domingo, 3 de octubre de 2010

Regando con sangre

El amor esta devaluado en este mundo, pequeña.

El amor... hoy se juega con ese sentimiento. ¿Pero es amor? Hoy dicen que buscan amor en programas de televisión donde chicos y chicas se dan a conocer y se dan a elegir como si estuvieran en una tienda. Se venden al mejor postor.

La televisión o internet se convierten en las celestinas del siglo XXI, creando todo tipo de programas y situaciones en los que hacer experimentos con supuestas posibles parejas. Experimentación y manipulación social de un sentimiento que degradan y deforman ante los ojos de medio país o medio mundo, convirtiendo el amor en algo de rápido consumo y enterrando en los más relamidos tópicos y etiquetas.

...pero si que te puedo decir una cosa, tu amor te abraza, te mira con cariño, te perdona y te pelea cuando no tienes razón... lo que no hace el amor es ponerse para que lo veas cada día […]

no se puede estar con alguien y no ser sincero con las ideas, los sentimientos. por mucho que duela, a veces hay que ir a la guerra por el bien de la relación...

El problema es que cuando estás en medio de un campo de batalla y te están disparando, no estás pendiente de si las balas son de goma o de acero, si lo que te cae encima te va a herir... o no. Hay situaciones, y tras amargas experiencias, en las que sólo te preocupas de que termines lo más entera posible o mordiendo lo menos posible el polvo.

El amor se reconoce porque va entrelazando respeto y confianza en un alambre de espinos que te aferra a la persona que esta contigo. Si, a veces se clava, pero os mantiene unidos firmemente contra todo y contra todos... si fuera mas frágil, si fuera mas áspero, se rompería con facilidad... no, nena, hay que regarlo con sangre para que crezca.

Ahora es cuando he entendido, como nunca, el sentido de estas palabras que pueden valer para todo. Para cualquier relación que pueden mantener dos personas. El problema es que ahora... sólo veo mi propia sangre... y aún ¿me quedan balas por tirar?

El amor es un trabajo duro, arduo y diario. No entiende de límites, de edades, distancias, ni de etiquetas. Simplemente, nace y crece. Pero no muere. Permanece en este mundo en múltiples formas. Si lo viéramos así, no venderíamos nuestra alma al diablo de la rutina y la calma tranquila.
                                         

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