jueves, 24 de febrero de 2011

El futuro lo escribimos nosotros

Tengo 24 años y tres meses, me he licenciado hace poco como Historiadora del arte y estoy estudiando un máster de Diseño Gráfico. También soy escritora novel pero es un oficio que por sí mismo no va a darme de comer por eso he seguido y sigo estudiando. Pero visto lo visto, mi futuro laboral puede estar en el paro o emigrando a otro país. Tal y como han denunciado y siguen denunciando en un sinfín de medios... escritos. Porque lógicamente en la televisión sólo interesa seguir con esta campaña de publicidad que se ha inventado el gobierno sobre la juventud de nuestro país. Por la cual, según ellos, yo voy seguir viviendo en casa con mis padres hasta los 30 o 40 años porque no me va a dar la gana de trabajar para independizarme, voy a pasarme todos los fines de semanas tirada en la calle emborrachándome con mis amigos, de fiesta en fiesta, despreocupada de esta crisis y de todos los problemas de mi país. Vivir la vida durante unos cuantos de años más.

Una mentira que semana tras semana, sólo en el buzón del correo de los lectores de XL Semanal se ha ido desmontando a través de cartas de jóvenes de mi generación o de otras (más grandes y más pequeños que yo) demostrando que ni somos unos sinvergüenzas, ni unos irresponsables, ni unos pasotas.

Somos chicos con inquietudes intelectuales, con una formación que parece de mentira considerando la mierda de sistema educativo que tenemos y que se supone que en ese asunto, somos el culo del mundo. Estudiamos casi tanto como nos divertimos y nuestra finalidad en la vida no es parecernos a Cristiano Ronaldo o a Britney Spears. Ni existe la generación Ni-Ni, ni somos hijos de papá.

Somos jóvenes que si seguimos en casa a los 30 o no tenemos trabajo para ganarnos el dinero no es porque no queramos... es porque no podemos. Muchas veces somos atacados y despreciados sin pensar nadie que no somos más que los hijos del plan que ha creado nuestro gobierno para enriquecerse a costa de todo un país. Un panorama que está empujando a muchos a largarse de aquí en cuánto puedan. Y es que ganas no faltan.

En consonancia a los recortes laborales y sociales hechos, mi formación es peor de la que podría ser, en una carrera que ya de por sí no tienes salidas laborales y debo hacer casi obligatoriamente un máster para poder tener opciones (y con el Plan de Boñiga Bolonia ni os cuento). Cuando salga al mercado, al no tener experiencia alguna, o no encontraré trabajo o si lo hago, será en unas condiciones deplorables, haciendo cualquier cosa que poco o nada tenga que ver con mis conocimientos, durante demasiadas horas y muy mal pagadas.
Si quiero evolucionar, avanzar, me tengo que aguantar puesto que los que están por delante de mí no se irán ni a patadas puesto que, gracias a las últimas reformas, se tienen que jubilar casi a los 70 años. Trabajando ellos también en peores condiciones y algunos con la soga al cuello porque pueden ser despedidos en cualquier momento.

Con estas condiciones laborales y con esas condiciones de vida en la que los precios suben pero los sueldos no ¿cómo podemos imaginarnos tan siquiera el poder independizarnos? ¿comprar una casa? De alquiler y gracias. Casi con total seguridad compartiendo espacio con más personas como si siguiéramos siendo estudiantes.
Para comprar una casa habría que recurrir a las hipotecas y para ello tienes ya que tener pareja. Caer así en esa maldición creada gracias a la burbuja inmobiliaria en la que las parejas quedan atadas la una a la otra no por el matrimonio sino por el dinero a pagar de esas desorbitadas hipotecas.

Así con un sinfín de cosas más por la que ahora pregunto ¿de verdad se piensa la gente que los jóvenes hacemos el vago en nuestras casas? ¿qué se van algunos a trabajar fuera por amor al arte? ¿qué se quedan fuera porque les gusta ese país más que el lugar donde han nacido? Puede ser. Pero de seguro que muchos no vuelven porque han hecho su vida allí y porque saben que aquí no van a encontrar nada.

Ese es el destino que nos acecha a esta generación que ya tiene el sobrenombre de exiliada, emigrada o perdida. De chicos que destacan en el extranjero: científicos, investigadores, programadores, empresarios... son españoles pero no están aquí. Ni son los primeros, ni serán los últimos.

Es la opción eternamente presente, la mejor para muchos que todavía están aquí pero sueñan con mejores condiciones en el extranjero y poder coger la maleta en cuanto tengan la oportunidad. Sin embargo, yo lo he reflexionado últimamente mucho y creo que es hora de dejar que sea la última. ¿Razones? Se me ocurren muchas pero hay algo que últimamente se me viene especialmente a la cabeza:

Es cierto capítulo de Naruto (siento el spoiler y siento la frikada), el de la muerte de Asuma, uno de los personajes de la serie. Maestro ninja, le había dejado un acertijo a su alumno más aventajado, Shikamaru, a través del shougi, equivalente al ajedrez: si trasladaran el juego a la realidad ¿quién sería el Rey, la persona a proteger? Shikamaru cree, no sin cierta lógica que es el líder de la aldea, el Hokage y antes de morir, sus últimas palabras será que a quién debe proteger... es al futuro Hokage. Es decir, a las nuevas generaciones que se están formando o están por venir.

Esto, que puede ser algo muy peregrino y que no viene a cuento tiene más razón de ser de lo que parece. Volviendo a la realidad, si yo me fuera a París o a Roma (los mejores destinos según mi formación) a hacer mi vida, probablemente encontrase un trabajo, que por nimio que fuera, tendría de seguro mejores condiciones que cualquier puesto de trabajo decente aquí en España. Además, como ya comprobé hace casi dos años, inspiración para escribir no me faltaría. Sería desde luego ideal, solucionaría mi vida. Eso es estupendo ¿verdad?

Por desgracia aquí en España todo seguiría igual o peor para los que se quedan: para mis hermanos, más pequeños que yo (mi hermana por ejemplo va a salir ahora del colegio para hacer el bachiller), para los hijos de mis primos, que tienen 5 años dos de ellos y otra, la más pequeña, algo más de un añito. Viene uno de camino y de seguro que con el tiempo, vendrán más. Si mis hermanos no tienen la misma suerte que yo, mis sobrinos nacerán y crecerán también aquí. Mi padre y mi tío, que aún siguen trabajando no sé si tendrán la suerte de poder jubilarse antes de los 67 y si al hacerlo, tendrán una pensión adecuada para poder vivir. ¿Desolador verdad? Pues ese es el mensaje que transmite ese capítulo de Naruto.

Lo peor de esta situación en la que nos empobrecemos a marchas forzadas mientras perdemos libertades (acercándonos peligrosamente a una discreta dictadura) es que nos estamos volviendo excesivamente individualistas. En unos egoístas probablemente no intencionados. Nuestra vida se hace demasiado dura como para pensar en los demás. Y al no hacerlo no nos damos cuenta de que, mientras solucionamos nuestra vida, se la complicamos a todos los que vienen detrás nuestra.

Ese es el principal motivo por el que yo y otros tantos de mi generación, que como yo han acabado o están a punto de terminar la carrera, no deberíamos irnos fuera, si no quedarnos aquí, a terminar con un problema que puede convertirse en un bucle infinito de jóvenes que vienen y van mientras el país se hunde un poquito más con los que sólo pueden quedarse.

Nuestro gobierno no está dispuesto a cambiar este panorama, a acabar con esta crisis mientras puedan seguir haciéndose ricos a nuestra costa. Tampoco podemos esperar que los inmigrantes o los chinos (que se están haciendo dueños del pequeño negocio) nos saquen a flote puesto que el dinero que ellos ganan o es negro o se va a su país de origen. Nadie va a sacarnos las castañas del fuego excepto nosotros mismos.

Animo así a quién me lea que luche porque todo eso cambie. No nos vayamos fuera y demos la espalda al país que nos ha visto nacer y crecer (a nosotros, a nuestra familia y a nuestros amigos), con el que hemos disfrutado con los triunfos del que nos hemos sentido orgullosos (como los triunfos deportivos... ese mundial) y que realmente nos gusta y añoramos cuando viajamos al extranjero. Cualquier país puede ser mejor que el nuestro... pero es que como el lugar que hemos nacido, no hay ninguno.

Intentemos acabar con esta situación y ayudemos a construir un país tan digno como los demás. Es hora del cambio y de que nuestro futuro... lo escribamos nosotros.
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Y después de esta reflexión que en un principio iba ser eso, una reflexión, un grito como otros tantos que he dado aquí llega la explicación de por qué la he escrito ahora.

Inicialmente mi intención era animar a amigos, conocidos y desconocidos de mi generación a dar el paso del cambio a algo mucho mejor que lo que tenemos. Nosotros mejor que nadie, gracias a las nuevas tecnologías, a nuestra preparación, conocemos lo que hay y que la Ley Sinde sólo es la punta del iceberg y que hay tantas cosas por las que luchar, por las que pelear... que el único cambio viable empieza por esas elecciones con las que nos machacan a diario desde hace meses. Pensaba animar a concienciar a nuestros familiares y amigos a que conozcan las alternativas a esos partidos que nos vendieron a cambio de unos Goya (y a saber qué más) y conseguir un milagro: que no salgan ninguno de los dos.

Sin embargo, ahora me servirá para la presentación de algunas de las iniciativas que se están llevando a cabo en Internet para que ese cambio sea posible.

Una de esas iniciativas ya existía antes de la última aprobación de la Ley Sinde. No les votes era una página con un simple contador de no-votos/visitantes. La gente, por twitter, animaba a entrar a otros para ir contando a esas personas que no pensaban votar ni a PP, ni a PSOE, ni a Ciu. Ahora, se ha convertido en el portal de un movimiento que piensa hacer todo lo posible para que los ciudadanos españoles no voten a esos partidos, informando de las alternativas, de las posibilidades, animando a salir a la calle y poner en conocimiento de todos el funcionamiento de un sistema electoral que necesita una reforma.

Otra es Estado de Malestar, creada como punto de reunión de aquellas personas que estén hartas absolutamente de toda la situación del país y que vieron aumentado su número de miembros a partir de la aprobación de la Ley Sinde pero no es donde centran su atención. Se reúnen todos los viernes a la misma hora en todas las ciudades con la intención de empezar a oírnos pero no es lo único.

Hay muchas más iniciativas y pocas son, con las de cosas que se pueden hacer. Hay mucho trabajo por delante porque estamos muy hastiados de todo, acostumbrados a que nos manipulen y apaleen. A no salir a la calle porque lo hacemos con los vendidos de los sindicatos y cuyos resultados son visibles: un sindicalista como Ministro de Trabajo y la inmutable situación en la que estamos inmersos.

Así es normal que se mire con recelo cualquier iniciativa pero o nos movemos o seguiremos yendo a peor. Hay que concienciar a todos de que, si queremos, podemos mejorar. Porque creo que ya va siendo hora de demostrar a los de arriba, que ni somos cuatro gatos, que no sólo nos interesa el Todo gratis... y que como demuestra la historia (o la actualidad, según se mire) el pueblo, la mayoría, siempre tiene la razón.

Quien haya llegado hasta aquí, que por favor, difunda el mensaje y que se entere quién no se haya enterado. Ha llegado la hora de salir de casa y movernos.

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