miércoles, 4 de marzo de 2009

Maneras de Amar


MANERAS DE AMAR


No dijiste nada durante cerca de cinco minutos, el tiempo que ella tardó en llegar a la cafetería, pedir e irse de nuevo. Dejaste una frase en el aire, desviando la mirada hacia su figura, pareciese que tuvieses un sensor que saltara en cuanto ella hiciera acto de presencia en tu campo de visión...o simplemente aparezca en el mismo lugar donde te halles. La cuestión es que todo desaparece aparentemente de tu alrededor, tus ojos dicen de más, la sonrisa ha desaparecido de tu inexpresivo rostro...inexpresivo para quien no haya vivido la misma experiencia.
No me habías dicho quién era, ni cómo era, sólo sabía que llevabas mucho tiempo enamorado de ella. Sin embargo no me fue necesaria más información, podía percibir que esa chica era ELLA. ¿Para qué saber más? Sabía que tu rostro expresaba el amor que sentías, un amor que se transformaba en veneno en cada ocasión que ella ignoraba tu presencia y tu mirar. Expresabas tu dolor, tu decepción o frustración porque anhelabas que te mirara y por lo menos te sonriera.

El sabor amargo de un amor no correspondido y que un largo periodo de tiempo suele borrar. Algo que por desgracia solemos probar todos, porque casi siempre nos enamoramos de la persona equivocada. Porque así es el amor, no se busca sino que se encuentra y cuando nos queremos dar cuenta nos hemos enamorado profundamente...y en ocasiones de la persona equivocada. Equivocada por muchas y distintas razones que complican la posibilidad de que se pueda tener una relación con esa persona en concreto. Ya sea porque su corazón pertenece a otra persona o porque no sienta lo mismo. De alguna manera u otra nos hace daño, nos envenena, nos hace morir de amor.
Si hay algo más doloroso que ese tipo de amor es la duda. Te duele amar en silencio porque crees saber que no te corresponde...pero eso, crees saber, porque resulta ser la persona que tienes más cerca de ti, porque sea tu mejor amigo o amiga, la persona que mejor conoces y crees conocer sus sentimientos. Y a nuestro pesar nos asalta la duda, nos preguntamos si no sentirá el mismo miedo que nosotros a abrir el corazón y a expresar lo que real y sinceramente sentimos; si merecería la pena hacerlo. Entras en una situación de disputa entre sentimientos y razón: crees que es mejor callar y no corres el riesgo de romper una bonita amistad y también crees que es mejor arriesgarse para no pasarte gran parte de tu vida preguntándote qué hubiera ocurrido si se lo hubieras dicho, si no se convirtió en un “pudo ser pero no fue”.

Desgraciadamente tu no disfrutas de esa ventaja, la de una duda, que aunque te atormente al menos te da vagas esperanzas. Tú y muchas personas sufrís más porque esa duda está más que disipada y sin poder evitarlo buscas (y no encuentras) un pequeño gesto de amor por parte de esa persona al que aferrarte y que tu dolor sea más pequeño. En ocasiones, haber disipado la maldita duda ha significado llevarse por delante cualquier otro tipo de relación amistosa, más cercana o más distante. Lo que hace que duela más, hay quienes pueden sobrevivir al desamor conformándose con sólo la presencia de esa persona.
El fluir del tiempo suele aliviar el dolor, cicatrizar las heridas y te da las fuerzas para que puedas purificarte y volverte a enamorar. Siempre pasa, el amor como todo es efímero y siempre curas...también puede ocurrir que no encontremos otra manera de curar, que transformemos poco a poco ese tan gran amor en odio. Odiar no es algo tan terrible pero si una pena que se pierda un sentimiento tan hermoso en los revés de la vida y en nuestras lágrimas de amargura. Acaba siendo comprensible que no puedas ver a quien sólo te ha dado sufrimiento, a quien rechaza nuestras palabras, nuestra mejor sonrisa...nuestros sentimientos. Roban nuestra alegría y cambian nuestra personalidad. Excusas suficientes para que en poquísimo tiempo del amor pases al odio.
De todos modos al final siempre puedes volver a empezar. A nuestro pesar, este tipo de experiencias acaban siendo vivencias que nos llenan más o menos, sirven para ayudarnos a madurar, a conocer la cara más amarga de lo más hermoso de esta vida. Una vivencia que se ve completada al conocer a otra persona que sí nos corresponderá en sentimientos, dándonos lo que anteriormente no pudimos tener. Posiblemente el mejor remedio al dolor que causa un amor no correspondido, una experiencia que al vivirla hace que disfrutemos de un nuevo amor y relación con mayor vitalidad y todas nuestras energías.
Son maneras de amar, hay veces en las que tienes la suerte de encontrar el amor donde y con quien menos te lo esperas, que seas correspondido y seas feliz por muchos años. Hay veces en que tras muchos años de amistad descubres que eso que tanto buscabas y anhelabas lo tenías justo al lado. Hay veces en las que quien parece que no te puede ni ver, quien siempre discute contigo, resulta que lo hace porque le importas. Y hay otras veces en las que te enamoras en un segundo, en el que tu mirada y la de otra persona se cruzan en silencio un instante, acabas perdiéndote y descubriendo mucho, más allá del color de sus ojos.
Mil y una maneras de empezar o terminar una historia o un sentimiento. Y observando como terminas por bajar la mirada con infinita tristeza (mientras ella sale sin tan siquiera mirar nuestra mesa) sólo puedo decirte que olvides...tarde o temprano alguien te amará.

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