viernes, 10 de abril de 2009

Ser o no ser artista (y la cultura libre)

Con el espinoso asunto del nombramiento de la nueva ministra de cultura y los debates abiertos alrededor de ella, sobre la cultura libre o no, las descargas P2P y los artistas, una acaba meditando sobre el asunto.

Es lo que tiene haberte pasado cinco años estudiando una carrera como la mía, conoces la historia del arte, su evolución, sus artistas pero también la teoría y la práctica. Y es lo que tiene también, que sea escritora, aunque algo novata, pero de algún modo me considero por tanto “artista”.

¿Qué es artista? O mejor dicho ¿a quién se considera artista? Y de la mano de esas dos preguntas, van otras dos preguntas similares también entre sí ¿qué es arte? ¿a qué se considera arte?
Como decía, cuando llevas cinco años estudiando una carrera como la mía, una ya se acaba haciendo sus propias ideas sobre el asunto.

Para mi artista es aquél que es capaz de crear de la nada algo que no existía, o simplemente “algo” que podemos llamar arte, por ser aquello que ha creado el artista. Sin embargo, es una manera de que se me entienda pues ambas cosas abarcan mucho más que una definición tan simple y equivaldría lo mismo, llamar al artista creador y al arte, la creación. Así que, ampliaré la definición de arte, como aquellas creaciones capaces de crear escuela. Es decir, creaciones que sean de calidad, bellas, innovadoras en su tiempo y sirvan de inspiración a aspirantes para sus propias obras.

Son definiciones simples y que durante mucho tiempo creó controversia por la religión, porque se equiparaba así al artista con Dios y se acabó considerando como una blasfemia.
Pero, cayendo en esa trampa, lo hago para que se entienda lo que tengo en la cabeza y pretendo plasmar aquí.

A raíz, como se decía al principio, del asunto de la nueva ministra de cultura, hay quien se ha dedicado a arremeter contra los artistas y he leído cosas como “la cultura no es de los artistas” y “la cultura es de todos”.
La segunda premisa es cierta, la cultura es de todos. La primera por mal que le pese a muchos, la mayoría de nuestra cultura y el arte SI son de los artistas. Más que nada, porque si no es por ellos, ya me dirán quién crea la cultura si no son los artistas.

El quid de esta cuestión es que no se sabe definir arte y artista de la forma simple en la que yo lo he hecho antes, del artista como creador de arte y de cultura. A día de hoy en nuestra sociedad (y sin remedio, arraigado desde muy atrás, desde la época de los mecenas prácticamente) se cree que el artista es aquel que pertenece a una élite muy selecta de personas que hacen arte (ya sea música, pintura, escultura, se dedique a hacer películas o a escribir) y que saca beneficio de ello, tal beneficio, que puede comprar en tiendas selectas y llevar una vida de lujos. Y como bien he dicho, efectivamente hay una élite de una serie de personas que viven a costa del negocio que hacen otros con lo que esas personas hacen.

Pero resulta curioso porque como digo, dicho elitismo del arte existe desde casi la época de los mecenas... sin embargo, había mucho más arte en los artistas de aquel entonces que en los artistas de hoy en día. ¿Por qué? Pues porque hoy en día, lo que se supone que es el arte que está a la orden del día, es el rentable para todos aquellos que se están beneficiando de lo que hacen otros. Y en raras ocasiones, lo que resulta rentable para las empresas, no tiene porque ser verdadero arte.

Para mí, mucho de ese arte, no es más que un arte popular, de masas. Dentro de ese arte popular tenemos la lista de los 40 principales, tenemos los libros que se encuentran en las listas de Best-sellers, las películas de tal y cual actor o actriz famosos y que te anuncian en cada corte de publicidad... todo eso que vemos a diario en las revistas, periódicos, telediarios, programas de televisión o que oímos en la radio, el arte de hoy en día, nuestra cultura... no es más que todo ese arte mantenido por una inmensa industria. Un enorme negocio de las distribuidoras, las editoriales, las productoras y las discográficas.

Todos ellos, ayudados por la publicidad, promocionan a sus “artistas” y sacan tajada de lo que ellos hacen y del que en ocasiones, apenas ven un puto duro.
Son todos ellos los que han hecho dura crítica de Internet y las famosas descargas P2P. Ni más ni menos porque con las descargas P2P se acaba su negocio... o eso creen.

Realmente lo que ocurre es que Internet da la facilidad de tener todo ese arte de forma gratuita, disfrutarlo y tenerlo en casa ocupando el mínimo espacio. Internet es una forma ilimitada de dar a conocer todo ese arte y todo el que no se da a conocer tanto como ese arte elitista pero lo que no saben es que además de dar a conocer a los artistas, Internet sirve para elegir en qué gastarte la pasta.

El verdadero problema de esa gran industria no es Internet sino que el “arte” que tanto promociona y que tanto dinero les da........... NO ES ARTE. Si no que son artistas, o más que artistas, son el nombre de esas personas, conocidas muchas veces por otros motivos que poco o nada tienen que ver con lo que hacen o conocidas por una creación puntual, que les lanza a la fama pero que después, no tienen el talento suficiente como para seguir manteniéndose en la élite. Son más el nombre y su vida personal que a lo que se dedican a hacer.

Por poner el ejemplo más conocido por todos, tenemos al cine. Y no digo cine español porque el americano también va a veces un poco como el español. Pero como resulta que aquí se ha criticado a los internautas por el producto nacional pues sí, me centraré en el español como ejemplo.
Resulta que para la nueva ministra de cultura, el cine español se está hundiendo por culpa de las dichosas descarguitas de Internet. Señora ministra, para su pesar, la culpa de que el cine español no levante el vuelo ni a la de diez, no es por culpa del P2P sino porque la mayoría de las películas españolas son una SOBERANA MIERDA.

La ventaja del P2P es la de poder bajarte esas películas, verlas en casita, valorarlas y decidir si merece la pena gastarte el dinero en el cine y verla con mejor calidad. O decidir si merece la pena gastarte el dinero en el DVD cuando salga en DVD.
Porque lo que la señora ministra no sabe es que las personas de clase media trabajadora, que efectivamente trabaje y se pueda permitir ese lujo, cuando ve una película descargada de Internet y le gusta, no se compra la película: se acaba gastando la pasta en la clásica edición de lujo de dicha películita.

Lo que quiero decir, y esto va para todo lo demás (libros y música) es que cuando a una persona que tiene Internet, descubre un nuevo artista o se enamora de una película y tiene dinero para permitírselo, se gasta el dinero en el producto que te está vendiendo el de turno.

En eso consiste realmente el P2P: la posibilidad de conocer todo el arte existente, toda la cultura posible y además, premiar al creador invirtiendo tu dinero en sus creaciones.
Por esa regla de tres, al cine español le pasa lo que ya decía antes: se trata de un producto que no pasa de ser una descarga de Internet y al ver una que no merece la pena gastarse el dinero ahorrado, se suele pasar.

Del cine español hay algo más que añadir y que algunos puede que no lo sepan (o sí lo sepan con todo esta controversia creada desde las declaraciones de la ministra como directora del cine en la Gala de los Goya) y es que el cine español suele recibir siempre subvenciones.... subvenciones que suele salir de nuestros bolsillos. Y con ese dinero se hacen la mayoría de las bazofias que salen del cine español. Ciertamente, he de decir que también han salido buenas películas, a veces películas que no suelen recibir mucha publicidad y que por desgracia, cuando las ves, piensas “no parece española”. Para mí, esas películas por ejemplo son Fuera de Carta o Alatriste.

Si paso del cine a la música o a los libros, ocurre tres cuartos de lo mismo. Las discográficas consideran artistas a muchos cantantes que dan pegada durante un periodo de tiempo, que realmente les hace ganar dinero pero que esos cantantes, pasado un tiempo, no dan la misma rentabilidad que al principio. ¿Hay algún motivo especial para ello? ¿Las descargas de Internet? No.
Muchos de esos cantantes de los que hablo, son los grupos de verano o los grupos juveniles (RBD por ejemplo o actualmente los Jonas Brothers) que venden discos como rosquillas por la canción de turno o porque son grupos salidos de series de televisión (¿Fran Perea?) que son lo más visto por la gente y que pasado ese tiempo de éxito, dejan de ser rentables. Raros son los que se mantienen. Ni más ni menos porque casi ninguno tiene la calidad suficiente para mantenerse.

Eso mismo le pasa a los libros, muchos de los Best-seller, venden millones de ejemplares porque han tenido una publicidad adecuada, ya sea por las propias editoriales... o por la polémica que sea crea entorno a ellos. Ejemplo de ello está en Dan Brown. Muchas veces son libros cuya calidad es dudable y llegan a los primeros de las listas de ventas.
E igualmente, muchas editoriales están alarmadas por la digitalización de los libros, los ebooks y las descargas de Internet de dichos libros. Pero claro, no cuentan con que ocurre igual que con la música y con las películas: los precios no van en consonancia con la calidad de los productos.

Dicho todo esto, recuerdo las dos premisas que he encontrado estos días por la red: la cultura es de todos y no de los artistas. Tras toda mi perorata, puedo decir que son ambas cosas. La cultura no puede existir sin los artistas y eso lo tenemos que comprender todos. Pero también tenemos que comprender, que sin “todos” no pueden subsistir los artistas y está de nuestras manos elegir quién es el ARTISTA y quien no.

Ese es el misterio que tanto temen todos aquellos que tienen el chiringuito montado. Gracias a Internet, el trabajo que antiguamente era de los especialistas e incluso de los historiadores del arte, el de decir quién es artista de verdad o qué es arte, es ahora también un trabajo del ciudadano de a pie.

No podemos negar que la mayor parte del arte que existe a día de hoy es un producto que se puede “consumir” pues a día de hoy está a la mano de todos. Lo que ocurre es que antes del avance de Internet, eran las productoras, discográficas y demás empresas, quienes nos hacían llegar una selección de esos productos. Y gracias a Internet, podemos llegar a todo ese arte que no está “a la venta”. De esa manera, hemos descubierto que no todo lo que nos hacen llegar las empresas, son productos de calidad y gracias a Internet, podemos elegir lo que nos interesa o no. Y elegir en qué merece la pena gastarnos el dinero o no.

Por último, me queda mencionar lo que todos conocen en la red como cultura libre. La cultura libre es aquella que se distribuye casi exclusivamente por Internet y que suelen distinguirse por ser creaciones de dominio público o bajo licencias Creative Commons o similares (como el Copyleft). Esas creaciones, son creaciones que se distribuyen de forma libre e independiente de esa gran industria y a veces son creaciones que se ofrecen de forma gratuita, con posibilidad de dejar un donativo al creador (y os aseguro que reciben buenos donativos) o con un precio puesto por el propio autor y que muchas veces, nada tiene que ver con lo que se puede encontrar en la calle (ejemplo es el de la página Lulu, donde el precio de lo que publicas lo pones tú).
Una forma de distribuir el arte y la cultura, a día de hoy muy buena para evitar gastos excesivo en hobbies que nos gusten, como leer o la música.

No sé cómo acabará todo este asunto con la ministra de cultura pero una cosa sí tengo clara: no se pueden poner puertas al campo, o al menos no sin violar el derecho de la libre expresión o el de la intimidad. Porque ocurren ambas cosas con las posibles medidas que pueden tomar para acabar con la descarga P2P.

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