, la gran olvidada en este lado del charco en un día como hoy (porque al otro lado sí que lo celebran de la misma forma que celebran el de los enamorados). Ya no por la importancia de los amigos si no porque sin la amistad no empezarían muchas de esas parejas que hoy celebran su amor. Al fin y al cabo la amistad es realmente la esencia de la vida. El principio de tantas cosas...

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