miércoles, 12 de mayo de 2010

Historiadora del arte


¿A qué te dedicas?

La pregunta del millón cuando conoces a alguien sea donde sea. Supongo que porque es la típica pregunta para romper el hielo y tener algo con lo que comenzar a hablar con una persona. El problema viene en algunos casos, como el mío, que cuando dices que estás estudiando, que puedes encontrarte comentarios del tipo:

Ah ¿pero eso tiene salida?

O peor aún (lo cual me ha dado en muchas ocasiones con anécdotas bastante simpáticas)

Ah sí, pintas muchos cuadros ¿verdad? (en una ocasión tenía un mando de la Play en las manos y jugaba por enésima vez al Resident Evil 4)

La segunda respuesta no es tan frecuente como la primera puesto que el nombre de la carrera habla por sí solo. La primera es la frase favorita de mis padres desde que decidí estudiar el bachillerato de letras. Desde entonces llevo peleando con ellos para estudiar lo que me gusta a pesar de que incluso yo pensaba que probablemente no tuviera más salida que la de ser profesora.

Ahora, varios años después, cuando estoy terminando lo que espero que sea mi último año en la facultad, me doy cuenta no sólo de todo lo que ha aprendido... si no de todo lo que aporta una formación que a ojos de muchos, no sirve para nada.

No se trata sólo de enseñanza teórica, de ser capaz de reconocer cualquier obra de arte, de conocer su historia, su autor, de ubicarla históricamente, de reírte cada vez que un pseudo expertogrita a los cuatro vientos cualquier estupidez supina sobre obras de arte reconocidas (sobretodo si quién firma la obra es Leonardo Da Vinci) o ser capaz de pisar un museo y saber qué estás viendo (aunque no siempre). Hay un aprendizaje que queda fuera de las clases, de la universidad.

Por un lado, aquellos que cuentan con inquietudes artísticas, los mal llamados por algún que otro profesor como los artistas frustrados, notarán que su estilo ha cambiado. No se suele notar así de buenas a primeras pero cuando se hace una retrospectiva de lo que se ha llevado a cabo hasta el momento, es cuando una se percata de que algo ha cambiado. Así lo he notado yo como escritora, o cuando diseño o cuando fotografío. A pesar de que estas dos últimas son meras aficiones.
Al fin y al cabo no hay mejor formación para cualquier artista de hoy en día que conocer todo el legado anterior a nuestro tiempo. Que le pregunten si acaso a los estudiantes de Bellas Artes, que comparten (o compartían, porque con Bolonia...) asignaturas optativas de nuestra carrera.

Por otro lado, vas descubriendo en tu día a día que tu forma de pensar y de percibir el mundo también ha ido cambiando con los pasos de los años. Se te caen las vendas de los ojos y las etiquetas van dejando de existir. Dejas de ponerlas.
Hace poco más de un mes por ejemplo, volví de mi viaje a Sevilla donde había pasado la Semana Santa con una amiga. Los primeros día la pregunta que me hacían nada más hablar conmigo era: ¿cuál Semana Santa es mejor? Y mi respuesta, no se hacía esperar: ninguna de las dos.
Supongo que alguno pensaría que lo hacía por motivos personales, por mi amiga y sí, lo hago por motivos personales. Por mi amiga y porque hoy día podría estar viviendo allí cuando se le planteó a mi padre irse allí por motivos de trabajos hace unos doce años. Pero también me guían otros motivos que podría llamar ¿profesionales? Que me hacen pensar y decir que cada ciudad y cada pueblo tienen su cultura y sus tradiciones y ninguna es mejor o peor que otra.
Todos deberíamos viajar más y atrevernos a conocer ciudades completamente desconocidas e incluso extranjeras, conocer sus tradiciones y sus culturas. Formar parte de ellas durante unos días, unos instantes. Nos daríamos cuenta de que no somos tan diferentes como parece y lo más importante: seríamos más tolerantes. Conocer no sólo es saber es también comprender.

Estudiar mi carrera me ha ayudado a ser más tolerante y más comprensiva, a cambio de ser capaz de amoldarme y absorber encantada todo tipo de costumbres nuevas. Aprendes que al fin y al cabo todos tenemos unas raíces muy similares (nunca debemos olvidar nuestra tradición clásica grecorromana), que hay más diversidad de la que parece y es maravillosa, que nada es imposible, que todo se puede conseguir y que lo que haces puedes tener validez tarde o temprano.

Pero lo más importante, por encima de todo es que nada vale más que nada. A pesar de que se ha intentado a lo largo de los años y hoy en día los historiadores del arte lo siguen intentando, no hay un arte mejor ni peor que el otro, ni nada es más bello.

Todo lo que está relacionado mínimamente con las humanidades, será siempre subjetivo. Y pretender lo contraria es ganarse un pasaje gratuito al infierno o a la locura.

3 comentarios:

  1. Tengo un par de conocidos, que condenan este tipo de carreras por que, segun ellos, son faciles o con pocas salidas.

    Ahi es cuando a mi se me pone la mosca detras de la oreja y me pongo agresiva, puesto que mi carrera (Cinematografia y Artes Audiovisuales, cagate lorito xD) es condenable tambien, y les dejo bastante claro,que ellos con sus ingenierias, saben y conocen bastante menos que yo en...todo, desde la parte lógica del cine, pasadando por ciencias, etc...termina siendo una especie de trivial.

    Ah, perdona, me paso poco por el mundo blog, me preguntaste a que ciudad me iba en mi entrada, me iba a Salamanca, sitio que adoro.

    Besos!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Me expreso de pena, a ver, pongo el comentario bien jaja
    Las chicas iban vestidas normal, segun entendi por la conversacion de despues, porque llevar escotes o minifaldas es algo que denigra a las mujeres, mola la bipolaridad eh? jajaja

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