martes, 6 de octubre de 2009

Las pequeñas cosas de la vida








Dice esta semana, el gran Coelho:

Todos los días, Dios nos da –junto con el Sol– un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. Todos los días intentamos fingir que no vemos este momento, que no existe, que hoy es igual que ayer y mañana será igual que hoy. Pero el que presta atención descubre el instante mágico. Puede esconderse en el momento de meter la llave en la cerradura, ya por la mañana, o en el silencio que sigue a la cena, o en cualquiera de las mil y una cosas que nos parecen repetidas. Ese momento existe –un momento en el que toda la fuerza de las estrellas nos atraviesa y nos permite hacer milagros–.

La felicidad es a veces un don, pero generalmente es una conquista. El instante mágico nos ayuda a cambiar, nos empuja en la dirección de nuestros sueños. Vamos a sufrir, vamos a pasar por momentos difíciles, vamos a enfrentar muchas desilusiones, pero todo eso es pasajero, inevitable, y acabaremos enorgulleciéndonos de las marcas señaladas por todos los obstáculos. En el futuro podremos mirar hacia atrás con orgullo y fe.


Los instantes bellos de la vida. Siempre pienso en ello (y no es la primera vez que escribo sobre este tema) y es algo a lo que llevo dando vueltas desde hace unas semanas, al hablarlo con un amigo. Le decía que a veces vivimos tan deprisa, tan centrados en nuestra planificada vida que no nos damos cuenta de los pequeños detalles que forman nuestra vida.

El Tiempo pasa sin darnos tregua a nadie en una forma de vivir determinada por las horas: la hora de ir al trabajo, la hora de desayunar, la hora de comer, la hora de ir a clase, la hora de estudiar, la hora de la siesta... tantas horas y ningún instante para respirar. Para meditar. Para escucharnos a nosotros mismos. Y como dice Coelho, si no nos escuchamos a nosotros mismos ¿cómo vamos a escuchar lo que nos rodea? ¿cómo vamos a ver lo que hay a nuestro alrededor si apenas tenemos tiempo para mirarnos al espejo al salir de casa?

Sin embargo, incluso esa vida de alta velocidad tiene algo de mágico: que las pequeñas cosas de la vida nos parecen más hermosas de lo que son porque siempre suelen ser un continuo descubrimiento, de que en el momento en que tomamos aire y por unos segundos nos alejamos de nuestra rutina, vemos algo nuevo. Mejor dicho, algo que siempre ha estado ahí pero que nunca reparamos en su existencia. Aunque pasemos a su lado mil millones de veces durante años, no nos damos cuenta de su presencia hasta que alguien hace hincapié en ella o porque nos damos ese respiro. Un edificio, una escultura, una calle, una fuente, un nido de pequeños loros, una pequeña tienda. Cualquier pequeño detalle que después pasa a ser algo mayor. O un recuerdo de tu infancia o de tu pasado que te lleva a permanecer en un lugar que siempre ha pasado desapercibido... y cobra por momentos una vital importancia.

A veces, con un simple cambio de rutina, o una sencilla decisión puede traer consecuencias inesperadas. Las pequeñas y bellas cosas de la vida.
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Estas dos fotos que he elegido las he sacado hoy en mi pequeño momento de reflexión. De pequeño respiro. De mi sencilla decisión de elegir bajarme cerca de los jardines de Picasso y ver esa escultura que siempre veo de lejos, desde hace casi seis años, en el autobús tanto a la ida como a la vuelta de las clases. Y nunca, desde que tenía dos o tres años y estuve correteando con otros críos a su alrededor, me he parado allí a verla de cerca. Ver una obra de arte de Picasso a pie de calle. Incluso habré cruzado esos jardines en alguna que otra ocasión. Pero nunca me había quedado allí a mirar. Eso sí, por el momento, me ahorro la opinión que tengo sobre el estado en el que está esa escultura y la primera obra conmemorativa en España a Picasso. Sin comentarios.

Y la segunda.... a la vuelta, pasaba por esa calle y si no vi a cuatro o cinco personas hablando por el móvil, no vi a ninguna. Creo que pocas veces he visto en una calle concurrida a tantas personas juntas enganchadas a un móvil. Sería por la cantidad de bancos y oficinas que hay...............



2 comentarios:

  1. Buscando una dirección de correo he llegado hasta aquí, son "las pequeñas cosas de la vida" y me ha gustado lo que leí. Ayer, en la "micro",venían dos personas de edad, conversando sobre lo que había acá en Arica, en la calle 18 de septiembre y de verdad me emocionaron sus recuerdos, tanto que no pude evitar mesclarme en su conversa. Fue maravilloso escucharlos,unos momentos de nostalgia y felicidad mescladas.MOMENTOS DE FELICIDAD.
    Sabina

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  2. Sabina, gracias por escribir y expresarte ;).

    A veces como digo, no nos damos cuenta de que la vida es corta, y los momentos de felicidad breves.Y muchas veces no lo sabemos ver.

    Da gusto escuchar a los mayores porque te das cuenta que la ciudad donde vivimos, conserva en la memoría de cada uno recuerdos de esos momentos.Es lo que para mí hace bella una ciudad (te lo digo porque muchos no aprecian la ciudad donde vivo, Málaga)

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